19 febrero, 2020

[Isla Riesco de Mariana Camelio]. Por Mariela Malhue

Isla Riesco es el primer libro de la poeta nacida en Punta Arenas en el año 1994, Mariana Camelio. Publicado por Jámpster, este "poemario de lo abierto" es para Mariela Malhue "una mirada al asentamiento que se enfrenta al fin de la tierra", sus animales y paisajes, sus fábricas, maquinarias e historia.

Isla Riesco de Mariana Camelio

Pesqué un enorme pez, lo mantuve
junto a la embarcación, fuera del agua,
a medias, con mi anzuelo
enganchado en su boca. No luchó,
no había opuesto ninguna resistencia.
Elizabeth Bishop, "El pez".

Las islas continentales se definen como un trozo de masa que se separó del continente, precisamente, por algún fenómeno geológico de larga duración, por ejemplo, la subida de las mareas o los movimientos de las placas tectónicas.

Es el caso de Isla Riesco, ubicada en la región de Magallanes, casi tocando la Antártica chilena.

En Chile se construyeron siete plantas balleneras a principios del siglo XX entre Iquique y Punta Arenas. En 1905 se levantó la primera y más meridional de ellas. Ubicada a 60 km de Magallanes, al año siguiente, dio origen a la Sociedad Ballenera de Magallanes.

El peso que tuvieron las balleneras en el paisaje es definitorio para pensar el primer libro de Mariana Camelio. Muchas de ellas eran destruidas apenas inauguradas, pues servirían para equipar a otras nuevas fábricas. La analogía entre la construcción cultural de un espacio se yuxtapone a la ingeniería de la naturaleza.

Levantarse una y otra vez por entre este gran almacén del invierno, sobreponerse a crecer en el hielo sin derrumbarlo. Formar parte de la escena sometiéndose a ella, perdurar dentro de una imagen inagotablemente blanca.

En el libro de Mariana, la recolección de la vida está expuesta por medio de ciertos puntos de referencia que se comportan más bien como puntos de fuga y otorgan el desplazamiento entre lo indómito y el poema. Sitios que intentan un nombre, pero forman un tabú, o un extenso ejercicio de habla en la espesura ecológica, el proyecto de actualizar un significado inédito.

Es posible leer la confección de un mapa a partir de lo que se presenta de modo estructural: los fiordos, las centollas, el vapor que deja la marea sobre la arena, los calafates, los glaciares. Se descompone el territorio como un ejemplar de la memoria para tener a mano. Se restaura la superficie terrestre, se curan las cicatrices del suelo en la manufactura técnica de la letra. Se reúnen los archivos de la tierra para no olvidar los elementos que nos anteceden, para no olvidar que, con otras categorías de los cuerpos, también se arrasó. Otras categorías de los cuerpos también se hicieron desaparecer.

La madera de las estancias que aparecen en el texto es indiferenciada de los huesos de la ballena que colman la arena. Este conjunto material construye una heterotopía donde resguardarse de la nieve. Se traslada aquel marco que cerca al hogar.

El esqueleto de la ballena está ahí y lo forman las fotografías que alguien toma.

El esqueleto de la ballena fue un animal o creció a partir de la composición del suelo y el paso del agua sobre su cuerpo.

Al hablar de la piel de los peces el texto refiere a su vez a la piel de las palabras, un sostén para apoyarse y traspasar el objeto de la muerte. La autora gestiona la apropiación del terreno para aunarlo en el continente de su obra.

metida en la noche de estas raíces amargas
vi cómo quemándose el forraje fue el incendio
ardían las hojas la tierra las frambuesas
un fuego negro se extendió por la savia
marcó los árboles.

Así como el aparato vegetal se plantea como un grueso componente del libro, se establece una comunidad entre la fauna que existe sobre y bajo la tierra, la arena, el suelo, la superficie toda.

Las especies administran su aparición de acuerdo a una ausencia de jerarquía entre lo humano y lo no-humano.

Los seres no preexisten a las relaciones que entablan, existen en tanto se comunican sin umbral presente.

En el decir de la filósofa argentina Paula Fleisner: “La vida, así, ha de ser pensada como potencia que no se agota en el pasaje al acto de alguna de las formas que adopta: movimiento continuo de figuras siempre revocables, siempre nuevas, siempre difusamente recortadas”.

Los zorros y las liebres actúan siendo examinadas por un ojo que observa sus movimientos en el espacio y el tiempo, sin indagar en las condiciones en que esto sucede. Pero a la vez, ese ojo humano, ojo de la cámara también, se desplaza por la isla como otro animal más.

Los muebles y los cetáceos advienen como un discurso posible. Los glaciares llegan a ser memoria del río, recuerdo inexacto pero nítido del lugar donde se cuenta una fotografía.

Mariana Camelio tuerce un orden que no necesita un marco definitorio, con el fin de diluir el hambre y tolerar el invierno. El trabajo de lo humano es efectuado en conjunción con el trabajo del resto de los animales y la materialidad de una geografía.

construiste la casa principal
sobre la columna de las focas
cierro los ojos
veo tus manos clavar los huesos
tu boca decir
esta es la foca más grande
mira sus cicatrices
sus heridas son las vetas de esta casa
la madera se encaja en las vértebras
la grasa del animal sobre las tablas
el resto del cuerpo se desecha.

Hay una traducción dinámica entre la palabra animal y la palabra humana, en direcciones que se despliegan en una red irrestricta. Un espacio en el lenguaje donde se mina la relación unívoca entre las palabras y las cosas: los animales y su ausencia de domesticación.

La vida interrumpe la ley, pues la vida entendida como ley solo puede ser interrumpida por lo animal.

La voz que narra esta serie participa en el paisaje sin imposiciones. Modificando de forma leve la disposición del hábito, se acerca a la animalidad sosteniendo en el recuerdo una duda.

Isla Riesco es un poemario de lo abierto, una mirada al asentamiento que se enfrenta al fin de la tierra.


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