01 agosto, 2018

[Aurícula – amnios – vasija. La marcha hacia ninguna parte de Tania Favela Bustillo]. Por Víctor Quezada

La poeta Tania Favela Bustillo nació en Ciudad de México en 1970, ha publicado los libros de poesía Materia del Camino (Compañía, 2006), Pequeños Resquicios (Textofilia, 2013), además de la traducción (junto a Jahel Leal) del libro En la tierra de Robert Creeley (Textofilia, 2008), la antología de la poesía de José Watanabe El desierto nunca se acaba (Textofilia, 2013), la selección de prosas de Hugo Gola Un ejercicio cotidiano, (Toé, 2016) y el ensayo El lugar es el poema: aproximaciones a la poesía de José Watanabe (Asociación Peruana Japonesa, 2018).
Komorebi ediciones, editorial avecindada en la ciudad de Valdivia, publica ahora La marcha hacia ninguna parte, conjunto de textos escritos por la autora entre los años 2012 y 2017. Su lanzamiento se realizará este jueves 2 de agosto de 2018 en el Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de Santiago, ubicado en la calle Román Díaz 89, Providencia, Santiago, a las 19:00 horas.

Aurícula – amnios – vasija

Primero, la concepción de un espacio.
Luego, una topografía.
La marca de un vacío.
De ahí, un espaciamiento: la espiral.

En La marcha hacia ninguna parte de Tania Favela Bustillo se abre un espacio (así como el libro se abre). Inmediatamente delineado muestra lo interior y lo exterior (un adentro y un afuera).

“Allá río abajo aquí (adentro) otro río desciende
otros ríos profundos y rápidos descienden (choque de piedras)
ni el miedo ni el coraje nos salvarán
........(piensas) cómo se llama aquel pájaro de alas amarillas y cola amarilla
oropéndola marinero oropéndola el canto allá (afuera) amarillo navega
y (adentro) punza la voz como mordida de hormiga punza y se expande por la espalda
por los ríos que descienden furiosos
........mariposas revoloteando (chocando como piedras) encendiendo de color al río
(gritan) canta la oropéndola navegando el aire” (9).

Un espacio sensible, que es, sin embargo, principalmente auditivo –a pesar de que punce o por lo mismo, porque la voz punza la espalda–. Un espacio donde no se camina ni vagabundea, sin sentido ni ausencia de sentido.
Entre la boca y el oído, inmediatamente delineado.
Un espacio que se escucha o murmura, resuena sordo o canta, según de qué lado de la línea que divide y reparte (la vida) aparezca el texto (animal-humano que es un complejo:
- más que individuo,
- menos que humano,
- no individualizable,
un “tejido de voces” y sensaciones); según de qué lado de la membrana –entre memoria y discurso sobre la memoria– se recuerde la vida familiar, las relaciones amistosas; según de qué lado del saco amniótico se lea la tradición literaria americana.

“desde el vientre habló desde el estómago desde ahí habló
–desde ahí respira la voz– las voces desde ahí las voces
murmuran –adentro– resuenan lanzó un grito sin más
al interior de quién? de quiénes las voces?
........................pensó en él y su voz pensó en ella (en ella) y su voz
................–así fisura y todo– la boca atenta los labios en movimiento
........................¿qué dice? –dijo– ¿qué dices?
la infancia –la madre– (al interior dos voces)
................................cordón umbilical que sueña la voz del otro
................y su voz? –dijo–
................................arena en el engranaje suena raspa
................................................ahí la voz despierta?” (16).

Como la consecuencia subjetiva (lingüística) de ese espacio donde el sentido oscila: la marca del yo ausente (a Carlomagno hay que leerlo a partir de sus silencios). Escenificada en un conjunto de otros pronombres y enclíticos, la ausencia de marca, el vacío del yo.

“está hablando de ella pero –de ahí la dificultad– está hablando de él
ese viejo eco ese sobresalto dice –hablando de ella– yo
‘este pequeño yo sobreagrandado’ cita –refiriéndose a él–
ese yo que es un tú (dice, se dice) caja vacía el pronombre
–así se entiende– caja vacía: ella o él ese sobresalto
ese como detenerse en el vacío –en vilo– (dicen) vigilante
ese como detenerse ahí en medio de la frase
................................ese tartamudeo del yo” (20).

(Mi problema acá: decir yo. Hoy, no mañana.
Mi deseo: un yo inmediato, sin teleología, porque todo acto / todo texto, que conduzca a un yo concebido como fin último, se ve teñido por el futuro, la realización, la inteligibilidad.
Por otro lado, el yo que es fin y causa dice: “siempre hay yo”. Como el género masculino en la gramática, no está marcado, es concebido como naturaleza (el yo no necesita dejar su marca).
Siempre hay yo, aunque sometido al futuro (el bien común en la política, la bondad en la moral), se articula en un conjunto de egos provisionales enaltecidos como formas de vida ética.
Mi problema: llegar a decir yo. Un yo adverso, sin fin, sin bondad. Un yo inmediato
como adherido
a la trama biológica / flexible
armazón de carne y huesos / saco
amniótico
vasija que rompo

el canto es bocanada).

De ahí, un espaciamiento: la espiral. El signo sordo: lo que (ni) entra y sale del espacio delineado entre las sensaciones del cuerpo y las representaciones del texto. La marcha hacia ninguna parte, el movimiento que se aleja en curvas de un centro tan virtual como innegable.

“Sóplame al oído (dijo) que no vaya a decir ninguna estupidez
al oído y luego a la boca (sóplame) (dime ahí) en lo cóncavo
ahí (desde ahí) que resuene tu voz en silencio adentro
tu voz con todos sus sonidos en silencio (en lo cóncavo)
–pensó– y pensó en ese caracol que es el oído
ese caracol que escucha...... la espiral –pensó también–
la voz entrando (o saliendo) por la espiral
(ahí sóplame) –dijo– al fondo de esa espiral arriba
la escalera de caracol?
(…)
un susurro al oído –eso es todo– el aliento cálido que entra
................................–el caracol que se estremece– eso es todo
la vida –pensó– es un susurro” (11).

(Jisei-no-ku: “yo, tan luego yo”).



Fuentes

Onfray. Michel. Teoría del cuerpo enamorado. Por una erótica solar. España: Pre-Textos, 2002.
Valcárcel, Amelia. "El derecho al mal". Sexo y filosofía. Sobre mujer y poder. Editorial horas y horas, 1991.

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