24 octubre, 2018

[Te convertirás en un extraño de Nicolás Campos Farfán]. Por Víctor Quezada

Te convertirás en un extraño (Los perros románticos, 2018) es el segundo libro de Nicolás Campos Farfán (Santiago de Chile, 1983), antes publicó la novela La distancia (2013). Constituido por siete cuentos, este volumen relata las vidas de personajes en una constante transición: en medio de viajes, coyunturas, bifurcaciones o encrucijadas.

Te convertirás en un extraño

“Los cuatro puntos cardinales son tres: el Sur y el Norte”
V. H.

Hay cuatro relatos en este volumen que me llamaron la atención. De estos, al menos tres parecen tener una estructura más o menos similar –una manera semejante de llegar a sus respectivas conclusiones– que me hizo continuar leyendo, dos finales que me conmovieron y un mundo que parece haber acabado.

Una estructura más o menos similar
  1. Se introduce una relación entre dos personajes: cierta frágil estabilidad en un mundo acabado [posthistórico].
  2. Se anuncia un posible conflicto que podría poner en riesgo esa estabilidad precaria.
  3. El conflicto se olvida / se esfuma / muestra su carácter leve.
  4. Se hace posible el reconocimiento de los personajes, la experiencia de la conformidad:
    • Irradia la opaca luz de un instante feliz.
    • Vibra la tenue armonía del ruido.

Dos finales, más propiamente dos cierres pues nada (creo) impediría continuar estas historias (más allá del hecho de que nada impide en realidad que sigamos escribiendo –que la vida se multiplique y transforme–, entre otras cosas, porque cuando la escritura no tiene norte puede confundirse con un modo de vida / porque la novela-horizonte se acaba una vez cerrado el libro (de la vida / de la biografía), cf. Macedonio Fernández).
Una cualidad interesante de estos finales: la posibilidad del reconocimiento en el otro. No la esperanza en la comunidad / en la superación del ostracismo social. Tampoco la esperanza en la familia, la tribu o la espiritualidad compartida, sino en la “conformidad”: experiencia conjunta a la que se llega luego de cierto trabajo (impedimento / dificultad), luego de cierto tránsito común.

El reconocimiento en el otro. Los personajes de Te convertirás en un extraño se reconocen en su desconexión profunda respecto de las vidas ya desastrosas, ya singulares, ya maravillosas, ya heroicas (de los personajes ficticios / de las narraciones tradicionalmente entendidas como ficticias).
“…mientras tocábamos, nos sentimos conformes. Pero teníamos que terminar, y no lo hicimos mal. Lo escucho atento: hubo un descenso armónico de ruidos, de decibeles. Todo fue diluyéndose: primero las guitarras, después la pista de baterías, luego el bajo y, al último, el sintetizador. Quedaron unos ruidos suaves como un oleaje, a los cuales les fui bajando el volumen hasta dejarlos inaudibles. Quedó por unos minutos, con un volumen inusitado, un leve sonido de estática. Al final, como una exhalación, quedó el sonido de un cassette cuando se acaba” (“El sonido de un cassette cuando se acaba”, 23).
Sin historia / sin heroísmo / sin testimonio / sin memoria / sin relato, estos personajes flotan en un mundo inundado de discursos sin objeto, sin articulación, sin futuro.

Un mundo que parece haber acabado. El fin del mundo es el fin de los discursos sobre el mundo. Este mundo (inundado de opiniones y creencias, dogmas y saberes (de la tolerancia que recrean las exclusiones del pasado)) ha dejado de existir en Te convertirás en un extraño. La extrañeza constitutiva de sus personajes se resuelve –a veces– en el simulacro de la comunidad / de la familiaridad.
“Digo nuestro grupo, pero no existe eso. Vivimos cerca. Nos instalamos en nuestras casuchas que son como carpas o casas de juego y nos ayudamos un poco. Nos protegemos. O nos mantenemos más o menos cerca unos de otros para que parezca que nos protegemos, aunque solo seamos un montón de desconocidos que no tienen otro lugar donde ir” (“Su vida nueva”, 30).
Su extrañeza se resuelve otras veces en la puesta en evidencia (como si fuese natural, una condición del paisaje) de la dinámica de las operaciones normalizadoras de: el mercado inmobiliario, el discurso de la calidad de vida, el discurso de la seguridad ciudadana; operaciones que tienen por fin reproducirse a sí mismas, sin objeto.
“Es natural que quienes no tengamos donde ir terminemos acá: las condiciones del lugar atraen, porque, si una se olvida de la basura, parece un parque. Es un terreno grande, abierto, menos agresivo que uno con construcciones. Aquí todos te pueden ver. No hay árboles en medio, solo en las orillas, y nosotros al fin y al cabo somos gente que tiene un poco de miedo y preferimos que los demás puedan vernos. Vivir a la intemperie es extraño. Nadie sabe bien a quién pertenece este terreno, pero suponemos que luego nos van a echar para construir otro supermercado, o algún mall” (“Su vida nueva”, 31).

El fin del mundo es el fin de los discursos sobre el mundo. Diríamos ahora (hoy), el fin del mundo es el fin de los discursos sobre el mundo-como-lo-conocemos. Habría otro discurso (persistente, que pugna por alcanzar una vigencia definitiva): el discurso de lo planetario: economía transnacional, lingua franca, paradigma científico de conocimiento, multiculturalidad y tolerancia. El deseo de un neoliberalismo planetario que asegure, de la mano de la “flexibilización” del trabajo y el “flujo” del capital, identidades flexibles y fluidas.
El mundo-como-lo-conocemos: estado nación como organización política, naturaleza como principal fuente de explotación, trabajo manual y físico como base de la producción económica.
La planetarización es el fin del mundo: la aniquilación final de la fuerza manual de trabajo / de los recursos naturales / de la idea de estado.

Estos personajes flotan. Los personajes no experimentan sentimientos fuertes o pasiones. En general, parecen no desear nada; en este sentido (porque el goce radica en la imposibilidad de la satisfacción del deseo), nada persiguen: flotan, se asemejan a la figura del drifter (“A person with no real place to call their home. They wander from place to place, sometimes looking for something. Sometimes because it is the only way to get away from everything that made them become drifters in the first place”. Urban dictionary, consulta: 24 de octubre de 2018), esa figura que, por ejemplo, Barbara Loden explorara en su hermosa película: Wanda.

La experiencia de la conformidad o dos notas sobre estos finales:
  • No hay apuesta alguna por una realidad / un mundo / un discurso alternativos; no existe la esperanza de un mundo nuevo. Sin política, sin discursos, sin historia, Te convertirás en un extraño parece decir que en la suspensión de los valores podemos experimentar un tipo de tranquilidad / de armonía que, aunque pasajeras, son imposibles sin el contacto con aquellos que queremos (y nos quieren a nosotros).
  • La conformidad es interpersonal, una experiencia imposible para el animal-humano concebido como individuo. Implica una adhesión íntima entre dos personas, una correspondencia, una simetría, la igualdad.

Lee
El sonido de un cassette cuando se acaba”. Paniko.
Entreamigos: Hace falta una confrontación, que nos critiquemos en serio [una conversación con Nicolás Campos Farfán]. Jámpster.

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