24 enero, 2017

[Artesanía del retorno, Cuchipuy de Pablo Ruz Donoso]. Por Nicolás Meneses

Nicolás Meneses escribe sobre Cuchipuy (Ediciones Balmaceda Arte Joven, 2016), primer libro de Pablo Ruz Donoso (San Vicente de Tagua Tagua, 1991). En esta entrada, también podrás leer una pequeña selección de Cachipuy.

Artesanía del retorno, Cuchipuy de Pablo Ruz Donoso

"Cuchipuy": palabra quechua que significa devolver a una persona a su lugar de procedencia. Este es el nombre del debut del sanvicentano Pablo Ruz Donoso, el estandarte de una porfiada consiga que se propone medir y reflexionar la distancia de quien deja su pueblo por la ciudad, pero que vuelve reiteradamente.
El libro se divide en cuatro partes, a saber, cuatro compartimientos que proponen cuatro maneras de mirar el retorno. Así en la primera, Taguatagua, el hablante acusa un leve desconcierto y la inquietud dificultosa de catalogar el paisaje de su etapa de formación:
Si preguntan
No sé si llamarla ciudad o pueblo.
Solo sé llegar donde todo está igual que antes (14).
Llegar a encontrarse con esos pequeños espacios sagrados, indemnes al paso del tiempo y reconocibles a leguas de distancia, lo poco que se mantienen en pie después del asalto de los nuevos comercios y la nueva arquitectura de la mal llamada reconstrucción:
La constructora a cargo llenó el espacio con una gran estructura
de hormigón armado y ventanas asimétricas.

Así olvidé el estuco de una muralla antigua
una grieta resquebrajándose en la insistencia de la helada
la fragilidad del adobe tras la cáscara (18).
Bien se podría obviar la separación en capítulos-paraderos y seguir de largo. Mirar desde la ventana del bus el nombre de estas cuatro partes como señales en la carretera: Taguatagua, Sanvicentanos, Las Palabras, Soy de Acá. Hay intercesión en estos poemas, el orden puede ser aleatorio, y la provincia que miramos desde el transporte se abriría de igual manera para casi todos: el azote de la agroindustria, el saqueo de los arqueólogos europeos, el adobe diezmado por los sismos, la venta de artesanía, alfarería, el crujir de las maravillas en los asientos de los turistas. El hablante se ubica en un espacio intermedio entre el afuerino y el hijo criado allí. Por eso es que se hace tan importante escuchar a los demás, darle la voz a los pocos sanvicentanos que van quedando, para que acusen la violencia del régimen de trabajo en los packings, la de los maridos borrachos, la falta de oportunidades, un lugar insufrible para los más jóvenes:
En este pueblo yo no viviría.
Rancheras a todo chancho en las mañanas
las calles sin gente en la noche.
No, yo aquí no viviría.

Pero si te puedo decir que acá
tengo cosas importantes (58).
Notas geográficas de 1897, ofertas de empleo por temporada, informes de semillas transgénicas, afiches manuscritos de bingos solidarios, arriendos de piezas, leyendas de la zona. La recolección y diversidad de documentos varios permiten acceder al detalle del funcionamiento de este pueblo, su consignación material, sus formas de comunicación que parecen añejas y que sin embargo son más efectivas que el afiche en Photoshop o una plataforma web de empleo. Al mismo tiempo, estas huellas permiten rehacer un rito bautismal del hogar que se recupera, junto al recuerdo pasado que pugna con el presente en constante cambio:
Recorrer Pumaiten, La Laguna y Tagua Tagua
era necesario para que, más grande, pudiera preguntarles
¿se acuerdan cuando este camino era de tierra?
y ellos darme la venia para decir como los viejos
Antes, todo esto era campo (99).
Cuchipuy replantea la idea del retorno a la provincia desde una mirada crítica, que escarba en el relato y la historia de su pueblo, con los sufridos costos de la modernización. Se destaca el equilibrio entre la visualidad y la reflexión, el recuerdo como mecanismo a revisar y revisitar para acusar lo que falta y celebrar lo que queda, resiste. Cuchipuy es el terminal de provincia donde empieza y termina todo viaje, siempre distinto:
Dónde están todos ellos
en la reescritura de otro pueblo
o la satisfacción de preguntar por un río ignorado
y escuchar el asentir de quien lo conoce (78).




Selección de poemas de Cuchipuy

VUELVO A CASA

Todo está igual que antes.
El radier del patio, el plátano en el jardín.
Los damascos caídos son una mancha en la vereda.
Las piedras horadadas acumulan tierra en sus poros.

Mi tía recuerda a su padre
la reja donde se afirmó antes de morir apuñalao.
Las cosas ya no son igual que antes, dice.
Aún la conserva está en casa
Igual que uno.

En las calles hay pocos a quienes saludar
preguntarles acaso andan de visita o nunca se han ido.

La gente sigue un ritmo distinto al de los semáforos
hablan en los colectivos sobre la pavimentación de los caminos.


Una anciana pide indicaciones para llegar a una localidad
digo no sé, y siento la decepción de un niño que busca una librería
y solo encuentra el tedio de un vendedor de enciclopedias
que hoy ofrece mándalas y dibujos animados para colorear.

Si preguntan
No sé si llamarle ciudad o pueblo.
Sólo sé llegar donde todo está igual que antes.


RUTA DE LA FRUTA

Tras la ventanilla del bus
la berma, un hombre en bicicleta.
Con una mano guía el manubrio
con la otra afirma las riendas de un caballo.
Se mecen por la turbulencia de los camiones rumbo a las chancherías.
El jockey está firme, las crines se alborotan con el trote.
Entran a la cuenta del Zamorano
sorteando animitas y perros muertos.

Así, el valle se abre en las siembras de Requegua
maíz, hileras de hortalizas envueltas por zarzamoras
tras carteles de semillas y fumigantes.

Hornos de ladrillos en la Puntilla
casas de adobe y material ligero.
A la distancia otras casonas heredan el estilo patronal.

La bienvenida al pueblo son salamandras en las villas de la periferia
como el vapor de una bestia al trote, palmeras nuevas
la alameda y un portón,
como si alguna alcaldesa quisiera recibirnos en su fundo antiguo.



CARMEN GALLEGOS

De la escuela básica
recuerdo algunos nombres.
No de los que sacaron el técnico agrícola en El Tambo
el cuarto medio en San Vicente
la carrera industrial en San Fernando.
No de las que empezaron a criar con el uniforme puesto
y que sus hijos son un parámetro para ver lo viejo que estoy.

Pensar en la Carmen Gallegos
Es pensar en la sala de Primero A.
El Yañez venciendo la vergüenza con la profesora
al pedir un almuerzo de la junaeb, porque ese día
no había madre en su casa.
o años más tarde, en el anexo de madera que hoy no existe
el inspector preguntaba al Palominos
de dónde sacó su bicicleta,
trabajando, dijo
como si a los nueve años
eso fuera lo más normal del mundo.



ENCYCLOPAEDIA

Mientras me hacía de acá
Taguataguaera un punto mal escrito en el mapa
de una enciclopedia traducida
que tenía cuando era niño.

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