25 julio, 2016

[Sorprendido por las “Hienas”]. Por Juan Ignacio Colil

El narrador Juan Ignacio Colil escribe sobre el libro de cuentos Hienas (Libros de mentira, 2016), primera publicación de Eduardo Plaza (La Serena, Chile, 1982). 

Sorprendido por las “Hienas

La lectura de un libro siempre es un desafío. Hubo un tiempo en que me obligaba a terminar los libros aunque no fuesen de mi agrado. Ya no. No tengo remordimientos en deshacerme de ellos. Un libro debe dejarte algo dando vueltas sobre la cabeza o clavado en tu piel. Un libro no puede simplemente pasar de la lectura al olvido, sin ninguna parada intermedia. No conocía Hienas ni a su autor, pero el azar y el correo electrónico hizo que llegara a mis manos. Cuando eso ocurre es una señal, no sé de qué, pero es un señal que conviene respetar.
Hienas es un conjunto de ocho relatos breves. En ellos se cuentan historias simples que a mí me cuesta resumirlas en un par de líneas. Me atrevo a decir que son fragmentos de recuerdos o imágenes que quedaron dando vueltas alrededor del narrador y que cada cierto tiempo vuelven sobre él como hacen los planetas. Hienas son ocho relatos simples. Me parece que en ellos no está presente esa necesidad, que vemos en algunos autores, de crear un narrador que rompa con todo, que plantee ambientes sórdidos o efectistas. En estos relatos la vida transcurre de otra forma. Una tensa calma está presente en ellos hasta que se rompe, quizás el relato que escapa a esta tónica es “Federici cree ser emperador” que está más cargado de una violencia evidente.

Aparentemente son historias simples, ya lo dije un par de veces: un joven que espera su turno en una consulta médica, el violento recuerdo de un tío, los días del famoso plebiscito, Coquimbo, Tongoy. Son escenas de la vida cotidiana, aparentemente escenas triviales. Todo sucede en una aparente tranquilidad o monotonía, pero en cada una de estas simples historias hay una pequeña grieta, una imagen que anuncia un mundo aparte. Se nota que el autor es un hombre de detalles. Un observador cuidadoso y creo que silencioso. Cada una de estas escenas incorpora esa cuota de intranquilidad que se sospecha desde el primer relato. Una bolsa con un gato dentro arrojada al mar por unos niños, luego vendrá un niño abofeteado por su padre, un abuelo con su nieta esperando una micro imaginaria, dos niños arrojando monedas antiguas en un charco, un perro asesinado, pero ni siquiera estas imágenes dan cuenta de lo que esconden los relatos de Hienas. Me quedo con esa sensación, estos relatos exploran, abren pequeñas ventanas, pero es mucho más lo que sucede por el reverso de la historia.
Los cuentos transcurren en su mayoría en Coquimbo, Tongoy, el paisaje aparece señalado con algunos trazos, no hay grandes descripciones, pero señales claras, el olor a pescado se logra traspasar en las hojas del libro. Los olores son un tema que aparece en varios cuentos: el olor a pescado, el olor a plástico, el olor a cigarro. El olor va dejando una huella en los personajes. Es una sutileza, pero una verdad recurrente en el sentido que un olor nos puede evocar una parte de nuestras vidas. Los personajes parecieran que se mueven suspendidos. Solo sostenidos por sus percepciones, por sus decisiones. Son personajes que a mi parecen viven aislados, encerrados en sus mundos privados, en sus circunstancias. Cuando leo los relatos de Hienas pienso un poco en esos relatos de Ray Bradbury que ocurrían en planetas amarillos, lejanos y de atmósferas enrarecidas cubiertas por nubes de gases. En Hienas son unos pocos personajes arrojados al espacio, enfrentados con una única alternativa, su vida, su instante, mejor dicho, su vida concentrada en un instante. Algo así como el instante decisivo de Cartier Bresson. Los relatos pueden funcionar como fotografías. Para los personajes que habitan estos cuentos el resto del mundo, sus relaciones, su historia, aparecen como chispazos que iluminan solo un poco el camino que se ha recorrido.
Me detengo a pensar en Hienas, el título del conjunto de relatos. Creo que de alguna forma estos relatos actúan como hienas: atacan en grupo, tienen paciencia, eligen a su presa y se dejan caer.

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