14 junio, 2011

[Oliver Welden y la luminosidad de la Oscura Palabra]. Por Daniel Rojas Pachas

Oliver Welden es un poeta chileno nacido en Santiago el año 1946, participó en la Revista Tebaida desde el extremo norte del país y es autor de Anhista, Perro del Amor, Fábulas Ocultas, y de los inéditos Corazón de la Sangre, Testimonio del Escriba y El libro de Eugenia. Recientemente LOM Ediciones publica su libro Oscura Palabra del que el poeta y editor de Cinosargo, Daniel Rojas Pachas nos escribe. Continúa leyendo y conoce más de Oliver Welden.

Oliver Welden y la luminosidad de la Oscura Palabra

"y a los autores jóvenes me gustaría gritarles: basta de farsas, ustedes entrarán también en el negocio porque la literatura es el oficio más blando".
Enrique Lihn

Con Oscura palabra (Santiago: Lom, 2011) Oliver Welden rompe su silencio, jamás creativo, pero sí a la hora de hacer pública su voz y poesía. El año 2006, Welden reapareció con Fábulas Ocultas a través de Ediciones Lar del poeta Omar Lara, previo a eso se mantuvo en el anonimato por treinta años, ajeno a las cofradías y tabloides literarios pero siempre en el recuerdo de los lectores enterados que seguían su pista y coordenadas a partir de la huella y mordisco de su Perro del amor, libro de culto a estas alturas.
Perro del amor tiene a la fecha dos ediciones: la original, editada por Mimbre en los años setenta cuyo diseño e ilustración, tanto de portada como interiores, estuvo a cargo de Guillermo Deisler; treinta años después aparece una versión bilingüe del libro (inglés/español) titulada Love hound (Host Publications, 2006). La traducción estuvo a cargo de Dave Oliphant quien también tradujese los poemas de Lihn y Neruda.
Welden es sin duda uno de los secretos mejor guardados de la poesía chilena de los sesenta. Su figura se alza no sólo como la de un creador notable sino también como la del gestor y editor detrás del proyecto Tebaida, revista pionera en su género y proyección, hermana de Orfeo, Arúspice y desde luego Trilce, que aún está vigente a cargo de Omar Lara.
De todos modos el texto que me convoca en esta oportunidad es Oscura Palabra, libro polifónico y de comunión en el que se dan cita como en un oráculo, susurros, múltiples actos de habla, fechas, medios de comunicación, lenguas, poetas, ecos, voces y retazos de una historia de fisuras, adioses, huerfanías, derrotas, exilios y retornos por medio de la palabra a lugares y momentos que ya no existen.
En el poema Mapa para viajar de regreso a lugares que ya no existen, el poeta nos dice:
Astrolabio a vuelo rasante
sobre los techos de teja del barrio:
el tiempo es una tripa que jala
la memoria de lugares distantes
-un pucará de Antofagasta,
el patio de la casa de la infancia-
(…)
es el final de un sueño
en el que emprendo el viaje
La dedicatoria del libro al hijo, completa esta trayectoria, pues se trata de una invitación a la generación siguiente, es el umbral de la obra y una pieza clave para entender el núcleo y la médula que edifica esta oscura palabra.
Para Jonathan, mi hijo:

Oscura palabra de la cual me hablaron tantas voces,
/tantos años.
La que se escribe pasada la medianoche
En una lengua que se finge desconocida.
Oscura palabra que en silencio apuntala el andamio
/del pasado
Y la arquitectura fantasma de todo lo vivido.
Se trata parafraseando al autor, de un verbo que señala las cosas que se piensan, revelación de muerte y sueños no cumplidos. Es la verdad que se repite y permanece como un eterno retorno apuntalado por el lenguaje.
Los invitados a este festín son una muestra variada y ejemplar de voces y destinos que anidan y dialogan desde el epígrafe o la cita descentrada, podemos en esa medida encontrarnos con el mester de juglaría que recita el poema del Mío Cid, principios de la tradición y retórica, relato primigenio oral y mutable sobre el exilio, la guerra civil y el extrañamiento de héroes silenciados por injusticias y agravios perpetrados por los que detentan el poder, por tanto Ercilla no podía faltar, otro extraño situado en tierras a las que cantó inmortalizando el desgarro y la sangre derramada a causa del avasallamiento y conquista del otro… a partir de ese punto… el libro se abre como un bricolage en que poetas nacionales y escritores contemporáneos a Welden, compañeros de ruta como Ariel Santibáñez, Miguel Morales “el tipógrafo Huraño” y desde luego Omar Lara, José Martínez Fernández y Alicia Galaz, van (re)construyendo junto a los versos de Welden un paisaje brumoso, un bosque en que cada árbol es indispensable para entender la composición total, que difícilmente podemos comenzar a atisbar.
Welden da a la estructura de su libro, la función que Genette reconoce al bricolage como mecanismo. El bricolage superpone y entreteje la disonancia entre elementos co-presentes, a fin de dar sabor al conjunto, en otras palabras, refaccionar. Antiguo arte de hacer algo nuevo con materiales viejos.
En ese tránsito no excluye la voz y palabra de los vencidos, del hombre común, la prensa del momento, las transmisiones radiales que dan cuenta de aquella épica y en esa medida el dictador también tiene protagonismo y espacio para confrontar y desnudar los ángulos y aristas de una época.
Por ende, todos los presentes y arremolinados en el vértice de “Oscura Palabra” ayudan a recorrer pasajes con una percepción ajena al juicio y rencor, el poeta se resiste a caer en la autoconmisceración, la culpa o venganza. Ya que pese a abordar horas trágicas de la historia, el día en que Chile se quebró, la actitud del poemario más allá de ser una crónica lineal, abre focos y ángulos de interpretación, ex-pone desde la imbricación las tachaduras y puntos ciegos del ojo dando vida a una voz que propone ensayísticamente: es decir, de manera fragmentada, discontinua y exploratoria como dice Martín Cerda en su Palabra Quebrada. Esta situación permite restablecer, por así decirlo, la zona de validez de todo escrito que, como el ensayo, no pretende hoy “ex - poner” una visión o un saber total (y muchas veces “totalitario”), sino introducir una mirada discontinua en un mundo que, en lo más sustantivo, se oculta o se enmascara con diferentes ropajes y lenguajes “totales” monolíticos y opresivos.
Por eso la poesía de Welden más que ser un escrito en piedra o sentencia, es una realidad flexible que se interroga y responde fomentando el diálogo con otras escrituras que emergen y cobran mayor fuerza o sentido al reintegrarse como fragmento a una nueva totalidad. Operación que nos lleva a cuestionar el origen de la cita, su propósito y destino al reincorporarse. Es así que frente a la poesía de Welden, Albert Camus inquiere: La tiranía totalitaria no se edifica sobre las virtudes de los totalitarios, sino sobre las faltas de las demócratas y el dictador por su parte, señala en el poema Tyranus:
no se mueve ninguna hoja en este país / si no la estoy moviendo yo / que quede claro.
Los tiempos y discursos se confunden y mixturan pues un homólogo en el rol de dictador, sólo que romano, agrega:
yo sé todo lo que se dice / y todo lo que se hace / y todo lo que se piensa
para culminar la cita en el poema que inquiere:
míos son el litoral, la cordillera, el valle central, y la vida del pueblo y la muerte del pueblo (…) tres veces mías son: la muerte y la vida.
La dialéctica de este viaje en que discursos se cruzan y fisuran, Welden la precisa de modo directo en el poema viaje imaginado.
La percepción es más importante que la realidad,
por ello le digo que yo aquí percibo una equivocación,
pues este viaje del que usted me habla no existe:
jamás se hicieron las maletas y si me registra los bolsillos
verá que no tengo billete comprado para bus, tren, barco,
/o avión alguno
Nadie, vea, ha cruzado la cordillera de los Andes
hacía ningún país trasandino, ni hay visa para Europa.
(…)
A ningún presidente le volaron la cabeza
levolaronlacab
ezalevolaronla
cabezalevolaro
nlacabezala
cab
eza
y nunca una mujer fue violada.
Todos los obreros están vivos.
Yo no pienso en el Océano Pacifico en la costa Atlántica.
Esta maleta no existe: este viaje no se ha hecho nunca.
Es así que la gran historia, el telón de fondo gana perspectiva ante la intrahistoria o el encuadre del sujeto testimoniante que enfrenta su épica diaria y los eventos abismantes desde su ubicación particular ante el siniestro.
Como dice Betancourt en el prólogo al libro: En este caso, la mirada ha logrado abarcar la totalidad del bosque y la fisonomía particular de los árboles, iluminados estos a veces por el rayo de luz que fulmina y, por instantes, con sus figuras recortándose contra sombras acechando en la borrasca. Pareciera ser que tenían que transcurrir muchos años de intensa existencia y obstinada meditación poética por parte de Oliver Welden, para conseguir el tono de voz precisa -entre la exaltación y el susurro- para da cuenta de una realidad que aún no acabamos de asimilar en toda la magnitud de sus consecuencias hasta el presente.
Se conjuga el viaje como memoria y la escritura poética como un precario intento de emular una máquina de tiempo, Lastra lo piensa del siguiente modo:
La memoria efectúa el mismo trabajo que la escritura: la creación simbiótica entre la memoria y el lenguaje. Aquí quizás el tiempo/el mal se justificaría: es el elemento de la duración y también lo que se elimina en el acto de la creación poética en que el tiempo se resuelve en el presente "inmutable" de la escritura: la imposibilidad de reconstruir el pasado en cuanto tiempo existencial toma en el presente de la escritura que lo anula, la forma de lo remoto, lo desconocido, lo perdido, lo cerrado.
Por ello el autor/lector de su realidad, se (re)escribe como protagonista, espectador y en definitiva cómplice de todos los hechos relatados, pues sin duda ha jugado un rol en esta historia o sueño colectivo en el que la inocencia es lo que se tensiona… al punto que nos invita a llevar la batalla y la revisión de la historia a otro plano, a la consciencia del sujeto y su responsabilidad por acción u omisión ante lo acaecido y asimismo ante las pugnas diarias que se siguen librando en todas las esferas del globo… Betancourt agrega: El enfrentamiento cotidiano se da en las arenas de nuestra propia consciencia y es aquí, entonces, donde encontramos el corazón de este libro, su quid poético y político: La inocencia no existe. Y si hubo o hay tiranías, es porque fuimos y somos débiles o no fuimos ni hemos sabido ser todo lo enérgicos e inclaudicables como debimos y debemos ser. Enérgicos para ser profundamente demócratas, inclaudicables, en la búsqueda más urgente y acérrima de formas más avanzadas de civilización, justas, solidarias y fraternas.
Para los poetas, aquellos que pretenden estar fuera del oficialismo monolítico que manipula la verdad con un franco carácter referencial e impositivo de la palabra, los versos cobran una doble exigencia pues esta actitud de no ceder se conjuga con lo que Lihn reclama dentro del libro de Welden: y a los autores jóvenes me gustaría gritarles: basta de farsas, ustedes entrarán también en el negocio porque la literatura es el oficio más blando.
Welden rompe la opacidad de la palabra y genera una sustancia poética que no actúa con imperativos o posiciona artificios aéreos o fantasmales como verdades, por el contrario, dialoga. Su palabra oscura transparenta los errores del camino que se muestra desde el monólogo como único. Welden y sus versos iluminan el túnel unidireccional de la historia demostrando una vez más que la literatura y la poesía constituyen una ramificación a puertas, ventanas, entradas y salidas escénicas por las cuales podemos perdernos y (re)encontrarnos con total libertad.

Lee también:
Perro del amor (PDF).
Entrevista a Oliver Welden. Por Carlos Amador Marchant (enero 2008, Revista Extramuros).

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