13 febrero, 2019

[El sueño del hijo con la letra A de David Villagrán]. Por Mané Zaldívar

El pasado 11 de enero se realizó en el Café Literario de Santa Isabel, comuna de Providencia, el lanzamiento de El sueño del hijo con la letra A de David Villagrán (Santiago de Chile, 1984). En la ocasión, la poeta Mané Zaldívar destacó el "gesto creador", el "acto genésico" de la letra A, "letra iniciática que conduce a la palabra y de la palabra a la posibilidad de decir".
Tras la presentación, podremos leer una selección de siete poemas del libro.

El sueño del hijo con la letra A de David Villagrán

La editorial Cástor y Pólux, nacida el año 2016, integra de manera luminosa una constelación de nuevas editoriales de poesía, especialmente de poetas jóvenes, que han creado una órbita compuesta por textos alimenticios en medio de la hambruna emocional, estética y espiritual en que estamos sumidos.
Considero que la poesía que estas nuevas editoriales mantienen viva es un poderoso antídoto frente al naturalizado veneno de la compra-venta eterna, al éxito y la fama que se busca a cualquier precio y, como un bien supremo, a la acumulación y la ganancia entendidas como el gran fin de la existencia.
Pienso y siento, es decir, percibo con claridad que esta red virtuosa de editoriales conforma un espacio privilegiado y protector que nos permite no sucumbir ante lo urgente, no dejar de lado lo importante y que abre, además, una ventana hacia una cierta calidad de vida cabalmente negada por el sistema en el que nos movemos.
En este contexto, El sueño del hijo con la letra A de David Villagrán –poeta nacido bajo la luna de Capricornio, que ya supo de Solsticios (2009) y de la Declinación de un astro (2011)– sabiamente tiene más empeño en el escribir que en el publicar pues, como él mismo me ha dicho: “No tengo otra ambición que escribir lo mejor que pueda, por eso no me ha preocupado mucho publicar en todo este tiempo”. Así es como nace este poemario, construido durante años en diálogo con varios poetas amigos e interlocutores.
Comparto la breve reflexión escrita por Juan Santander, uno de esos poetas amigos, que aparece en la contratapa del poemario; esta dice que el libro: “Explora un estado de introspección y preguntas en el que se usan palabras habituales adheridas a imágenes, artefactos y organismos de gran imaginación. Por otro lado, indaga en la aparición de la primera letra, y en cómo el alfabeto y sus metáforas llegan a los padres para luego ser transmitidas a sus hijos y, por añadidura, a los lectores”. Me quisiera centrar con brevedad especialmente en la última parte, es decir, en el surgimiento de la A, esa primera letra del alfabeto.
Si pudiera resumir en una sola oración la primera experiencia de mi lectura del poemario, diría que percibo que el eje sobre el que se sostiene toda la estructura que le da forma es de índole metapoética y consiste en la petición del escribiente: “Cántame al oído letra A”, y la posesión que ejerce sobre él esta decisión de aceptar a la poderosa letra A en su vida. Letra que en soledad, en el apartamiento, aparece como un animal salvaje furtivamente rompiendo “el paso de estas hojas”, bajo un cielo pleno de “aerolitos [que] perforan / la seda oscura / del zodiaco” (15).
La letra A es la certera sinécdoque de la irrupción de la poesía sobre un sujeto; en otras palabras, de la posesión que se sufre al aceptar que la poesía irrumpa irremediablemente en nuestra vida. Esta posesión tiene desde los primeros versos un sello originario tanto acuático como material pues, en ese estado anterior (“Antes fuiste un pez / el cielo era una arteria / tendones y costillas / agotaban tu paisaje” (9)) se están develando tanto las aguas originarias planetarias como las otras intrauterinas; es decir, tanto la materialidad originaria de nuestro planeta Tierra inundado, como la del cuerpo humano-animal en sus geografías internas.
De lo que no cabe duda es que, a través de esta letra A –punta de lanza en su significante (por la grafía de su forma) y en su significado (por su fondo de connotación metafórica)–, estamos presenciando el flechazo (como el de Cupido) que da inicio al parto del alfabeto, al nacimiento de la escritura que se incorpora en el escribiente como la génesis de una “palabra-cuerpo” que hurga “la tierra / entre sus labios” (9).
Esa letra A, cantada al oído y como en sueños, se une en forma radical con el hablante en un “nudo de sangre” y “desde ese día”, le dice, “eres mi hija y yo tu hijo / y el mundo acuna / una cabeza abierta” (9), “desde ese día / respiramos juntos / el aire doble / de una alianza” (9). Alianza en la que, como dice el poema, se respira un aire doble o, mejor dicho, se repite en forma concéntrica pues, cuando “el animal entra en la voz” (43), esa palabra, ese nudo de sangre circulante que deviene en cuerpo, se expande hacia lo circundante (no puedo evitar pensar en alguna pintura de la Frida Kahlo): desde lo más querido al cuerpo de la compañera, del hijo, permitiendo materializar sobre la página vacía un mapa con sentido, un mapa de sobrevivencia pues presenta una ruta alternativa frente al abismo de la mudez.
Letra A, letra iniciática que conduce a la palabra y de la palabra a la posibilidad de decir, de nombrar, de ponerle nombre a lo que no tiene nombre, como decía Paul Valery, ya que, aceptar su irrupción (la irrupción de la letra, del gozo y el dolor de aceptar que la poesía nos invada) le ha significado que “en mis dientes / rompe un manuscrito” (25).
Estamos, entonces, ante este delicado y poderoso manuscrito recién parido de David Villagrán. Estamos presenciando un “acto genésico”, el de la letra inicial que se inocula en el escribiente y que luego se derrama en la página en blanco, experiencia que transforma en materialidad lo inasible pues, como bien leo en sus versos:
cuando la letra vino
empacamos el sueño
vaciamos el corazón
en los mapas (23).
La irrupción de la poesía y su escritura se homologan así a los procesos vitales, básicos de nuestra condición humana: nacer, fundirse en otro, producir otro ser en ese rito procreativo del amor; morir, volver a nacer y así sucesivamente.
Cierro diciendo que el gesto creador de este manuscrito convertido en El sueño del hijo con la letra A es un gesto que materializa un sueño desafiante que, sin embargo, no puede asegurar “que haya un pacto con la vida / ni concebir un compromiso / con la muerte” (67), pero que es capaz de enfrentar al “Ángel negro / guadaña del cielo” y mirarlo “en el rostro” (69).

Mané Zaldívar. Es poeta y doctora en literatura. Ha realizado investigaciones sobre poesía chilena del siglo XX y literatura colonial que ha publicado en libros, ensayos y en diversos artículos académicos.
Como poeta, es autora de los libros Artes y Oficios (Santiago de Chile: RIL Editores, 1996), Ojos que no ven (Santiago de Chile: RIL Editores, 2001), Naranjas de medianoche (Santiago de Chile: Ediciones Tácitas, 2006), Luna en Capricornio (Santiago de Chile: Lolita Ediciones, 2010) y Bruma (Santiago de Chile: Lolita Ediciones, 2012). Recientemente, publicó la recopilación de sus libros, más siete poemas inéditos, titulada Mano abierta (Santiago, Chile: Fondo de Cultura Económica, 2018).
Más sobre Mané Zaldívar: Facultad de Letras. PUC, Chile.



cántame al oído letra A
rompe el paso de estas hojas

antes fuiste un pez
el cielo era una arteria
tendones y costillas
agotaban tu paisaje

hurgó la tierra
entre sus labios
tu corona de jacintos

un pájaro detuvo el vuelo
junto a la boca abierta

imperceptibles
como el crecimiento
eran los nudos de la sangre

desde ese día
eres mi hija y yo tu hijo
y el mundo acuna
una cabeza abierta

desde ese día
respiramos juntos
el aire doble
de una alianza

que yo sea nadie
que tú seas nada



aerolitos perforan
la seda oscura
del zodiaco

es siempre noche
cuando el sol come
en su salón de espejos

paralelos y meridianos
migran con pájaros
cosidos a las sienes

y la luna disuelve
una sola idea
en las venas terrestres

dolor del parto
de esta música



un puño dice la palabra noche
la palabra noche
se vuelve una letra

dos amantes se encuentran
en el viento de hojas
donde existieron
monumentos

van doliéndose la cerviz
se arrastran rotos

se quiebran
en su descendencia

cuando la letra vino
empacamos el sueño

vaciamos el corazón
en los mapas



en la huida
no conocimos
nuestros nombres

todo amante
hereda una piedra

fue estupor
la lengua
en el diluvio

fueron piedra
los gigantes
y los peces

un acanto
floreció
sobre mil bocas

en mis dientes
rompe
un manuscrito



aurora es la cabeza
del caballo para el sacrificio

....el sol su ojo
...........su hálito el viento
....el fuego la boca
...........y el año su cuerpo

...........la noche es su espalda
....el vientre el firmamento
...........ríos sus intestinos
....arena su digestión
...........hígado y pulmones las montañas
....su pelambre
...........el árbol y la hierba

....son sus mataduras
....las cuatro direcciones del tiempo
....invierno
...........invierno
.................invierno

cuando da coces
cimbra el cielo entero
cuando orina llueve en el silencio
....no le dirijas la palabra
....no te apuestes a sus belfos

el animal entra en la voz



quebrado por el peso de los frutos
el limonero acerca
lo que ofrece a tus manos

se parece al pájaro
cuyas alas impiden el vuelo
cuando la tierra
no ha dejado a nadie sobre el polvo

sol
enemigo de oro
hay tanto cansancio en tu retoño
que a su trabajo de sombra
desea renunciar incluso

no podemos afirmar
que haya un pacto con la vida
ni concebir un compromiso
con la muerte



levantamos las ramas
en amarras y soporte
prolongando el escenario
de los sueños

conocemos las estaciones
las estrellas
para obtener el jugo ácido
que nada nos enseña

ni el hombre ni la tierra entera saben otorgar
tuyos los límites las medidas los sufrimientos

rival del sol te han dicho
canción de amor
pastor

Ángel negro
guadaña del cielo
te miro en el rostro


David Villagrán (Santiago, 1984). Es autor de los poemarios Solsticios (Marea Baja, 2009), Declinación de un astro (La calle Passy 061, 2011), y de la plaquette Habitar (TEGE, 2016), adelanto del libro inédito del mismo nombre. Tradujo Sobre la imaginación, ensayo de la poeta estadounidense Mary Ruefle (Cuadro de Tiza, 2018). Traduce en el blog Compañía del Viento.

No hay comentarios.: