05 octubre, 2012

[Mar Paraguayo de Wilson Bueno: La marafona de Guaratuba]. Por Christian Kent

Wilson Bueno (Jaguapita, Provincia del Paraná, Brasil, 1949) falleció en desgraciadas circunstancias en su casa de Curitiba en 2010. Era uno de los más influyentes autores de Brasil, alcanzando a publicar algunos títulos fundamentales de la literatura brasileña moderna, como: "Bolero's Bar" (1986), "Manual de Zoofilia" (1991), "Cristal" (1995), "Pequeño Tratado de Brinquedos" (1996), "Jardim Zoológico" (1999), "A Cavalo" (2000), "Amar-te a ti nem sei se com Carícias" (2004) y "Cachorros do Céu" (2005). 
Su libro "Mar Paraguayo" (1992) es un caso especial, es la única obra de Bueno que incursiona en la mixtura de tres lenguas: portugués, castellano y guaraní. 
La primera edición de "Mar Paraguayo" es de Iluminuras, Brasil, 1992 con Prólogo de Néstor Perlongher. Fue reeditado luego en Chile a través de Intemperie, 2001; Tse-Tsé, Argentina, 2005; y Bonobos, México, 2006. 
Revisa ahora una indagación del poeta paraguayo Christian Kent, quien a partir de un elemento mínimo -la figura de la "marafona"- aborda el complejo lenguaje del libro de Wilson Bueno.



Mar Paraguayo - La marafona de Guaratuba

Comenzando a leer "Mar Paraguayo" imaginé que "marafona" era una palabra cultivada en la “cachoeira” de su “ayvu” (palabra - lengua del hombre) irrestricto. Algo así como mar-(a)fona, mar silencio, mar (sin) ruido. Pero entonces, no contento con esta versión, busco marafona en Wikipedia, a enciclopédia livre (“se procura pelo futebolista, veja José Carlos Coentrao Marafona”): “A marafona é una muñeca de trapos, sem ojos, nariz o ouvidos, vestida com un colorida traje regional. Su esqueleto es una cruz de madeira revestida a tejido”.

Y continúa: “Durante la festa, las muchachas casamenteras bailan con as marafonas. Despois da festa las muñecas son deixadas en cima de la cama donde tienen el poder de livrar la casa das tempestades y truenos, y del mal de ojo. En el día do casamento se guardam debaixo da cama (como no tienen ojos ni orejas ni boca, nada ven, nada oyen, nada pueden contar) para traer fertilidade al matrimonio. As marafonas están asociadas al culto da fertilidade”.

Etimológicamente, la palabra “marafona” viene del árabe “mara haina”, “mulher engañadora”. De ahí la marafona puede ser también una prostituta, la “cuñambatará” de Mar paraguayo, o bien una “mulher deleixada, desarreglada, kelembú”. Pero en esencia una mujer que engaña (“a ustedes que me leem como quien secretamente se posta ante la fresta de una puerta cerrada”).

 Como sea, este es el personaje que narra en “Mar Paraguayo”, cuestión que sin esta aclaración quizás pase desapercibida. Esa marafona de Guaratuba, una “cuñambatará”, una “bonequinha” de trapo sin rostro -símbolo erótico- liada sin remedio a un viejo decrépito y vinculada con el vaho de su muerte, comienza un relato confesional que se despliega en círculos casi como un baile ritual en torno al acontecimiento que se repite; juego macabro, cómico –y en algún punto-, metafísico.  La marea lingüística, diminutiva, aglutinante, desmedida y microscópica, va construyendo un universo simbólico dónde se debaten: la muerte, la enfermedad (“tasy”), la fugacidad de la vida (“tecovembiki”), lo divino (“tupa”), lo infernal (“añaretamegua”), lo sexual (“porenó”), la imaginación (“morangú”) el amor (“mboraihu”) y la literatura (“ñandutirenimbó” – telaraña).

Los límites del mundo son los límites de este raro, mítico “yopara”, esta “sopa paraguaya” epistemológica que dice el fallecido Nestor Perlongher... y están demarcados por la conciencia poética de la marafona de guaratuba, el poeta trasvestido y trastocado en esta graciosa muñequita sin cara, que al perseguir las razones de su crimen persigue también su identidad.

“Soy mi propia construcción e asi me considero la principal culpada por todos los andaimes derruidos de mi projeto esfuerzado. Se chagaré a mim? No sé y me persigo, de lo melhor modo: escribindome aún que esto me custe lancetadas en el ovário y el pulsar de una vena cerca del corazón”.

“Mar Paraguayo” es una confesión. La marafona de Guaratuba antes que nada desea consignar su inocencia en relación a la muerte del viejo; “No, cream-me, hablo honesto y fundo: yo no maté al viejo”. Pero la trampa urdida por la tarántula (“ñandu, ñanducabayú, ñanduti”) se va desplegando y se desborda hasta que todo cae en ella, ya no solo debe confesarse una inocencia, sino además a partir de la confesión debe emerger todo el devenir del “linguagem” y “do mundo”, de esa lengua que se va creando a sí misma en la evolución del relato, que se va inventando (“omboguerojera”, como el padre tutelar de la cosmogonía Mbyá) y solo puede referir los misterios que ella misma contiene. “Mar paraguayo” es una “linguagem marafona”, “mbatará”, océanica y milimétrica en la aparente misión de retener un acontecimiento cotidiano.

Es la aglutinación guaranítica aunando todo en una sola palabra kilométrica.
“Mar paraguayo” es un conjuro: “Escribo para que no se rompa dentro las cordas de mi corazón”.




Un fragmento de Mar Paraguayo

Yo soy la marafona del balneário. A cá, en Guaratuba, vivo de suerte. Ah, mi felicidad es un cristal ante el sol, advinadora esfera cargada por el futuro como una bomba que se va a explodir en los uranios del dia. Mi mar. La mero Merde la vie que yo llevo en las costas como una señora digna cerca de ser executada en la guillotina. O, há Dios ... Sin, há Dios e mis dias. Que hacer?

Hoy me vejo adelante de su olhar de muerto, esto hombre que me hace dançar castanholas en la cama, que me hace sofrir, que me hace, que me há construído de dolor y sangre, la sangre que vertia mi vida amarga. Desde sus ombros, mi destino igual quel hecho de uno punhai en la clave derecha del corazón.

Ahora, en neste momento, yo no se que hablar com su cara dura, rojos los olhos soterrados, estos que eram mis ojos.
No, no lo mate porque su vida se entranhava en la mia. No, fue la suerte, ya lo disse. Mi suerte advinadora de la esfera, bólide y cristal: antes de todo yo já lo via más muerto que la muerte.

Nasci al fondo del fondo del fondo de mi país - esta hacienda guarani, guarania e soledad. La primera vez que me acerque del mar, o que havia era solo el mirar en el ver - carregado de olas y de azules. Además, trazia dentro en mim toda una outra canción -trancada en el ascensor, desespero, suicidados desesperos y la agrura.

No tuve miedo del gran abisrno de água e espuma. Lo mire duramente aún que todo en mi era apenas una alegria de niña en el sol, yo que a este tiempo ya volvia, con terror e manchas blancas por los pelos, já volvia ya el Cabo de la Buena Esperanza.

Mi cuerpo que engordo por non salir de esta sala oscura ande trac;o el destino, melhor el dele, o deste hombre que mis manos acabaran de assessinar suavemente - con una disposición de cisne y sabre. Ó era el que acabava de morir?

Fue simples: solamente lo tome desprevenido e con una, una sola distracción y el malo que era ser su atendente y obrigatória esclava, lo jogue al sofá con terror y susto - estranhamente mudo y en abrupta soledad. Ninguna gota de sangre para me poner en apuros, no, ninguna.

Prossigo el arte de la sortista, casa térrea con mangueiras en el jardin e sombreros por los quintales, sin hablar del sol, del rude sol mañanas, tardes y noches - el espantoso verano de Guaratuba quando se é diciembre e el mundo se pone de barracas y chicos por las playas coloridas pela tarde - esta pequenha gran artista de las tintas del cielo.

A la noche tengo mi trabajo: no que me enamore, no, non es esto, lo que digo es todo um labirinto de aran has que van teciendo en las quinas de la casa, mientras me perca frente al televisor assistindo a la novela de Sonia Braga - sus ancas que me ponen en arrepios toda la vez que aparecen en el video como se fuera la derradera disposición de una vida, mi vida, la vida - de viés.

Yo se que muerto está, que muelto el viejo viverá para siempre acorrentado a mi pecho, lo nodoso recuerdo de su língua sutil a explotar-me con gusto, gozo y orgasmo.

Yo, a cada vez, sonaba más y más con Braga, esta Sonia de mi vida marafa, aquellos profundos negros ver-se¡ ver. Ah, aqui en el balneário de Guaratuba ninguno que hable, nadie, ninguém¡ mi idioma que no sea el demmado silencio de las siestas calcinadas por el estio, con cigarras agonicas de cantar e pajaritos en las copas del flamboyant todo de risa con el verano, su risa de rubra florada¡ cerca de lo ibisco que me dije que já es tarde, que já es mucho tarde para morir.

Que idéia, que idéia la mia - já me esquecia, toda olvidada, de la única companhia que me hace decir, sin error: esto es concreto como el ibisco: mi perro, mi tiquito perro que atende por el ruído de Brínks e es tan pequetito, tan juguete-de-pelos, tan colita acima como se fuera una coma móbile y bifurcada.

Ahora es el drama. Añareta. Añaretameguá.

Desde que es hecho estos climas de humo y ansienedad de la alma, de quien el hecho de viver así, pm entre copas y espinos, garras y los huevos tan hechos - como es hecho casi nascer - de los escmpiones que ya salen para esto mundo con su rude ferrón? Do que hablo, tan en circunloquios es del cabaré. Observo: acá uno se llega para supuesta alegria, a lá o a cá la siempre inalcanzable felicidad, e se pone de risas contra las chicas, levanta-Ihes las saias, mete los dedos en la cava de sus corpetes oferecidos. Nadie vive sin humildad. Ñemomirí'há. Ñemomirí'. En mi idioma nativo las cosas san más cortas y se agregan con surda fe-rocidad. Ñemomirí'. Ñemomirí'há.

Quando adentro a estos quadrantes del mistério manífico de existir, de que exista el pútrido, el sórdido, el luxuriante, quando me flagro asi, casi suprema, tornase unas quantas cosas dentro, cerca, de nuevo, del infierno. El existe - sobrado de incendio y chama, lámpara en el fondo de nuestros ollas quemados.

Añaretameguá.

Tengo medo, tengo mucho miedo do que se puede, más adelante, O daqui há pouco, acontecer. Puede que sea el milagro, puede que sea el abismo. Paraí'pí'eté es el abismo todo en el mar.

La verdade es que nunca no lo se, e esto me pone pérdidamente medrosa, sin coragem siquiera para salir en la calle e passear mis leves vestidos longos, los colares, los braceletes y las madreperolas del brinco de orelha. Y el medo es una cosa viscosa que viene de dentro - devagar, pastando sus patas-de-pelos, llegando, sutil, para te pegar, após em panico, para te pegar - definitivamente - por las cardas del corazón. Hay quien, en nestos momentos, costumbre matar-se. Añareta que se mueve. No há Dios?

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