01 febrero, 2016

[Sobre la normalidad, el ambiente y la destrucción del mundo interior]. Por Gustavo Barrera

Ediciones Overol publicó recientemente La destrucción del mundo interior (2015), libro que reúne Allí estás, Cuarzo y Agujas del poeta nacido en Copiapó, Chile, Juan Santander Leal. En ocasión del lanzamiento de esta obra reunida, Gustavo Barrera (Santiago, 1975) fue uno de los encargados de la presentación.

Sobre la normalidad, el ambiente y la destrucción del mundo interior

Provocadora y deslumbrante, esta destrucción del mundo interior exhibe en su portada el dibujo de un reloj de arena con una parte nítida y otra que se desvanece. Al interior del libro, un pequeño reloj de arena antecede cada uno de sus tres instantes, Allí estás, Cuarzo y Agujas. Son tres puertas o tres ventanas hacia el mundo interior que se abren a riesgo de que su contenido se evapore, a riesgo de que escape o se destruya.
El título es inquietante, conmovedor e inquietante, algo colapsa, ¿todo colapsa? El mundo interior en singular, ¿el mundo interior de uno y el de todos es el mismo?, ¿cómo se destruye, como el átomo?, ¿existe y no existe a la vez, dependiendo del observador? Cuál es la unidad mínima del mundo interior, cuál su normalidad, ¿los cilindros, la espuma, las agujas? (y no sé si te has dado cuenta pero aquí todo tiene agujas)
Si bien, como acusa la contratapa, se puede leer una historia en la que un adolescente, luego de una ruptura amorosa, deja su ciudad natal en el tránsito por los cuadrantes irregulares del discurso amoroso, esto podría ser el pretexto necesario para instalar una sospecha, no solo sobre la realidad de esa historia, sino acerca de la composición de toda la realidad y de los mecanismos que tenemos a mano para entenderla, registrarla y conservar algo de ella en el tiempo. La triada de tiempo, espacio y situaciones queda expuesta como el territorio donde se despliegan las dudas, donde no es posible siquiera plantear preguntas o menos aun, dar respuesta alguna. Hablo de situaciones más que de personas o personajes, que se mantienen en penumbras, a medio camino del anonimato.
En Allí estás hay libros, cuadernos, diccionarios, materias escolares, utensilios de cocina, convivencia y divergencias, un amor en segunda persona del que todos los lectores formamos parte. Hay una sexualidad que pertenece a una concepción moderna; a diferencia de la sensualidad, que es cálida e instintiva, la sexualidad de Allí estás y su continuidad en Cuarzo y Agujas es caliente y fría, se convierte en un valor del ambiente, se vuelve discurso en lugar de perderse en efusividad, es una sexualidad que envía a esa segunda persona fuera de la página, pero no la deja irse del todo. La mantiene alerta, expectante, la expulsa y la trae nuevamente a la escena, a la costura de esta relación de soledades y confusiones. En un plano general, no hay contenedor separado del contenido. Y en un acercamiento a los objetos que componen las escenas, cada detalle es una imagen proyectada desde y hacia ese otro lugar renombrado como mundo interior. Objetos y escenas quedan estampados como lapsos de color, luces rosadas y celestes vistas de reojo en un flujo de transitoriedad, de una realidad que no cesa de mutar, que pasa lenta, imperceptible, pero nunca cesa, como "la casa que se hunde cada año unas pulgadas".
Hay un pueblo seco donde la realidad cristaliza como costras de sal, se resquebraja y cruje bajo un sol que revela las grietas, pequeñas grietas porque la realidad es solo una delgada capa crujiente, una piel o una tela endurecida, "donde se pierde la vista en la estación seca y la costra de sal que protege la casa termina por inmovilizarnos".
En Cuarzo se despliega un soliloquio en el que "la narrativa debe continuar como una enfermedad y su remedio" pues "la prosa aloja en el sueño los objetos en desuso". Aquí todo encuentra un nuevo sitio, todo se instala de una manera única y en relaciones inesperadas pero se acusa la costura entre visualidad y discurso en una construcción formada exclusivamente con palabras. Aunque de tan sencillas quieran volverse invisibles o pasar a segundo plano, son siempre palabras.
En Agujas, hay un mar y una humedad que permite un breve reencuentro "en un sueño que mueve la boca para decir algo", pero es imposible sostenerlo porque "hay un equilibrio que se ríe de nosotros".
Entre colores, sustancias, olores, volúmenes o espacio, estamos frente a un discurso de ambiente que afecta al mismo tiempo a todos los elementos, frente a una recombinación que desemboca hacia un grado superior de asociaciones que hace posible el juego. Los objetos, los materiales y sonidos luchan por liberarse de ser instalados en lugares convencionales y predecibles, quieren establecer sus propias relaciones.
Lo más sobrecogedor es que no hay nostalgia o, al menos, no se habla sobre eso. Hay un ojo que relaciona conejos, gallinas, perros o tortugas. Los animales domésticos son intermediarios entre los seres y los objetos. Hay minerales, árboles en estado espectral, insectos, amigos o profesores que no permanecen, que pasan y no se detienen, de pasado a futuro, del mundo exterior al interior y al exterior nuevamente, seres que dejan pequeñas estelas de vida sobre los objetos o que se fusionan con ellos hasta que no los vemos más. En este libro los papeles no solo se invierten sino que se suman unos a otros, los objetos son seres y los seres son ambas cosas a la vez. Los objetos me miran y me convierto en objeto puro.
En la lectura de este libro yo me paseo por una mente, por emociones y por un cuerpo como por una casa. No hay pugna entre escritura y presencia, hay una abolición de los límites, escritura y presencia se vuelven una misma cosa. Se siente un eco, los objetos y los seres crujen con un ruido seco.

Gustavo Barrera Calderón (Santiago, 1975) Poeta y narrador. Ha publicado, entre otros, Exquisite (Ediciones del Temple, 2001), Adornos en el espacio vacío (El Mercurio-Aguilar, 2002), Carácter (Barrera Real, 2007), Creatur (RIL, 2009) y Cuerpo perforado es una casa (La Calabaza del siablo, 2011). Recientemente publicó Inmuebles. Obra reunida [2001-2010] (Das Kapital, 2015).

*Fuente de la foto de Gustavo Barrera: Tapiz.org

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