27 diciembre, 2018

[Captar lo inasible: Cipsela de Joyce Duarte]. Por Patricio Contreras N.

La poeta Joyce Duarte (Santiago de Chile, 1988) es Licenciada en Educación y candidata a Magister en Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Chile, Cipsela (Libros La Calabaza del Diablo, 2018), es su primer libro, del que al final de la entrada podrás leer una selección de siete poemas.
Para Patricio Contreras, esta primera entrega de Duarte está caracterizada por ser una escritura de “lo que no se puede retener, lo que no se puede fijar, lo que no se puede tomar y guardar en algún lado. Esa es la delicada paradoja de Cipsela: poetizar sobre el gesto de tomar una flor”.

Captar lo inasible

En nuestra niñez, cuando encontrábamos una cipsela entre el pasto, nos era concedida la facultad de pedir un deseo o de enviar mensajes al aire en busca de algún posible remitente. Las cipselas son el fruto de los dientes de león, unas pequeñas flores amarillas muy comunes en parques, plazas o terrenos baldíos de la ciudad, aunque también es posible encontrarlas en prados o descampados. En su edad madura son esas plumillas blancas que esparcimos en el viento. Lo importante es que, de una u otra forma, en cualquiera de sus edades o donde sea que se encuentren, son parte indiscutida de nuestro territorio sentimental, de nuestros juegos y recuerdos.
Joyce Duarte, en su presente Cipsela, es consciente de ello. Sabe que están grabadas en nuestro imaginario tanto personal como colectivo. Sabe que ligamos a ellas distintas significaciones, momentos y emociones. Por eso son el eje de este conjunto de poemas, una imagen fuerza capaz de sugerir diversas lecturas, tal como la autora propone en uno de sus propios textos, al señalar:
“Si acaso los gestos son comprensibles unívocamente
habría que erradicarlos por completo del poema
con tal de resguardar la autonomía del lector
su visión del asunto
las preguntas y respuestas a generar” (14).
Porque los poemas de Joyce reflexionan sobre su propio proceso de escritura en las imágenes que sugieren, sin ninguna intención moralizante ni ejemplificadora, mucho menos con la pretensión de ser un manual de acción. Más bien emulan el comportamiento de las cipselas en el aire:
“Una carta se traslada
soplas
sin saber
de su destino
tu mensaje
fluye en el viento” (53).
Aunque cabe destacar que sus materiales no son tan ligeros como los frutos de los dientes de león.
Los poemas de Cipsela fueron escritos a partir de momentos sumamente intensos, minuciosas instancias de observación y largas noches sin dormir.
“Insomne, pretendes captar en el papel
sensaciones compuestas por el paso del tiempo
la persistencia, tu fragilidad” (11).
Apunta Joyce, dejando constancia del proceso de madurez de los recuerdos, de cómo crecen hasta volverse plumillas blancas bellísimas que se desintegran en el viento de una escritura que intenta fijarlas justo en el instante previo a su total descomposición. La pretensión no es menor:
“Dibujamos las sombras
de ciertos objetos
proyecciones
inmateriales
cuerpos superpuestos
que pretendían asir la luz
y en ese intento
daban paso
a la descomposición de sí mismos” (25).
Este poema, titulado “Bosquejo”, quizá revela la poética de la autora o funciona como una definición oportuna de poesía, o en sus propias palabras:
“Los trazos torpes
con que intentábamos
captar
algo
inasible” (25).
Entonces, lo inasible. Escribir sobre lo que no se puede retener, lo que no se puede fijar, lo que no se puede tomar y guardar en algún lado. Esa es la delicada paradoja de Cipsela: poetizar sobre el gesto de tomar una flor, tocar las persianas o palpar un cuerpo otro, sabiendo que al escribirlo se reafirmará su intangibilidad, la imposibilidad de tocar o sentir nuevamente lo mismo, a pesar de que evoquemos su trazo en nuestra memoria. Admite Joyce:
“En el tacto intento trazar
un modo de recorrer
sin dejar signos que delaten
los intentos fallidos:
pruebas en páginas fútiles” (41).
O en el primer poema del conjunto, titulado “Asomo”, en el que nos advierte sus intenciones:
“Detener el tiempo
aislarte en la contemplación
de esas ideas
que se resisten
al desgaste del ruido
y las preguntas encarnadas” (9).
Creo que en esto radica la tentativa abierta del libro. Incluso intuyendo su descalabro, intenta que lo importante permanezca, que el poema guarde los detalles de lo inasible, de todo aquello que hace soportables nuestras vidas. Trata de que los recuerdos hablen dos idiomas: el lenguaje de los cuerpos que se tocan y el de las palabras que los evocan posteriormente en versos. Materialidad y literatura, sensualidad y escritura, tocar y poetizar.
“Todo pasa y las curvas
los arcos lumbares
cervicales
sacros
dejan huellas en las sábanas
que resisten el flujo continuo
como las ondas” (35)
Esto nos dice Joyce para más adelante apuntar:
“las palabras:

ondas
que flotan
indisolubles
en el espacio” (43).
O en otros términos: solo la poesía puede captar lo inasible. Solo la poesía puede lograr que nos comuniquemos a través del fruto de unas flores destinadas a la descomposición.

Patricio Contreras Navarrete (Puente Alto, 1989). Licenciado en Literatura de la Universidad Diego Portales (2012) y Diplomado en Edición en la misma casa de estudios (2015). Ejerce como editor y gestor cultural en Editorial Anagénesis. Actualmente, cursa el Magíster en Estudios Literarios y Culturales Latinoamericanos en la PUCV y reside en Valparaíso. Fue becario de la Fundación Pablo Neruda (2012). Parte de sus poemas aparecieron antologados en Zapatitos con sangre: 66 poetas del fútbol (Editorial Cuarto Propio, 2016). Ha publicado el libro Calle abierta (Balmaceda Arte Joven Ediciones, 2016) y la plaquette Territorio en disputa (Ediciones Punto G, 2018).


Obituario

Juegas a ser hoja, flotas
te haces transparente
y el sol te traspasa.
Eres la envidia de las palomas
y de los cuerpos sujetos
a la tierra.

Simplemente sientes
una atracción irremediable
por el aire y las hojas
en forma de estrella
que visten Providencia
en otoño.


Hoguera

Siempre quisiste
una casa en las alturas
pese a tu torpeza
para escalar las ramas.

Pensabas en como el sol
siempre blanquea primero
las hojas de las copas.

Quisiste sentir
ese calor
inundándote
poco a poco.


Filigrana

La filigrana es el arte de torcer
el rumbo pre establecido de la materia
con relación a un plano

puedes troquelar papel, fragmentar
el relato continuo
­………..del árbol muerto
para jugar con las sombras
que se cuelan en los orificios

puedes deslizar la yema lento
sin saber si tocas los relieves de la piel
………..o las señas
………..de la cortadura

puedes seguir el reflejo de la luz
en las curvas finísimas
de un metal rendido al calor
………..o al ejercicio de una fuerza
mecánicamente ejecutada

contorsiones
de un cuerpo
acoplado a otro.


Táctil

Me sostengo en el pulso
la forma en que tomo las pausas
como los árboles
que mueren de pie.


Eco

Te dije
……no manosees
..………..……las cipselas
……..………..……….......se desarman
……..………..………..…………….al contacto.


Cipsela

Una flor en apariencia débil
es capaz de sostener
la humedad del aire
………..condensa
………..las gotas
entre pelusas blancas
………..amplifica
el paso de la luz
la digresión
del agua.

Una carta se traslada
………..soplas
………..sin saber
de su destino
tu mensaje
………..fluye en el viento.

Algunos astrónomos señalaron que ciertas formas de vida
viajaron sostenidas, en los cuerpos de asteroides
condenados a fragmentarse en el encuentro con otro cuerpo.
………..-La tierra, dixit.

Del impacto con el agua pudo surgir el bestiario
y nosotros, que seguimos mirando el cielo

pedimos deseos
al soplar.


Frontera

I
De mis años en el sur
puedo hacer algunas concesiones afectivas
que me otorgan
la paciencia adquirida
jugando palitos chinos
y el tiempo roto.

II
No fue fácil sobrevivir a la lluvia
me quedaba afuera,
………..mi casa
tenía una puerta
que se hinchaba
con la humedad.

III
Mis primeros delitos consistieron
en expediciones nocturnas a jardines aledaños
quería robar flores
………..las plantaba con cuidado
quería mirar por la ventana
y no ver solo lluvia.

IV
Escribir poemas
es como jugar al elástico
es fácil entrar, pero a medida que avanzas

………..cuesta más salir.

V
Mi mejor amiga, más hábil que yo en muchas cuestiones
me dio un regalo.
Se propuso enseñarme a subir los árboles.
Pese a la torpeza, quizá herencia de mis primeros años
viviendo en un departamento,
hija única de madre soltera
pude subir y mirar desde lo alto.

VI
Supe hace poco que los científicos describen
un fenómeno del dosel arbóreo
como timidez de los árboles
………..señalan
la imagen de las copas
de algunas especies
………..que nunca se rozan
y dejan pasar la luz entre sí
………..y los otros.

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