27 julio, 2015

[Escribir en apnea. Sobre Ejercicios en el agua de Gabriel Silva]. Por Nicolás Meneses

Nicolás Meneses escribe sobre Ejercicios en el agua del poeta Gabriel Silva, libro publicado en 2014 por ediciones Das Kapital. 


Escribir en apnea

Siempre se ha hablado de la introspección radicalizada, la exploración interior que supone el ejercicio de la escritura. En el libro de Gabriel Silva esa introspección se despliega en el movimiento –físico y mental–, que acomete el nadador en la piscina: como se pasa de una quietud a una flexibilidad automática por medio del recuerdo.
El espacio de la piscina como símil de un estado de pensamiento: una plataforma para tirarse, bucear y desplazarse se esté a la intemperie o bajo techo. Su ventaja por sobre otros espacios líquidos es que acá se anula el influjo de las corrientes externas: el rectángulo de agua se reconoce por su serenidad, ajena a las inclemencias de la naturaleza. La misma predispone una depuración de la ráfaga de estímulos sensoriales, busca alcanzar esos momentos de lucidez y evocación esperados. Lo importante es no distraerse con aullidos y gritos de niños jugando en el parque. Al mismo tiempo, las zonas de esta piscina presentan coordenadas de ejecución más o menos estables, territorios a los que bracear o esquivar. La luz que entra y salpica recuerdos sedimentados por la edad. Hacia allá se dirigen, el cuerpo entero.
La pregunta que plantea la metáfora del agua y la inmersión sugiere el reconocimiento de un territorio vasto e inasible. Tal vez solo sea un efecto óptico, pero asimismo no deja de ser hostil. No se puede estar en todos los ángulos de la piscina y la luz “toma el conocimiento para transformarlo en algo distinto”. La reconstrucción de la narración de uno mismo no necesariamente encuentra las respuestas esperadas. La mecánica de los recuerdos si no encuentra un refugio simbólico, no tiene, ni tendrá ningún poder transformador. No es el caso de este libro. La navegación a la que nos exhorta contempla la experiencia, la imaginación y la emocionalidad. La observación y los recuerdos abren vías clausuradas, la percepción floreciente de la infancia y el mar de sensaciones que nos caen como una gran ola.
El contacto con el agua lleva el cuerpo a otro estado. Podríamos decir colectivo, inconsciente; también se puede pensar hasta en un estado prenatal, la seguridad y tibieza del vientre materno o el arrullo nutricio de los primeros años. Darle la mano a la abuela, mirar hacia atrás en un camino terroso. Nostalgia infantil que como entonces aúna la imagen del otro con la propia, pero sin confundirla. El cuerpo sumergido con su barrera natural evita que el cloro traspase al interior del organismo. La desinfección a la que está sometida el agua deja su rastro en la piel. Los ojos enrojen si se les mantiene abiertos. Pero es necesario no cerrarlos, mirar las estrías que iluminan el fondo.
Primer ejercicio: sumergirse, soñar. Las calderas se han apagado. Empieza la poda de las vivencias del día, el tránsito de las escenas ––importantes o no–– a la memoria de largo plazo. Segundo ejercicio: "Cuando el agua está fría / debes lanzarte como un rayo". Perseguir, añorar: niveles de inmersión. Sumergirse, asomar los ojos y la nariz. Oler levadura, parafina, cloro, limón. Tercer ejercicio: "el amor, la presencia de otro cuerpo / desorientado en la proximidad". El crecimiento, el condicionamiento de la percepción. Y el error está en no dejarse vencer por la corriente.




Tres poemas de Ejercicios en el agua de Gabriel Silva


Mis movimientos tal vez más
estilizados
son una idea

aunque mi sueño haya transitado desde
el conocimiento a la superstición

no disminuye mi capacidad para
experimentar el placer
de estar
en continuo movimiento
bajo el agua



A veces creo equivocarme
al controlar la respiración

no es cuestión de pura técnica
sino también de recuerdos
te miras como el niño asustado
el primer día de clases

el cloro se hace fuerte en la piel
como una máscara que volteas hacia
el sol

despiertas en ti pequeñas
olas que golpean una y otra vez

sabías que contracturé los pensamientos
ahora elongo cada mañana y cada noche

quizás el miedo a morir sea solo esto
la máscara que volteas cada
mañana
hacia el sol



Las ideas se han manchado con gotas
de té que dejo caer
a propósito

la bruma es espesa, mi mente es espesa

(un niño se toca el labio partido en el
recreo después de una pelea
su camisa está manchada con sangre
la puerta de su casa no para de vibrar
)

las palomas anidan recuerdos en
rincones / lejos del sol

como el niño con problemas atencionales
tímido y delgado, que se pierde en zócalos
y parques solitarios
me refugio en un rincón donde no
escucho las olas
agitarse

la bruma es espesa, las sombras de las sillas
ya no se toca

(cierra la puerta de su casa con cuidado
mamá trabaja lejos, en el sur de su mente)

pienso en el amor y en lo que
escribió el piamontés

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