21 junio, 2018

[el discurso del hablante lírico de Alonso Fernández]. Por Nicolás Meneses

El siguiente texto, escrito por Nicolás Meneses y que viene acompañado de una selección de poemas, forma parte de la presentación del libro el discurso del hablante lírico (Editorial Anagénesis, 2018) de Alonso Fernández (Santiago, 1992). Este primer libro del autor -quien ha sido distinguido en los Juegos Literarios Gabriela Mistral, 2010 y 2014, el Concurso de Poesía San García Madero, 2010, y el Concurso de Poesía Roberto Bolaño, 2011- será lanzado el próximo sábado 23 de junio a las 19 horas en Axolote Matta, ubicado en Santa Rosa 955, esquina Porvenir, Santiago de Chile.

el discurso del hablante lírico de Alonso Fernández

Un mapamundi literario, coordenadas de una voz abarcadora, troglodita, que pretende abarcar de frente parte de una tradición aspirando a cantar los temas más cototos, el discurso del hablante lírico.
Un libro que se arma en dos capítulos y que parte invitando a no tomarse en serio los límites entre literatura y realidad, dejando abierto el tránsito:
“yo el hablante alonsofernández
que he nacido sin nombre como todos
los hombres y mujeres de este mundo
bautizáronme con el distinto seudónimo
que no correspondo”.
La modernidad, la muerte, la vida como ilusión, la naturaleza, los temas clásicos de la poesía, de la literatura, son los que se van catastrando en imágenes con cierto toque de reciclaje. Es el círculo de los temas que nunca se agotan, nunca se agotarán, pues “todo se repite en el mismo desorden”: la modernidad, la muerte, la vida como ilusión, la naturaleza.
Aquella operación que podríamos pensar de reinicio, recuento recopilatorio, da lugar a una cosmogonía poética en la que cada texto traza un carácter del mundo contemporáneo. En términos simples, es como si perdiéramos la actualidad como marco de referencia y, al mismo tiempo, la recuperáramos bajo la visión crítica, el malestar y el desarraigo propios de este hablante:
“solo queda al parecer velar por el pan y la leche
o arañarse los ojos y la espalda antes de dormir
o sino darse muerte en las estrechas alamedas
frente a los niños y los púberes
con sus mamás de fin de semana
tapándoles los delicados ojos
darse muerte acompañado de cien justos suicidas
hasta suicidarse todos
y que los gobernantes ya no tengan a nadie a quien gobernar
ni nadie que les ponga la comida al fuego o les lustre los ropajes”.
El poema se presenta como invitación constante a desalojar el mundo, a anular el contrato de ciudadano y atrincherarse en “el discurso del hablante lírico”, ese canto otrora ritual, público y de peso en la polis, elevando la voz para intentar ser escuchado, atendido, no como mero show bufonesco ni televisivo, sino como un asunto del que hay que dar cuenta.
Ante la posibilidad de resetear el mundo y encerrarse en la utopía, este hablante elige mirar de frente la alegre miseria, el sinsentido de una urbe atestada de ruido y contaminado de usura. Explicarle al padre que la vida es un poco de esclavitud y libertad al mismo tiempo, a la madre que la separación es inevitable, a la hermana que en algún momento la fiesta se terminará, que habrá que desandar los pasos, aunque sea borrachos, ojalá borrachos y cantando, sin prisa, porque:
“nosotros también
depositamos la cama en nuestros cuerpos
y dentrificamos la noche en nuestras bocas”.
Poemas como pequeños homenajes a la familia, donde encontramos pozas que devuelven las miradas y cárceles llenas de antorchas de fuego que los presos dejan caer de las torres como feroces luciérnagas de libertad.


el discurso del hablante lírico
(selección de poemas)

proversólogo

yo el hablante alonsofernández
que he nacido sin nombre como todos
los hombres y mujeres de este mundo
bautizáronme con el distinto seudónimo
que no correspondo y que no solo por
alegoría sino por miedo e indiferencia
a los ancestros míos que tan enmarañado
nombre diéronme escribo estas palabras
en nombre de la patria de todos
que como dice el tan joven poeta
a modo de manifiesto sentencio
que no solo por piedad sino por
condescendencia a nuestra sangre y estirpe
declaro y juro esta suplica en nombre
de todos aquellos infantes que no
supieron de infancias y que solo en
momento de risa y jolgorio años después
venimos a entender lo que significa
llegar a casa y no reencontrarse con
la madre ni el padre ni el balancín
ni el columpio que juntos unos
cuantos años antes hicieron de su amor
por la risa una criatura engendra
con manos y pies de madera
a todos ellos y a modo de disculpa
un abrazo en la espalda
y un beso en la mejilla


poema de agua

i
en las pozas de agua hay ojos que aparecen y desaparecen
como duele tener los ojos abiertos
preferiría tenerlos cerrados para siempre
arrancármelos y pegarlos en el techo
para mirar eternamente para mirar mi rostro
sin ojos sin identidad
afuera llueve en las pozas de agua hay ojos que aparecen y desaparecen
parecieran ser los míos hay veces en que estoy acá
hay veces en que no estoy acá
es difícil ver a través de la ventana afuera llueve y acá es silencio
de pronto alguien cruza el pasillo
de pronto alguien se asoma a la reja
de pronto dan comida dan pastillas
afuera llueve y acá es silencio
en las pozas de agua hay ojos que aparecen y desaparecen

ii
hay veces en que los pasillos dícenme que la comida las pastillas
se demoraran entonces siéntome en el suelo y miro mi cama
me cuento los dedos y los pelos las barras de la reja las gotas en laventana
y hay veces en que mi cama díceme que no la cargue
que duele que enferma que pesa que duélele
y yo siéntome en el suelo y tócole la sabana la frazada la almohada
ella nunca me dice nada


los fuegos de la cárcel

en la cárcel los presos antes de dormir
encienden antorchas en pedazos de papel
que dejan caer lentas por los barrotes
y son perfectas las luces mortecinas
que van a dar sobre la tierra seca del patio
generando un cementerio de fuego
con tumbas sin lápidas que arden sin humo
igualmente los guardias encienden sus antorchas
pero su fuego es verde pálido
y si echan gran cantidad de humo
que sofoca el intranquilo sueño de los durmientes
los presos en la cárcel sueñan todos los sueños
menos el sueño en que cumplen los días
y noches de sus condenas
porque no se ven libres de movimiento
ni durmiendo en la cama de sus casas
la cárcel en sí es un mundo tan nuevo y delirante
como el fuego verde pálido
cayendo junto a las ventanas


el padre

hoy has salido padre de la casa llorando y yo he seguido las migajas de tu calle
me he encontrado creo imaginarme con tus dedos que sujetan el tabaco
y la sombra de tu sombra apagada por la luz
perdónanos padre por tramitar la vida
y plantar robles donde había que plantar araucarias
creo imaginarme abrazando tu rostro mirando esas manos
donde veo la historia tuya comprendiendo el fuego tuyo
reprimiendo el fuego mío
pues entiende padre que no todas las vidas están condenadas a la tradición
ni todos los hombres frecuentan cánticos y luchas
entonces padre apaga el fuego y vuelve a casa pues aquí te esperan los arrepentidos
y los condenados hijos tuyos ya que inventaste la palabra consecuencia
para celebrar tu saliva y tus lágrimas
pero recuerda si es que no vuelves que los hombres optan por la esclavitud
o por la libertad incluso unos por el trabajo que viene a ser en parte
una combinación de las dos primeras
y tú eres uno de ellos padre un moribundo ángel sin alas
lanzando afilados aullidos en medio de un incendio


la madre

madre sobre tu frente el mundo se arrodilla
y los pájaros cantan el réquiem de lo cotidiano
los ojos de tu rostro palidecen y caen al suelo cada mañana
disfrázate de lo que eres y duerme con mi padre cada noche
para que al salir el sol preparen juntos el desayuno y comamos el queso
y el huevo de la forma en que se lee un libro de aventuras
arráncame madre los golpes del cuerpo y guárdalos en el tuyo solo un momento
para comprender mi risa y mi llanto y cuando me vaya deja la puerta abierta
para que entren los gatos a dormir a mi pieza
cómprame por favor un monstruo marino de esos que nunca tuve
y nunca quise tener para que me cuide y me proteja me alivie y me salve
y cuando yo no esté madre entra en mi habitación y escribe tus historias
en las paredes amarillas y arroja mis botellas sobre la lámpara encendida
pero guarda mis libros con las arañas pacientes
esas que ocultan el tesoro de la vida
recuerda que la consigna es nunca tener compasión por los poetas
y perdona a los libros y a la música y a mi risa y a mi llanto
pero duerme tranquila madre porque hoy no llegaré a casa

1 comentario:

Nicolas Albornoz dijo...

Aguante nico!