20 junio, 2012

[Se drena, se inunda, se descansa. Entrevista a Marcelo Guajardo Thomas]. Por Víctor Quezada

Marcelo Guajardo Thomas es un poeta nacido en Santiago de Chile (1977); y hasta ahora solo había publicado un libro: “Teseo en el mar de Cartagena” (Ediciones del Temple, 2001), sin embargo, eran conocidas las micro-ediciones de más de una decena de poemarios que se gestaron, auto-publicaron y distribuyeron, casi de mano en mano, a partir del año 2002.
Felizmente, dichas publicaciones llegan ahora a nuestras manos gracias a Das Kapital Ediciones en “Un momento propicio para el exilio. Poesía reunida (2002-2010)”; libro que cristaliza el prolongado e interesante trabajo de Marcelo Guajardo. Sobre esto, su poesía, su manera de ver el mundo y algo más, hablamos con el poeta en la siguiente entrevista realizada por Víctor Quezada.

Se drena, se inunda, se descansa

Antes que todo, tú eres la cabeza de un proyecto editorial, o como lo llamas, de una “nanoeditorial de poesía”. Sin embargo, lo de publicar a otros me parece ser accesorio, “Garage Ediciones” es un proyecto personal y artesanal. ¿Por qué decidiste formalizar, de cierta manera, en “Un momento propicio para el exilio”*, aquellos poemarios ya publicados por “Garage”?

Me era completamente necesario recopilar y publicar en un formato más definitivo mi trabajo de los últimos ocho años. Las Ediciones Garage circularon poco y nada y la verdad es que me consideraba en algunos aspectos un autor inédito. Necesitaba exiliarme de mi propia poesía. Se había acopiado una cantidad considerable y la verdad ya me estaba empezando a dificultar el inicio de otras escrituras. Respecto del valor del libro tradicional, le asigno el valor que tiene un formato específico, hecho para circular, ser manipulado y leído, en ese contexto Das Kapital cumplió con todas mis expectativas.






Cuéntame un poco sobre el proceso de edición del libro, el criterio por el cual se fueron concatenando los poemarios

El criterio de ordenamiento de los poemarios es cronológico. Espero en siguientes impresiones incluir una nota que advierta al lector de tal decisión. “Jauría Revelada” (1) es el único poemario que no existía propiamente tal, sus componentes se encontraban inicialmente separados, los reuní y los titulé para la edición final.

En el acto de nombrar los hombres se convierten en caballos
los caballos
en las piedras de la caverna
luego de encender sus crines
en medio del fuego

el hombre viejo muere
rodeado de moscas
en su mano la piedra de tallar
nombra la pezuña y la lanza

el caballo se interna en la grieta

desangrado
ebrio

ha dejado de ser un animal salvaje.
Ahora hablemos de los poemarios. En “El dolor de los enjambres” hay una cierta atmósfera primitiva, por llamarla de alguna manera, un espacio donde las cosas quieren encontrar un nombre. ¿Cuál es el papel del poeta en “El dolor…”, en tanto que es una figura que encuentra su base en la del hombre cavernario: aquel que traza al animal en la cueva y manifiesta, quizás, una “obsesión de la palabra y la escritura”?

El protagonista del “Dolor de los Enjambres” es el lenguaje, su potencia y voluntad transformadora. El poeta no existe como tal, como unidad, como hecho consumado. Allí está la fuerza del descubrimiento y el modo en que la lengua queda adherida a las cosas, a la civilización en ciernes. Yo solo contuve ese flujo, le di forma y algún grado de sentido.

Me parece que a lo largo del libro hay un discurrir sobre el origen, al parecer estamos frente a un mundo que no acaba de crearse.
Teniendo en cuenta esta característica “genética”, ¿cómo abordas aquella imagen del poeta como “creador”, figura que para mí representa, básicamente, el lugar de una sublimación?

Lo que me pides es que interprete los diques que elegí para contener este caudal. Pero no puedo yo interpretar mis materiales, porque no son totalmente míos, están allí como signos que arden por sí mismos, no necesitan que yo, apenas provisto con una vela, eche luz alguna sobre ellos.
Lo que yo hago es revelar un pulso que luego obtendrá de mí la forma y, enracimado, al final, sentido. Le doy paso a caudales para el riego, abro y cierro las compuertas para que el agua inunde aquí y luego allá, para que germine por secciones un predio desconocido en su mayor parte. Se drena, se inunda, se descansa.

Dia 16
no soy el ciervo
sino el amo

al cielo clavado por la piedad de las criaturas

quién, sino un salvaje
recibe la corona y la cruz.

Hablemos de “Diario del Hombre Elefante”. Es inevitable no leer este poemario sin pensar en la película de David Lynch (“Elephant man”, 1980). Asimismo, surgen notables diferencias respecto de la perspectiva en que eliges “contar” esta historia.
En la película, Merrick es retratado a través de la mirada de los otros, hasta encontrar cierto contenido interior, en tu poemario, por otro lado, esa mirada es –constitutivamente- interior, y no solo por el hecho de ser un diario de vida, sino porque Joseph Merrick es, ante todo, un ojo, una mirada del mundo (“Un ojo me basta / Un ojo y el mundo”).
¿Cuál es, para ti, el mundo que el Hombre Elefante está mirando? Sobre todo pensando que tal mundo es uno particularmente cristiano.

El modo con que Joseph Merrick se aproxima a la Doctrina Cristiana es la representación de mi propia Fe y sus transformaciones. Desde la perplejidad ante el dolor sin resultado, sin propósito, hasta la revelación de su fuerza transformadora. Es el dolor de Jesucristo la ofrenda que vence a la muerte.  El aislamiento de Merrick, es precisamente mi propio aislamiento, su celda es mi celda, su ojo torcido que descubre la realidad por medio de la representación, es mi ojo torcido que contiene el caudal y le da dirección.

Prólogo con respecto a nuestra situación como latinoamericanos. 
El contradevoramiento de Calibán en la mesa de Hernán Olguín

Calibán no ha dejado de devorarse
todo cachivache
todo escombro
es para él, el salvaje, el indio
alimento de la mejor especie
Hernán Olguín preparado para la comida
vestido discretamente de traje y corbata.

Calibán
raquítico del otro lado
no soporta el hambre
decide alimentarse a sí mismo.

Hernán Olguín era un periodista chileno que, durante la primera parte de la década de los ochenta, conducía “Mundo”, ese programa de Canal 13 sobre ciencia y avances tecnológicos. Pero en tu poemario, Olguín se vincula con la figura del “Calibán” y, así, es un “caníbal”. Su canibalismo es “planetario”, y su boca de caníbal es, además, una clara alegoría de la televisión, de una imagen que se quiere imponer como un todo.
Pensando el momento de la historia de Chile al que refiere el conjunto de poemas (el tramo final de la dictadura militar), ¿cuál es, para ti, la productividad de esta parodia?, pues me parece que uno de sus logros radica justamente en la posibilidad de mostrarse como una versión de esa historia reciente.

Hernán Olguín representó para mí la promesa de civilización y modernidad en una época de profunda oscuridad para el país. Aquella oscuridad no se ha ido del todo y aquella promesa de modernidad nunca se cumplió. Tengo la impresión de que nunca se cumplirá porque aquellos modelos del “primermundo” están allí solo como modelos, son solo apariencia, no tienen fallas, son entelequias de algo que no nos pertenece, que no existe, que no somos. Por eso la derrota de Hernán Olguín es una derrota infinita y el hambre de Calibán infinita también. Ese es nuestro modelo, creación y devoramiento, embalsamar y fracturar en la mesa de nuestros frágiles héroes.

Nourishment

Busca la hiedra de la ciudad un lugar donde existir, la grieta del acantilado, el ladrillo que presiona, y se junta y se junta. Más allá del paso, del zapato amarillo reluce, en la vidriera a luz de neón que ciega cuando se ve de frente. Busca el agujero la hiedra de la ciudad, y crece donde no debe, arrancada una y otra vez para el deleite de un tonto de capirote.

En el poemario “Los delicados valles de la modernidad”, a través de distintas citas a pinturas, películas, etc., te preocupas de construir un mapa de lecturas, una red en la que el conjunto de poemas se nutre de sentidos.
Una estrategia bastante interesante aquí es la de anclar referencias. Por ejemplo, los poemas sobre las obras de Michael Landy, Elizabeth Magill o Joaquín Cociña (“Nourishment”, “Parlous land” y “Una chica coja y analfabeta…”, respectivamente), parecen ser comentarios a los objetos artísticos en sí mismos. Estos poemas provocan la ilusión de supeditar su sentido a una existencia previa y, así, producen conexiones entre manifestaciones artísticas a priori desconectadas...

“Los Delicados Valles De La Modernidad” es un ojo que se abre a lo que me rodea, especialmente fragmentos de arte, partes de películas, libros. No responde a un proyecto unitario como la mayoría de los otros poemarios sino que el placer que me produjo la constatación del hecho mismo. El Cielo Protector, Donnie Darko, Pablo Burchard, dibujos de hierbajos que crecen en la ciudad. Al modo de un coleccionista atesorando momentos de asombro. El placer de la representación por  la representación. Gracias a Dios, no está solo, le preceden y le suceden poemarios de otra intensidad. Mi debilidad por las jugarretas quedó razonablemente camuflada.

En el poema “Grúas” escribes: “Este equilibrio podría ser una nueva clase de lenguaje”. Más adelante en el poema sobre “The sheltering sky”, se lee: “Si algo compartimos es nuestra sospecha del lenguaje”.
Entre ese lenguaje posible, el del equilibrio, y la sospecha, ¿qué es para ti la escritura?

Es una buena forma de definir el modo en que me aproximo al lenguaje, la comparto. El equilibrio y la sospecha de alguien que manipula material explosivo. Peligroso en tanto las palabras contienen energía y es buen poeta aquel que logra revelar toda la energía que pueden contener. Tensando hasta el límite sus capacidades de sentido, forma y significación. Cuando eso ocurre, la palabra se transforma en un cruce de caminos. Eso hago, parafraseando el epígrafe de Forrest Gander,  trato de mantenerme de pie donde el cruce sucede.


* Un momento propicio para el exilio es la reunión de 11 poemarios: “El dolor de los enjambres”; “Joseph Merrick. Diario del hombre elefante”; “La Jauría revelada”; “Persa”; “Víctor Sarmiento comprende el tedio”; “Cinco comarcas”; “Máfil”; “Pucara”; “Los delicados valles de la modernidad”; “Cocaví”; y “Nuevas impresiones del litoral”.

(1) El poemario “La jauría revelada” cuenta con las siguientes secciones: Olguín 8400; Sobre el héroe Hernán Olguín; Sobre las actividades de Hernán Olguín y la relación de estas con eventos recientes; 37 mujeres calvas; La jauría revelada; El cielo enrojecido.

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