21 noviembre, 2017

[Hasta la verdad, tres apuntes sobre Piel verano de María Cecilia Gajardo]. Por Luz María Astudillo

Luz María Astudillo escribe sobre Piel verano, libro de poesía de Cecilia Gajardo publicado por La Calabaza del Diablo en el año 2016.
Según Luz María Astudillo este primer libro "posee ese lenguaje certero y cercano, que en lugar de perdernos hace que nos encontremos, ¿y acaso no es ese el sentido y temor del escribir?".

Hasta la verdad, tres apuntes sobre Piel verano de Cecilia Gajardo

Escribirse es dejar de ser para confiarse a un anfitrión –el otro, el lector– cuya carga y cuya vida serán a partir de entonces nuestra inexistencia.
M. Blanchot
1. La infancia es un lugar donde frecuentemente se quiere volver. Donde las preguntas se originan y las marcas quedan, un lugar donde la verdad existe en un universo paralelo que cuando crecemos se va convirtiendo en uno solo, aburrido y doloroso porque todo toma el peso que antes flotaba. Así se va conformando Piel verano, un libro que habla desde el autorreconocimiento de quien a través de retazos de su niñez y juventud, busca un espacio que nadie le ha enseñado, en lo que conocemos como la adultez. Y es en esta adultez en que transcurre la narración, y digo narración porque cada poema entrega pistas para comprender y formar una historia repleta de sinceridad, sin importar lo incómoda que esta sea.

2. Dice Giorgio Agamben, en el mismísimo comienzo de su libro Infancia e historia, que cualquier discurso sobre la experiencia debe partir de la constatación de que ya no es algo realizable, si bien Piel verano no se presenta como un libro de formación es innegable que parece ser el destinatario de los rastros de ciertas experiencias que se abalanzan de tanta realidad, pero que también son capaces ubicarnos dentro de una narración que cualquiera podría dibujar o imaginar como una película:
“llevarte a un bar en este caluroso verano
que el ventilador se mueva por inercia
y las sillas quemen,
que las moscas se adhieran al pegamento de mi piel
de la tuya”.
Estas escenas son perfectamente imaginables, originadas de una escritura que nos acerca a lo real, a la verdad que incluso con la poesía queremos evitar a veces; pero acá eso no sucede, cada poema nos enfrenta y nos prueba hasta qué punto podemos resistir la realidad.
La experiencia es algo que nunca más nos va a pasar y nunca será completa al momento de evocarla, pero en Piel verano pareciera que es posible acercarse a ese instante fugaz:
“después de todo
cuando estamos en la mitad del camino
te pido que me cuentes un secreto
una importante intimidad
para después no arrepentirme de nada”.
De cualquier pequeño detalle de este libro, se desprende una historia más grande, una que podemos imaginar o reconocernos en ella, porque como dice la cita de Blanchot que da comienzo a este texto, escribirse es entregarse a otro, que nos lee desde su lugar y su historia, con toda su carga de vida, esperando el reconocimiento dentro del autorreconocimiento que podría significar la escritura para quien la lleva a cabo.

3. María Cecilia describe una realidad que muchas veces ignoramos o simplemente callamos, argumentando que esos recuerdos de infancia son solo eso, “recuerdos”, y no revisten detalles esenciales para las personas que hemos sido o somos hoy, en Piel verano, ese revés nos acerca a observarnos sin ficciones, como en el poema que cierra el libro, “Bronceado fascinante”: “cada día me quemo más / estoy llegando a la verdad”. Quizás esa verdad es la que se persigue todo el libro, el cual no escapa del enfrentamiento y no esconde sino que muestra todo y nos cede la oportunidad de la apropiación, olvidándonos de que es alguien más quien escribe.
Este primer libro de María Cecilia posee ese lenguaje certero y cercano, que en lugar de perdernos hace que nos encontremos, ¿y acaso no es ese el sentido y temor del escribir?

No hay comentarios.: