16 enero, 2016

[Poesía pugilística, violencia agonística y agresión: Juan Carlos Urtaza y su aporte a la enseñanza-aprendizaje de la poesía]. Por Nicolás Meneses

El siguiente texto, escrito por Nicolás Meneses, fue presentado en el II Coloquio de Literatura Chilena realizado en el Departamento de Castellano de la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación en la ciudad de Santiago de Chile el pasado mes de noviembre de 2015.
En él se aborda la poesía pugilística de Juan Carlos Urtaza (1982) en razón de pensar los principios del deporte de competición, los principios de convivencia escolar y la enseñanza de la poesía.

Poesía pugilística, violencia agonística y agresión: Juan Carlos Urtaza y su aporte a la enseñanza-aprendizaje de la poesía

Juan Carlos Urtaza nació en 1982. Creció viajando. En un internado de Arica aprendió a pelear a mano limpia y plantar lechugas en el desierto. Destacado boxeador amateur. Y aquí detengo mi lectura de la solapa del libro No hay mano publicado el 2012 por La Calabaza del Diablo en coedición con Ediciones VOX de Bahía Blanca, Argentina. Su primer libro, Knock Out fue publicado el 2009 a través de una autoedición financiada por el Consejo de la Cultura. Sin duda Urtaza no es el primero en hablar de boxeo en la literatura, ni menos en la poesía chilena. Él reconoce a Floridor Pérez con su Canto a la derrota de Arturo Godoy y a Jorge Teillier, con su poema A un viejo púgil, como antecedentes. No obstante, es el primero en dedicar dos volúmenes completos al mundo del boxeo.
Knock Out es un libro que tiene la estructura del conteo que precede a la derrota del boxeador. De sus cincuenta y cinco páginas, cada verso alude a la posibilidad de caer, del cuerpo como lugar en que se ejerce la violencia. El primer poema habla de Chile como un cuadrilátero, escenario de traición, impunidad y, también, violencia y agresión:
Este largo y angosto país
no es más que un ancho y hondo cuadrilátero
donde no existen reglas
y se puede golpear por la espalda
-en secreta impunidad-

Un cuadrilátero mide lo que mide un país
que se puede llamar Chile
o se puede llamar olvido

Que mide lo que mide Arturo Godoy
que se puede llamar Víctor Nilo
Godfrey Stevens
Martín Vargas (2009: 9).
Bredemeier afirma que la violencia en el deporte se idealiza, condena, legitima o tolera y en otras ocasiones se la confunde con la vehemencia competitiva y con la firmeza con que se lucha legalmente. A este respecto es importante definir lo que se entiende por violencia y agresión. Este autor considera que existe violencia cuando se coartan los derechos de una persona, mientras que considera que ha habido agresión, cuando deliberadamente se pretende causar daño físico o moral. La violencia agonística, que es un tipo de violencia, en ningún momento restringe los derechos del luchador. Puede haber actos que ocurren durante la competición, susceptibles de ser catalogados como violentos y/o agresivos, que transgreden las normas deportivas, las leyes sociales más amplias o las convenciones tácitas aceptadas por los contendientes acerca sobre lo que es lícito. Si en la sociedad las personas se rigen por leyes generales de convivencia social, en la competición se añaden un conjunto de normativas tendientes a garantizar la noble e igualitaria lucha por el triunfo, donde jueces y árbitros velan por su cumplimiento, existiendo asimismo "códigos de honor" diversos y específicos para cada deporte y región que solo conocen los contendientes y que les permiten diferenciar entre acciones tolerables y excesivas. Una pelea en el espacio escolar es violenta y agresiva porque infringe las normas de convivencia, coarta los derechos de las personas, en su mayoría se realiza en condiciones desiguales y pretende específicamente dañar física y moralmente al otro.
La violencia es un fenómeno de una complejidad enorme. Es un concepto de ramificaciones extensas, de múltiples y variadas aplicaciones, lo que a su vez quiere decir, limitándonos a la esfera de los asuntos humanos, que si el concepto de violencia nos es tan útil como parece serlo es porque podemos hablar con sentido de violencia con una gama asombrosamente inmensa de líneas de conducta y situaciones. Podemos hablar de violencia física, pero también de violencia mental, estatal, política, institucional, intrafamiliar y así sucesivamente. En verdad, pretender reducir la violencia a la mera violencia física sería de una ingenuidad estéril, como lo marca este poema de Knock Out:
Si un hombre muere en el Ring
Es un desastre

Las autoridades se inquietan
Los médicos se pronuncian en contra de los golpes

La iglesia se opone

Si un hombre muere en una carrera automovilística
Es lamentable

Las autoridades se resignan
Los médicos se pronuncian en contra de la velocidad

La iglesia reza

Si muchos hombres mueren en una guerra
Es un negocio

Las autoridades manejan ese negocio
Los médicos atienden a los heridos

La iglesia guarda silencio (2009: 26).
En el boxeo como en cualquier otro deporte de lucha, se toman precauciones para evitar accidentes y tragedias. Repito, deporte de lucha. El boxeador es el deportista con la rutina de entrenamiento más cruel que existe, sus peleas son espaciadas de tal manera que su recuperación sea completa, cada sparring usa un casco acolchado. El púgil tiene un tiempo de actividad corta, similar al de los futbolistas, incluso menor. Lo más importante, tanto su ética deportiva como las reglas de la disciplina le impiden pelear fuera del ring y los entrenamientos. El boxeador es un profesional de las peleas, pero dañar al otro no es su objetivo, su objetivo es ganar, noquear al adversario, sumar puntos. Nada comparado a la violencia y la agresión. A lo sumo, el boxeador tendrá la capacidad de intervenir la violencia, neutralizarla, pues su rutina de entrenamiento promueve la salud mental, la paz del espíritu; puede aliviar hostilidades naturales, la agresividad y la competitividad desmedida. En este punto ¿por qué rechazar la violencia en este contexto?, ¿por qué no aprovechar el magnetismo de esta en favor de la educación ética, deportiva y poética? La violencia no es un fenómeno que se busca reprimir, sino comprender para controlar y diferenciar de la agresión. La poesía de Juan Carlos Urtaza nos acerca a eso, a canalizar esa energía de una manera aceptable en una sociedad donde la violencia se asoma en todas las dimensiones de la vida.
La otra gran pregunta de cara a este texto apunta a la relación entre escuela y poesía. Alicia Genovese y Mercedes Calvo plantean el ideal de inicio de la educación poética desde los primeros años de escolaridad; sostienen, al mismo tiempo, que el niño o niña es un sujeto poético por antonomasia, es decir, posee una manera más libre de relacionarse con el lenguaje y una percepción siempre abierta. Esta relación en la mayoría de los casos se trunca por el modelo competitivo de nuestro sistema escolar. ¿Qué pasa cuando la relación niño-poesía viene rota y se ve la lectura solo con fines instrumentales y comunicativos?, ¿qué hacen los profesores que se enfrentan a estos lectores frustrados en los niveles, por ejemplo, de séptimo a cuarto medio? Mercedes Calvo, en su libro Tomar la palabra: La poesía en la escuela, atribuye al contexto escolar la función de desmitificar la cultura letrada que pretende imponerse exteriormente para ser reproducida, cito:
Cuando se aumenta la distancia entre las palabras que leemos y las del mundo en que vivimos se plantea un divorcio, una dicotomía entre escuela y realidad. Y si no hay relación alguna entre esos dos universos, si la escuela nos presenta sólo las letras de la dominación, toda posibilidad de incidir y transformar el mundo queda abolida (2015: 111).
Una poesía como la de Juan Carlos Urtaza puede desmitificar la literatura, acercando las palabras que leemos y vivimos, reconciliando la relación con el mundo de la lectura a través de la experiencia del boxeo: el deporte competición-espectáculo instalado como el centro de atención. La violencia siempre irrumpe y tensa la cotidianidad no solo de los partícipes, sino también de los espectadores. Repito, hay que aprovechar ese magnetismo a favor de la lectura.
La derrota, el fracaso, los ídolos, la disciplina y la competencia no son solo fantasmas del boxeador: es un sino que persigue a todos los sujetos en el actual modelo económico. Este deporte es uno de los favoritos para metaforizar las situaciones adversas de la vida. Su potencial de interpelación es enorme: todos peleamos contra algo o alguien, todos queremos “ganarle a la vida”. El boxeador encarna como ninguno esa situación, Urtaza lo lleva a la escritura:
Finteo esquivo arremeto pie contra pie
mete cross mete rectos al mentón
Nadie espera por mí en el ring-side
el abuelo muerto grita lo que no debo hacer
NO eres el Bombardero de Detroit
ni Alí
eres perico de los palotes
abúlico
todo mal papeado
con unos ojos así de grandes y un corazón
que no le cabe en el pecho (20).
El formato de los dos libros de Urtaza goza de la estructura del verso libre que requiere de un ensanchamiento de los conceptos y moldes comunes en la métrica ordinaria, un sentimiento más suelto y flexible respecto a la medida y el compás. Alicia Genovese en su libro Leer poesía: Lo leve, lo grave, lo opaco plantea que el tono tiene que ver con la química, la densidad, el aire y la atmósfera; y el ritmo con el pulso, el sistema nervioso y la dinámica. Si pensamos sobre todo en el tono y el ritmo, los poemas de Urtaza tienen tanto impacto como un jab, un derechazo, un gancho o un tirabuzón. La relación entre sujeto –el boxeador- y su palabra es única, no solo se percibe a través del texto anterior, la respiración de la poesía de Urtaza tiene un ritmo apabullante que permite a cualquier lector seguirle con entusiasmo y atención, cito el primer poema de No hay mano:
Las manos me las regaló mi padre
él las guardó para mí
cuando perdió las suyas
yo no conozco del mundo más que estas manos
amanecen y se duermen conmigo
como avispa
latiendo
punzando
con ellas he golpeado zurdos y ebrios
he tocado mujeres piedras y llanuras
con la suavidad de la llama o de la espuma
me gusta saber que son mías
cuando bailan en la oscuridad y me encuentran (2012: 9).
Más arriba mencioné que Genovese y Calvo proponen el inicio de la educación poética en los primeros años de escolaridad, también que el niño como sujeto es el más cercano al estado poético. Calvo dice que “hablar de ‘la’ infancia o ‘el’ niño como un estereotipo identificado con un estado de inocencia y felicidad es imposible. Los niños son todos diferentes, cada uno con sus peculiaridades de todo tipo, porque la diversidad no simplemente es biológica sino también psicológica, cultural y social”. Urtaza parece saberlo muy bien. En uno de sus poemas habla del niño excluido que busca trifulca, pero nadie comparte sus ganas de medirse a golpes. Con este poema termino la ponencia, le cedo la palabra a Urtaza:
Ponte en guardia
deja pasar sigue avanza baila esquiva

ponte en guardia
eres un niño con ideas nuevas
por eso no juegan contigo
por eso si juegas juegas al arco
porque no sabes patear la pelota
porque no sabes o no quieres
aprender a patear un penal
tú solo quieres pelear
y nadie quiere pelear contigo
porque sigues escuchando a tus tíos ebrios
debajo de la mesa
porque sueñas que subes y bajas del ring
peinado como el mítico Fernandito
porque las peleas se ganan
tirando las manos
saltando la cuerda
atravesando la población
las canchas vacías
el banco de los adictos
calle abajo o calle arriba
eso no lo saben los niños a tu edad
a tu edad nadie sabe vendarse las manos
saltar la cuerda
ni hacer sombras cuando la tarde cae
pero es cierto
no sabes patear un penal
porque no sabes o no quieres aprender
a patear un penal
tú solo quieres pelear
y nadie quiere pelear contigo (2012: 20).

Bibliografía
Urtaza Abarca, Juan Carlos (2009). Knock Out. Santiago de Chile: Autoedición.
Urtaza Abarca, Juan Carlos (2012). No hay mano. Santiago de Chile: La Calabaza del Diablo, Bahía Blanca, Argentina: VOX.
Calvo, Mercedes (2015). Tomar la palabra: La poesía en la escuela. México: FCE.
Genovese, Alicia (2011). Leer poesía: Lo leve, lo grave, lo opaco. Buenos Aires: FCE.
Bredemeier, B. J. (1983). Athletic aggression: A moral concern. En Goldstein, J. (Ed.). Sport Violence. New York, Springer-Verlag [47-81].

* Fuente de la fotografía: La Cuarta.

1 comentario:

felipon dijo...

Vino para vencer. Buenisimo, ingenioso, dramatico pugilista, lirico. Hay que disfrutar su lectura. Regalenme uno.