20 junio, 2016

[Un corazón a la altura de tu genio: Los Inocentes de Oswaldo Reynoso]. Por Daniel Rojas Pachas

Oswaldo Reynoso, autor de algunos libros imprescindibles de la narrativa peruana de los últimos 50 años como En octubre no hay milagros (1965) o El escarabajo y el hombre (1970), murió recientemente, el 24 de mayo de 2016. Nacido en Arequipa en 1931, fue además profesor de literatura en la Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y Valle, conocida como La Cantuta.
Daniel Rojas Pachas ahora nos escribe sobre su obra más recordada Los inocentes (1961), libro controversial tanto por su temática como por su arriesgado uso del lenguaje.

Un corazón a la altura de tu genio: Los Inocentes de Oswaldo Reynoso

Lima es “un gigante que crece zarandeado, martirizado, casi ciego” dice José María Arguedas en su artículo de 1961 titulado "Un narrador para un mundo nuevo" refiriéndose a Los inocentes (1961) de Oswaldo Reynoso. Obra que a lo largo de los años ha sido comentada por autores como Fabián Casas, el cual indica:
Las batallas en el desierto de José Emilio Pacheco o Los inocentes del peruano Oswaldo Reynoso. Libros que no se plantean representar a un país. Que lo representan más bien como una fatalidad. Que no están escritos con la antena en las modas. Y que crecen, al igual que la buena literatura, con la contingencia de las matas de pasto en los intersticios de las paredes viejas.
El mexicano Martin Camps agrega:
Tuve la oportunidad recientemente de traducir al inglés su cuento "Cara de Ángel" formidablemente escrito y que registra el lenguaje de las calles de Lima. Autor que desafortunadamente no ha sido traducido al inglés y cuya no obra no ha sido correctamente difundida en otros países latinoamericanos. Podemos decir de Reynoso aquello que refirió Goytisolo sobre la obra de Fuentes: su obra es un océano, pero el de Reynoso es un mar calmo y profundo. El escarabajo y el hombre tiene páginas que unen la poesía y la narrativa y En octubre no hay milagros debe figurar en el canon latinoamericano.
Reynoso ciertamente logró el reconocimiento de pares de distintas generaciones, asimismo, tiene el merecido título de ser el autor más leído por los jóvenes en el Perú. Año a año miles de estudiantes y lectores en universidades, así como incipientes escritores, descubren Los inocentes, En octubre no hay milagros o El escarabajo y el hombre, piezas clave en la narrativa de Reynoso.
Sus libros pasan de mano en mano en ediciones populares impresas por editorial San Marcos, también está la bella edición de Estruendomudo de Los Inocentes que se acompaña de un dossier con fotos y testimonios del impacto de la obra en voz de escritores contemporáneos de la narrativa peruana. Aun así, Reynoso no ha corrido la misma suerte que otros escritores de su época (como Vargas Llosa o Bryce Echeñique o posteriores como Cueto, Bayly o Roncagliolo), logrando la tan ansiada internacionalización o aquello quizás más importante que los mecanismos de visibilidad o estrategias para formar parte del exclusivo canon: el simple hecho de que su obra sea accesible para la mayor parte de lectores del continente y, en esa medida, también se traduzca a otras lenguas para obtener la proyección que sus libros merecen.
Los que tuvimos la suerte de conocerle, compartir y aprender a su lado y, sobre todo, leerlo sabemos que Reynoso nunca fue parte de algún boom, no procuró instalarse en alguna camarilla y menos tranzar influencias. Se dedicó solo a escribir excelentes libros y no se autoimpuso modas o una voz artificial para adaptarse al mercado de ferias y grandes sellos.
Conocidas son sus críticas al establishment de las transnacionales que cambian escritores como estrellas de fútbol. Conocidas también son las declaraciones de Reynoso al respecto:
Yo soy un escritor profesional, pero no soy un escritor ganapán. Estos últimos son los que negocian con las editoriales para escribir una novela cada año. Yo soy creador (…) Hace décadas los escritores latinoamericanos teníamos la oportunidad de leer a los grandes autores de cada país a través de editoriales de mucho prestigio, como Losada. Uno elegía a Losada, porque no iba a publicar libros sin ningún valor. Antes había más contacto en los escritores. Hoy, en cambio, las transnacionales se encargan a través de sus redes de difundir en medios importantes sobre la literatura chatarra. Ellos dominan periódicos y canales de televisión. También dominan los grandes premios literarios. Por esta razón un colombiano, por ejemplo, conocerá a ciertos escritores por sobre otros. Al final, no hay un conocimiento de la auténtica literatura que se hace en cada país. Otro gran problema es que las trasnacionales en forma directa o indirecta inducen a los nuevos escritores a que sigan esa línea de literatura chatarra.
Sirva esto de introducción para aquellos que no conocen a Reynoso y puedan hacerse una idea del hombre detrás de los libros. Ahora hablemos de lo que nos llama, los textos.
El film Los Olvidados (1950) de Luis Buñuel comienza con una voz en off que dice: “Las grandes ciudades modernas, Nueva York, Paris, Londres, esconden tras sus magníficos edificios hogares de miseria que albergan niños malnutridos, sin higiene, sin escuela. Semilleros de futuros delincuentes”.
La novela Gazapo (1965) de Gustavo Sainz nos relata:
Alguien me empujó por la espalda y Tricardio me dio un golpe en la cara con la mano abierta. No sentí dolor, pero algo tibio nació en el sitio del golpe y cerró mis puños. ¿Por qué no? Eso fue. Y aparté con fuerza a uno de los gemelos para quedar frente a Tricardio. Oí un ¡déjenlo solo! seguido de un ¡entíbale, ñeris! y retrocedí, con los brazos pegados a las costillas, antes de lanzar el puño derecho hacia adelante, con todo el impulso de mi cuerpo. Vi a César detener al Negro con un solo gesto, y a uno de los gemelos caminar hacia mí con el cinturón enredado en la mano, suelto el extremo con la pesada hebilla de metal balanceándose.
El libro Rumble Fish (1975) de Susan E. Hinton, adaptado al cine por Francis Ford Coppola (1983) cuenta:
Andaba yo vacilando por Benny's, mientras jugaba al billar, cuando me enteré de que Biff Wilcox quería matarme. Benny's era el antro de los chavalitos del instituto. Los mayores solían ir por allí, pero, cuando los más pequeños se colaron dentro, se largaron a otra parte. Benny andaba muy cabreado por culpa de eso. Los chavalitos no tienen tantas pelas para gastar. Pero no podía hacer mucho más que odiarlos. Un sitio se convierte en un antro, y punto.
Y el film de Meirelles, Ciudad de Dios (2002) abre con una escena en que un grupo de niños y adolescentes liderados por Ze Pequeño corren por los callejones de la favela persiguiendo a una gallina, armados de automáticas y ametralladoras para toparse en una encrucijada con la policía.
Los inocentes de Reynoso (1960) parte de esta forma:
Febrero, (un día cualquiera).
2 p.m.
Metió las manos en los bolsillos y fue más hombre que nunca.
"El semáforo es caramelo de menta: exquisitamenta. Ahora, rojo: bola de billar suspendida en el aire".
El sol, violento y salvaje, se derrama, sobre el asfalto, en lluvia dorada de polvo.
"Así me gusta: bajo el sol, triste, y con las manos en los bolsillos. (Sólo los viciosos tienen esa costumbre).
¡Al diablo con la vieja! Con las manos en los bolsillos.
Porque quiero. Porque me da la gana".
Entró por Moquegua al Jirón de la Unión.
¿Qué tienen en común estas obras literarias y fílmicas entre sí?
Ciudades monstruosas, grandes capitales y al interior de ellas barrios miseria: México-Distrito Federal, Sao Paulo, Lima. Adolescentes violentos arrojados a un mundo abusivo y brutal y al cual responden con descaro y una malicia que termina por arrastrarlos al crimen.
Sin duda, el ingresar a esa realidad requiere un conocimiento del lenguaje vernacular, un manejo de la jerga de la calle y una exploración sensible de todo un universo de relaciones capaz de no volver la representación trivial (tal como señala Avelar*) haciendo del relato una caricatura grotesca o un panfleto moralista sobre el abandono y el mundo de las pandillas.
Los inocentes de Reynoso guarda todos esos ingredientes en su pequeño cuerpo de no más de 60 páginas y eso la hace una obra imprescindible dentro de la narrativa latinoamericana. Oswaldo se anticipa a todas estas obras y seguro que a muchas más en esta materia. Claro, Los olvidados precede a la novela del peruano, pero Reynoso de hecho declaró haber quedado impactado con la cinta e incluso confiesa haber querido ir más allá explorando esa herida de nuestras grandes ciudades y sus extramuros.
Hay que agregar además que Los inocentes, a diferencia de Los olvidados de Buñuel, está libre de todo tono maniqueista. La cinta del español desde su inicio nos plantea el problema como un asunto sociológico, una historia verídica que apela a las fuerzas progresivas de la sociedad e invita a todos los ciudadanos a reflexionar y actuar en pos del bien de la comunidad y acabar con este flagelo, además no es insignificante la inclusión de un discurso bastante manipulador y sensiblero en voz del director del reformatorio al que envían a uno de los protagonistas tras ser acusado de robo. El diálogo de este personaje acusa a los padres de no hacerse cargo de estos jóvenes y es casi un sermón puesto ahí para conmover al espectador. Según mi parecer en la obra de Reynoso no hay tentativas de solución ni fórmulas. De hecho la situación de la collera (pandilla) compuesta por Colorete, El príncipe, Cara de Ángel, Carambola y los demás es relatada con naturalidad, libre de maquillajes o la tentativa de buscar culpables y apuntar con un dedo, es más, el lenguaje en los diálogos resulta verídico y representativo de las calles de esa época y se amalgama con bellas descripciones poéticas que estimulan de forma sinestésica la ambientación de una ciudad abismal así como el deseo y las frustraciones de los adolescentes. No hay sesgo que oriente al lector a tomar una postura o actitud, no hay una tesis explicita de por medio, solo sutileza y una estética desbocada que narra:
Estoy sudando y me gusta el olor de mi cuerpo el olor de las muchachas de mi barrio me arrecha sobre todo en verano tienen olor a pescado a fierro en invierno no se lavan y apestan rico las manos de Gilda olían a marisco a mar las piernas de Gilda buenas buenas buenas esta noche voy a México y no tendré miedo y el viejo si insiste un poco más casi me lleva da asco con viejo pero la camisa roja bonita Colorete es cochino con Yoni tal vez quince días que no me lo toco y parece que revienta con el sol las bolas hacen carambola jardinera dados gigantes que chocan contra el mar siempre siete siete cuando se pide los senos de Gilda con leche tibia y dulce playa mar ruido olas música azul con verde miel helada en la lengua aguadulce retumba en ola en roca el mar roca en agua y ola tumbo en tumbo en roca amor en roca Gilda en roca cara sol Yoni mar en cine fruna en mar roca roca en tumbo cara roca mar
Quizá la única parte de Los inocentes que podría sentirse como una especie de mirada sentenciosa de la violencia de las calles, es matizada con técnica aplicando un rompimiento de la ficción y el mismo autor, de modo tenue, ingresa a la obra como testigo, observador de los movimientos del Rosquita siguiéndolo por las micros, por las calles de Lima y por las barreadas y es curioso porque Rosquita es el menor de todos en la pandilla y es un niño con una enfermedad del hígado, en esa medida su identidad aún no se ha definido y su fragilidad es latente, no así sus compañeros que bordean los diecisiete años y hablan por sí mismos. A la vez, ingresamos a sus mentes penetrando con profundidad en su psiquis, las obsesiones y miedos que los acosan y para eso Reynoso recurre con pericia a otras formas de narrar, fluir de la consciencia, voces que se superponen en una maraña de diálogos, recortes de prensa que ingresan como soporte para afianzar el encuadre de un hecho y breves flashbacks. Podría seguir enumerando las distintas facetas que la obra tiene, sin obviar que además es un libro coral a lo Mientras Agonizo de Faulkner.
Ahí quizá está la relación de Los Inocentes con Gazapo y, por qué no, de Reynoso con Gustavo Sainz, pues a estos autores no se les puede encasillar como escritores que tan solo desentrañan lo urbano y se atreven a ingresar a la contracultura**, sino que por sobre todo son experimentadores del lenguaje, observadores de la realidad e intérpretes de su propia voz, multifacéticos y exploradores... pero no nos desviemos del tema. Ambas obras, una en México la otra en Perú, desencadenan la narrativa del folclor y el indigenismo, nos sacan del mundo rural y el mundonovismo. Gazapo nos introduce al DF de la onda, un under juvenil plagado de sexo, rock y contracultura. ¿Qué hay de Los Inocentes? Bueno no por nada el alter ego de Los Inocentes es Lima en Rock y generó un escándalo mayúsculo en la hipócrita ciudad de los reyes por su léxico desenfadado, el uso de groserías..., pero principalmente por el homoerotismo latente, aspecto innovador y arriesgado que la lleva más allá que la obra de Sainz a la hora de explorar el temprano conocimiento del placer, el cuerpo, el desamor y las motivaciones sexuales detrás de la violencia en estos jóvenes.
Hay una escena en particular en la cual Colorete, el más cruel de la pandilla, obliga a Cara de Ángel (el apostador del grupo y el más bello al punto que lo apodan la María Félix o la María Bonita, lo cual genera en el menor complejos de inferioridad y una sumisión ante los otros), a masturbarse frente a todos tras una pelea en que sus cuerpos se trenzan en una lucha cuerpo a cuerpo en la cual sudan y se olfatean como animales. En medio de la escaramuza los pensamientos de ambos fluyen en torno a recuerdos en los cuales se entrevé una lucha por el liderazgo, resentimientos y el deseo de aceptación y piedad de los demás, pero también sentidos momentos en que la indefensión los ha alcanzado y han compartido un mendrugo de pan o han querido impresionar al otro mostrándose mejores ante las chicas del barrio o procurado ocultar sus debilidades en cosas triviales como unos calcetines raídos o pies sucios. Toda la situación entraña un contraste de furor y ternura inusitado. La obra de Reynoso sin duda ingresa a terrenos muy adelantados no solo en el plano estético y narratológico sino también en el desarrollo de contenidos. La cita que abre el libro tomada de Jean Genet no es casual:
Yo tenía dieciséis años...
en el corazón pero no tenía
ni un solo lugar donde colocar
el sentimiento de mi inocencia
Por lo mismo, la crítica más certera lo emparenta con Puig y, sin duda, su obra no podía dejar indiferente a la Lima de los sesenta, pacata y aun hoy con un catolicismo recalcitrante. Defensores de la moral e incluso críticos literarios del momento acusaron a Reynoso de obsceno y a Los Inocentes como corruptora de menores, pasquín pornográfico que daba voces e importancia a los marginales igualándose a ellos.
La escritora Regina Limo nos da algunas señas del remezón que la obra generó en su momento:
Nadie se atrevía a decir en voz alta por qué era inmoral. Apenas se mencionaba a los jóvenes rocanroleros que aparecían en sus páginas (por ello, Manuel Scorza, la tituló -en una nueva edición- Lima en rock). No se decía que algunos de estos jóvenes se deseaban entre ellos y confundían la pasión con los golpes, forcejeando entre erecciones. Y de eso no se hablaba ni siquiera entre los intelectuales limeños, tan bohemios y liberales, que habían conocido, incluso, a Ginsberg. En el pasado, Valdelomar era una anécdota, y Duque de Diez Canseco, un tratado de chismes.
A mi parecer es esa profundidad con que se exponen las personalidades del grupo, su interacción y motivos, la que hace de estos personajes inmortales y entrañables y cada momento en la obra juega un papel fundamental. Nada se encuentra expuesto al azar a diferencia de lo que podemos encontrar en Ciudad de Dios donde el verdadero personaje es la ciudad. Me refiero a que en la película en muchos casos los sujetos actúan con brutalidad tan solo porque la ciudad los ha hecho así y no alcanzamos a entrever algún sustrato, solo una suma de historias que entran y salen de nuestro foco de atención y que en la yuxtaposición generan el ambiente. Me explico, el caso más emblemático es el de Ze Pequeño quien es un psicópata del cual nunca a lo largo de toda su historia sabemos lo mínimo, ¿qué lo mueve? El poder, el deseo de apoderarse de ciudad de Dios, el querer revertir su sentimiento de inferioridad al ser la mascota del trío ternura y querer imponerse a todos ellos, todo eso queda en mera especulación y al final hace del personaje unidimensional y por momentos un tanto caricaturesco.
Quizá la única forma de entender al personaje es a la luz de su amigo Bene y la búsqueda aspiracional de este por salir del inferno de la favela a través de la ropa, la novia sexy y las fiestas con niños bien. En Los inocentes, sin duda, aún no entramos en la atmósfera sórdida de la Lima plagada de pasta base y niños que aspiran pegamento en bolsas, toda una generación abortada de pequeños que paradójicamente fueron apodados pirañitas por moverse en bandadas y atacar a los transeúntes. La historia de Reynoso se hace cargo de su tiempo pero anticipa esa Lima que vendrá al decirnos:
Si en algo has fallado ha sido por tu familia, pobre y destruida; por tu Quinta, bulliciosa y perdida; por tu barrio, que es todo un infierno; y por tu Lima. Porque en todo Lima está la tentación que te devora: billares, cine, carreras, cantinas. Y el dinero. Sobre todo el dinero, que hay que conseguirlo como sea.
Y ese devenir trágico no se construye de modo etéreo. Los personajes presentan matices y hondura.
Colorete el más violento del grupo se nos presenta a través de pequeños momentos que cruzan los relatos dedicados a sus compañeros, lo cual lo sitúa como una influencia poderosa y suerte de fuerza natural, sin embargo, en su fuero Colorete es temeroso, carente de identidad o alguna divisa que lo haga especial pues Cara de Ángel tiene el juego y su belleza, El príncipe enamora a las mujeres mayores y de pronto es reconocido como el más avezado del grupo por perpetrar asaltos, lo cual es una punzada constante en la autoestima de Colorete. Natkinkón es alegre y bullicioso, Carambola es el mejor en el billar y ninguno de ellos tiene miedo a las mujeres, por eso cualquier muestra de ternura que tengan hacia él, alimenta una violencia implosiva que alcanza el summum en el rechazo de la muchacha que dice amar cuando en una fiesta esta le indica estar cansada y se niega a bailar para acto seguido pedirle a un joven estudiante de derecho le enseñe un paso de twist. Juanita buscando salir del barrio aprovecha su belleza para ligarse a chicos de dinero y abandona a quienes fueran sus amigos, lo cual sirve como un espejo para que Colorete sea testigo de su miseria.
Por su parte, El príncipe en la escena en que es interrogado por un policía bruto que no sabe escribir bien la palabra diecisiete en el parte, corrige al funcionario y con sorna se rehúsa a dar a conocer las razones que lo llevaron a robar a un borracho y luego sustraer un auto. La verdad detrás del actuar del joven se revela tan solo al lector por medio de pequeños saltos temporales en la mente del muchacho, los cuales se cruzan con la historia de Carambola, uno de sus amigos y con el cual disputa el amor de Alicia. Vemos la traición y los celos, la frustración y también la malicia en El príncipe pues el rechazo de Alicia lo lleva a jugar con el amor que le profesa el peluquero homosexual del barrio, Manos Voladoras, mismo que le diera su apelativo de príncipe, y del mismo modo esta situación es la que lo conduce a los brazos de una mujer mayor con la cual se acuesta y la cual lo mima por su indefensión y pobreza. De este modo Reynoso no solo nos traduce la situación de sus personajes sino que va edificando toda una atmósfera que nos envuelve y da cuenta del fracaso y las pequeñas aspiraciones que están en juego. Las compensaciones que se buscan entre tanta miseria.
(Sí, soy un cojudo, pero por culpa de Alicia y de Dora. Manos Voladoras también tiene la culpa. Siempre con la misma vaina: eres un Príncipe, eres un Príncipe. ¿Y cómo, en la Ciudad de los Reyes, un Príncipe sin auto y sin plata?: la hueva, compadre).
Al final nos damos cuenta que son solo niños sometidos al rigor y la humillación.
Por último y no menos importante si pensamos en la obra de Susan E. Hinton, tanto Rumble Fish como The Outsiders nos presentan la lucha entre los greasers y los socs en un mundo en que los adultos sobran. Casi como si estuviéramos en El señor de las moscas, los jóvenes se desenvuelven en un mundo en que las reglas las ponen ellos y lo que se prioriza son las relaciones de fraternidad, la lealtad que solo pervive en el grupo de amigos siendo estos una respuesta al abandono de los adultos, a su corrupción.
La niñez y la juventud son tesoros en riesgo por eso la máxima "Stay gold Ponyboy". De cualquier modo la obra tiene una mirada romántica de las pandillas y tiende a sobreestetizar el drama y las pugnas de poder, por momentos la obra pierde tensión dramática para dar paso a una glamurización de los devaneos que sufren y lo mismo ocurre en la versión fílmica, en la cual por momentos parecemos asistir a un videoclip. No podemos negar que las escenas de pelea en los subterráneos, cuando Rusty James se enfrenta al intoxicado líder de la banda rival, por bien filmada que esté y por mucho que se genere una atmósfera, sentimos a ratos estar en algo a medio camino entre West Side Story y "Beat It" de Michael Jackson.
En la obra de Reynoso el mundo de los adolescentes también guarda esa connotación de espacio de refugio frente a los adultos, es claro que tienen sus códigos y los mayores sobran, sin embargo, así como no hay panfleto tampoco existe ese ánimo de pretender enaltecer el mundo juvenil y la rebeldía y exponerlo como algo totalmente antagónico a la adultez, de hecho todo es una prolongación del mismo mundo, un nudo gordiano que los ata a todos y los condena de algún modo a transitar los mismos pasos y contaminarse entre sí.
El mundo adulto sin duda envilece a los jóvenes, los persigue como sombras abusivas, tal es el caso del Doctor que paga por tener cerca a Colorete y esa situación genera cuestionamientos alrededor del grupo pero también es la alternativa en la búsqueda de sustento a través de la prostitución. Esa coerción sobre el cuerpo y el dinero mediando se vuelve parte del entendimiento del otro. En un sentido opuesto, uno de los pocos personajes adultos de Los inocentes, el choro plantado, se presenta como una especie de modelo para todo el grupo, un hombre de experiencia que ha pasado tiempo en la cárcel, conocedor de mundo y un ídolo del billar, lo cual lo vuelve una especie de figura paterna sobre todo para Carambola, al cual bautizó de pequeño por estar siempre a la saga de sus pasos queriendo colarse a los salones de juego. En esta relación tampoco hay estereotipos. Ese creo es uno de los grandes méritos de la obra de Reynoso pues no subestima al lector entregando caricaturas o visiones idealizadas, el desencanto vital, el desamor se puede palpar cuando Carambola y el choro plantado comparten un diálogo sobre la pérdida de la virginidad. El capítulo cierra con un momento memorable pues el choro plantado le cuenta las razones de su encarcelamiento, haber matado a su mujer que le era infiel y al ver partir a Carambola entusiasmado por su novia la obra nos expone:
El Choro Plantado, con las manos en los bolsillos y las solapas del saco levantadas, solo, parado en la puerta de la cantina, vio la casaca roja de Carambola perderse en la neblina. Y mientras caminaba dijo, despacio, hablando consigo mismo: "Casi todas las chelfas son iguales. ¡Pobre Carambola! Si supiera que su tal Alicia es más puta que una gallina. Todas las gilas son igualititas. ¡Pobre Carambola!".
Este repaso de algunas obras emblemáticas que han pretendido abordar la situación de los jóvenes y la violencia que los rodea, ha tenido solo una intención, mostrar que Reynoso no es encasillable y que su libro Los inocentes, pese a ser un texto que tiene más de cincuenta años, sigue vigente y en muchos aspectos anticipa situaciones que las otras novelas y filmes en algunos casos pasaron por alto o no tuvieron la sensibilidad para tratar sin retóricas exageradas o discursos en que lo testimonial se traga lo literario.
En esa medida epítetos como el "best seller clandestino" o "el secreto mejor guardado de la narrativa peruana" debieran, sobre todo en un mundo como en el que vivimos, interconectado y sin fronteras, al menos en lo virtual, quedar atrás y aunque el autor ya no está con nosotros, saber que su obra tiene un corazón a la altura de su genio

Guanajuato, México, 2016

Notas
*Avelar se refiere al duelo del genocidio pero sus planteamientos dan cuenta acerca de cómo se narra aquello que no se puede nombrar. “La trivialización del lenguaje y la estandarización de la vida, que vacían de antemano el poder didáctico del relato y lo sitúan en una aguda crisis epocal, derivada precisamente de ese divorcio entre la narrativa y la experiencia.
**Quisiera atreverme a afirmar que, además, la pintura y la poesía están algo encadenadas en nuestro país. La narrativa lo estaba hasta la aparición de Los Inocentes, de Oswaldo Reynoso. Me refiero al encadenamiento a los estilos, formas y temas precedentes. (...) Mientras leía los originales de los cuentos de Oswaldo Reynoso creí comprender, con júbilo sin límites, que esta Lima en que se encuentran, se mezclan, luchan y fermentan todas las fuerzas de la tradición y de las indetenibles fuerzas que impulsan la marcha del Perú actual, había encontrado a uno de sus intérpretes. (Arguedas 1963).

Revisa también
Video reseña de Los Inocentes de Oswaldo Reynoso por Daniel Rojas Pachas en Youtube

 

Fuentes de las imágenes 
"Casa de la Literatura condecora a Oswaldo Reynoso". Casa de la literatura peruana.
"Camino a la adultez bajo el furor de la ciudad". Juan Carlos Suárez Revollar. Suplemento Cultural Solo 4.

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