08 noviembre, 2007

[Allen Ginsberg: Millones de ojos múltiples] por Rodrigo Olavarría

Difícil sería discutir la importancia de Allen Ginsberg en la cultura popular, su influencia, desde la masificación de su poema “Aullido”, sólo ha crecido, incorporando en su campo de atracción a sujetos ajenos a la influencia de la literatura y la poesía. Por ejemplo, si asumimos que el rock n’ roll obtuvo su patente de “arte” con Bob Dylan, es innegable que esa patente se la debe en parte a Jack Kerouac y Ginsberg, la misma Patti Smith que recoge la antorcha de la poesía y el rock co-fundó el sonido que devino en el punk, un movimiento nada ajeno a la órbita de la generación beat.

Sólo hay que revisar la obra de bandas que surgen del punk, como Joy Division, Sonic Youth o incluso Nirvana. Y si hablamos de colaboraciones directas de Ginsberg, podemos mencionar las canciones escritas con Bob Dylan, su participación en el “Rolling Thunder Revue”, su aparición en “Combat Rock” de The Clash y trabajos variopintos junto a Patti Smith, Sonic Youth, Kronos Quartet, Philip Glass y Beck.

Existe también el Ginsberg activista político de izquierdas, opositor de la política internacional de Estados Unidos, que en 1965 fue sacado en hombros tras una exitosa lectura de poesía en la Universidad de San Carlos de Cuba y que sin embargo fue expulsado de la isla por ser homosexual, que fue nombrado rey de mayo por los estudiantes de Praga el mismo 1965 tras lo cual fue también expulsado de Checoslovaquia, esta vez por un supuesto escándalo político.
Otro tema es la batalla legal que Ginsberg dio toda su vida contra las instituciones represivas de los EE.UU., lo que valió tener en el FBI, según sus propias palabras, una torre de documentos de un metro de alto. Todo esto parte el año 1956 cuando su libro “Aullido” fue censurado bajo la premisa de ser un libro pornográfico y obsceno, el caso es que ese juicio fue sólo el principio de su lucha contra la represión de las libertades individuales y la investigación de la vida privada. Ginsberg fue un activista en la batalla por la libre elección de preferencia sexual y también por la libertad individual con respecto al uso de drogas. Estas últimas tuvieron como primer objetivo el evitar que el LSD fuera convertido en una sustancia ilegal y algo más tarde lograr que la marihuana fuera legal. Como sabemos, ambas campañas fueron infructuosas.


Ginsberg visitó Chile en enero de 1960 como invitado al Encuentro de Escritores Americanos, pero en realidad andaba en busca de la ayahuasca, un enteógeno ahora célebre que crece en el Amazonas. Su fama se adelantó a su llegaba pues el chileno Fernando Alegría había publicado en la revista de la sociedad de de escritores de Chile su traducción de “Aullido” por ahí por 1957, apenas un año después de su edición original y así fue como trabó amistad con Jorge Teillier, Carlos de Rokha, Nicanor Parra, quien lo presentó a la Violeta Parra donde habría ido a tomar una cazuela. Esto además de la amistad que lo ligó al poeta Rosamel del Valle, a quien conoció en Nueva York a fines de los años cuarentas.

Fue en Lima, Perú, donde el camino de Ginsberg y la ayahuasca se cruzaron, para esto, previamente debió cruzarse con un poeta Limeño, Walter Curonisy, quien lo llevó a las afueras de Lima, donde ambos probaron la droga e intercambiaron sus impresiones, las cuales además son reproducidas en la correspondencia de Ginsberg y Burroughs en el libro “ Las Cartas de la Ayahuasca”, publicadas por Anagrama el año pasado y de las cuales existía una traducción de 1971 bajo el título “Cartas del Yage”.

El poema que sigue a esta nota fue escrito el año 1959, un año antes de la visita de Ginsberg a Chile y Perú y describe la experiencia de la primera vez que el barbón de marras probó el ácido lisérgico, de este modo, no es coincidencia que el poema en cuestión se titule: Ácido Lisérgico.

1 comentario:

Maori Pérez dijo...

OH DIOSA, Y la luz del ARGUMENTO?

RISPETTO!

Me encantó la teoría, es fantástica. Detallada búsqueda, un paso más allá. Felicitaciones.