02 octubre, 2019

[Nudo y desnudo escatológico. El Génesis de Fernanda Martínez Varela]. Por Carlos Leiton Tapia

El Génesis, libro editado por Cástor y Pólux durante el presente año, es la tercera publicación de la poeta Fernanda Martínez Varela (1991), quien antes publicó Ángulos divergentes (2007) y La sagrada familia (2015).
Para Carlos Leiton (Santiago, 1982), en El Génesis, "se asiste al golpe corporal sobre la pregunta del origen ligada el dios padre, origen masculinizante y tachador de matices (...). Cuestionamiento al ethos masculino que torna a mostrar la praxis del amor entre mujeres como encarnación de un verbo que debe conjugarse en vida y no en el campo de la especulación".

Nudo y desnudo escatológico. El Génesis de Fernanda Martínez Varela

El Génesis es el tercer libro de la poeta Fernanda Martínez Varela quien desde su libro anterior, La sagrada familia (2015), propone una indagación sobre lo femenino dentro de los espacios patriarcales.
Para aproximarse a El Génesis es necesario dar cuenta del libro que lo antecede, texto que se aproxima a la idea del hogar y de los roles familiares mediante lo que podemos entender como un cerco a la voz de la hablante poética. Cerco patriarcal en el que, como deconstrucción de lo binario, la hablante deviene en un yo masculino que hace patente su propio rechazo: “Estoy solo estoy feo es necesario insistir que estoy proporcionalmente a mi altura”. La casa o el espacio del hogar grafican el anacronismo de las épocas para hacer un juego hiperbólico de chanzas y grescas de la voz personal que cierran el poemario en su punto de partida:
“Ahí pasan cosas Cosas que en todas las casas pasan desde el año 1862 Las palmeras se cortan Tocan solo techos el talón con hongos mohos Han logrado tocar a dios con humedad (…).
Hay cosas que no recuerdo Decía amor qué hora es Las tres de abril de 1862”.
La autora desde acá indaga en los roles impuestos a la mujer y se vuelca en sus retumbos materiales para hacer presente una voz cercada, que se previene de la tentación de un final anticipado, transformado en una queja referida a su opresión. El Génesis elude dicha queja y toma, en cambio, el camino exploratorio mediante un ritmo que construye un mundo simbólico para desarticular los patrones subyugantes, irguiéndose desde su turbulencia, que desmonta espacio y discurso a partir de la liberación de sentido y sintaxis del lenguaje.
La escritura de Martínez propone una continuidad temática entre libro y libro, que desarrolla a fondo, aprovechando sus diversos matices. Si bien, la idea del hogar, la opresión y la circularidad se desprenden de La sagrada familia, en El Génesis estas ideas se retoman desde otras aristas cada vez más interiores y despojadas del desborde escritural previo.
El Génesis discurre sobre la idea divina del padre-patriarca, quien provee la vida o permea en la abolición de esta, el rito de dios y como las diversas estrategias de los afectos se insertan en la creencia de una vida cercada por la culpa de la conciencia del cuerpo, mediante el chantaje de un amor que escamotea la individualidad y el desenvolvimiento propio:
“te fuiste metiendo en las uñas
te fuiste metiendo en mis dientes astillas insectos jardines
te fuiste metiendo en los ojos”.
El libro se divide en tres partes. La primera relaciona el aprendizaje de dios y lo divino con el cuerpo femenino cercado: crecimiento y vulnerabilidad en una dimensión en que la voz parece ser eco del padecimiento. Textos de una concisión mesurada, precisa en cuanto a ritmo e imagen, que a medida que avanzan desarrollan el conflicto de la pérdida implícita en abrazar la libertad de las propias formas; en este contexto, voz poética libertada y, en su contenido, abrazo de la praxis personal contrapuesta al dogma masculino:
“Unirnos la lengua
En la espina de un cactus (…)

Tener por destino común
La insolencia”.
La segunda parte es liberación, amor entre mujeres, libertad que grafica los espacios que acompañan la ejecución del amor. Si bien en la lógica de continuidad del poemario esta es una estancia no exenta de tensiones con respecto a la parte anterior, es la primera contraparte desde la que se afianzará el cuestionamiento siguiente, para continuar hacia el plano del destino que busca un hallazgo trascendente en los signos del mundo:
“Amanecí
Con ella dentro
Pero yo fuera (…)

En su cama
Con el cuerno de un búfalo
Toqué el porvenir”.
Son características en la autora las formas del lenguaje en frases que cuidan el sentido rítmico del enunciado, casi esculpido, en busca de un énfasis de transmisión medida, enlace de conexos-inconexos, potenciadores de la imagen en relación con su sentido, espontaneidad elocuente/locutoria. Los versos son escuetos, más breves que en su libro anterior, desprovistos de la guía previa que alentaba un recorrido de mayor tendencia al desborde escritural:
“Repiten follajes alfombras espesas de hojas
Traigo mechones que adornan mis puños cabellos
Del largo del grito
Dichosa la grama que extiende sus brazos a los míos
Que anchos bendije
Por urdirle paisajes detrás de los ojos
Y hallarle la gota que a mí me privase”.
La tercera parte del libro se vuelca a la reflexión sobre las épocas anteriores en la convergencia de los imaginarios de la culpa y el castigo; a la reflexión acerca de la forma plena de liberación de dichas épocas, como un modo de enfrentar el destino invisible y santificar el rito de paso de abrazar con honestidad el propio origen. El texto deviene acto indagatorio que hurga en su propio clímax vital, abarcando extensiones geográficas, siendo cuerpo, experiencia y expansión, para terminar en santificación del propio acto de unión con otra:
“me hurgo las olas del pelo me arranco los años
apilo los fuegos que apago con lluvias de un siglo hacia el este
el resto de lumbre apaleo en la sombra de su ícono llena
me cubro de cuerpo y levanto
pináculos luego ecos bendigo
que dije se haga
que se haga
que sí”.
El Génesis se distingue por el despojamiento de ámbitos visibles. En este libro se asiste al limbo de la permanencia, al eco del cuestionamiento que tiene de fondo los entrechoques de los propios pasos en el discurrir diario. Más que lucha contra la imposición, un desasir el cuerpo de los cuerpos invisibles y escatológicos que se le prenden para su aprisionamiento. Se asiste al golpe corporal sobre la pregunta del origen ligada el dios padre, origen masculinizante y tachador de matices, anulador a priori de otros tipos de existencia llevadas a cabo en la femineidad. Cuestionamiento al ethos masculino que torna a mostrar la praxis del amor entre mujeres como encarnación de un verbo que debe conjugarse en vida y no en el campo de la especulación.

Carlos Leiton Tapia (Santiago de Chile, 1982). Autor de los libros Habitación y concierto (2010), Eczema del árbol (2016) y Pez Calcuta (2018). Antologado en Voces -30, nueva narrativa chilena (2011). Licenciado en Educación con estudios en Fotografía.

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