30 enero, 2011

[Posibilidad de una historia]. Por Víctor Quezada


EME/A La tristeza de la no historia (Ediciones Altazor, Lima, Perú, 2010 y Cuarto Propio, Santiago de Chile, 2010) es la segunda novela de la narradora chilena Claudia Apablaza (Rancagua, 1978). Estructurada en cinco partes, esta novela trata de un tránsito: ese que va desde la literatura a la vida, desde cierto absurdo hacia la experiencia de lo íntimo.
“…con ella es la oscura
vida, radiante,
¡y a mis ojos los antros
son nidos de ángeles!”
José Martí

Sin embargo, tal desplazamiento de la literatura a la vida no es simple. En la primera parte de la novela: “S(s) y la No historia”; leemos lo que podríamos caracterizar como la inversión de la biblioteca universal, la imagen del libro total que revestía la angustia moderna de no poder leer todos los libros, dado el explosivo incremento de las publicaciones con la llegada de la imprenta (e.g.). En este capítulo -que puede leerse con cierta independencia del resto de la novela-, se traba el proyecto de crear una biblioteca de manuscritos inéditos (“el proyecto de la no literatura universal”); una vez publicado algún inédito, se procede inmediatamente a su destrucción. Por supuesto, cuando esta biblioteca encuentra éxito, comienzan las traiciones, los robos y la lucha por el poder que podemos atribuir a “la cultura” como campo en disputa continua.

Con la segunda parte de la novela (“Manuscritos de la No historia robados por S 1986”), se da paso a una exhibición de algunos de los manuscritos inéditos reunidos en la primera parte. La importancia de estos fragmentos para la narración, radica en la aparición de EME/A, personaje que va adquiriendo diferentes realidades y posiciones, desde la de un músico minimalista hasta la de una colectividad, pasando por cierta identificación con la autora, pues: “EME/A was born in Chile in October, 1986 […] She has published the novel ‘Diario de las especies’ (Lanzallamas, Chile; Jus México City, 2010) […]” (Pág. 37). También, a través de estos fragmentos, se introduce la historia de amor entre EME/A y la narradora y de cierto comidillo entre ambos y otra mujer que ejerce la crítica literaria.

De aquí en adelante, la historia cambia radicalmente, se dejan aquellos procedimientos “experimentales” con los que regularmente caracterizamos la “metaliteratura”, para encontrar aquella “verdadera” no historia: “Debo salir de esta cesantía chilena para lograr la verdadera no historia, común a todos y a nadie, historia de todos y de nadie […] no historia que nos pertenece a todos los chilenos, sin distinciones de clase, de etnia, de edad y ni de dientes caídos” (Pág. 67).
Esta diferenciación de calidades de la materia novelable es interesante. Por supuesto, la historia “verdadera” tiene naturalmente que ver con la “vida misma”, y en términos literarios, con cierto “realismo” (la obvia paradoja de esta cuestión es tradicional: mientras se privilegia una verdad de la vida, se acepta que existe otro plano de realidad, el de la representación que, en la medida en que es una secundariedad, revela su carácter falso, de sucedáneo, en el mismo sentido en que se condena a un lugar ficticio la historia de los primeros capítulos en EME/A, por la búsqueda de la historia llana).
En tal sentido, la aparición de Manuel Rojas viene a representar una especie de Virgilio (¿sombra u hombre?) que guía a la protagonista hacia el encuentro de lo cotidiano:
“[Javo] me dice que debemos ir de compras, ir a comprar las cosas del supermercado, que hace falta pan, huevo, quesos, confort, pendeja, hacen falta cosas en el refrigerador y me gustaría que me acompañes a comprar y luego cocinamos y luego limpiamos la casa […] así que te pido que te levantes, cierres el PC y vamos […] a comprar las cosas necesarias para la casa y para que esto siga pareciendo una casa y no un peladero o una casa deshabitada” (Pág. 78).

Apuntes sobre la posibilidad de la (no) historia

*La posibilidad de la (no) historia: la de amor, aburrida, aquella materia relegada a la literatura de folletín, a la cultura de masas, negativizada desde la posición del intelectual.
*La posibilidad de la historia: grandes hombres / trascendencia en lo fugaz / el absurdo.
*¿Cuál es la posibilidad de la novela? ¿Por qué enmarcar, cubrir, ocultar con ese sucedáneo que es la metaliteratura -el experimentalismo, la neo-vanguardia- el aburrimiento de lo cotidiano, despojado de alguna sublimación? ¿Qué condiciones históricas hay detrás de la necesidad de recubrir lo cotidiano?

*La metaliteratura (el experimentalismo, la vanguardia) como un mecanismo de exclusión social.

Lo interior, lo ininscrito

“Es la tristeza de no haber sido, de no haberse alcanzado a sí misma
para ser desde ahí todos los derivados que compone
ese ser trazos, historia y citas”. Apablaza. Pág. 93.

Ese resto inenarrable que es la representación posible de lo cotidiano, la película dentro de la película y que es pura individualidad en CQ de Roman Coppola, la que se filma en los momentos en que el apremio del mundo parece ceder a la interioridad (luego del trabajo, en el baño, sobre las camas de nuestros hogares). Sin embargo, lo interior permanece in-inscrito, la película no se filma. Así, la categoría del autor, o esa instancia autorial que se confunde con el sujeto histórico que ocupa el lugar de Eduardo Labarca en Butamalón, el sujeto enfermo en Whitechapel, aquella entidad fantasmal en Guía para perderse en la ciudad, el yo detrás de la enunciación del yo en Higiene y Arte Tábano de Ernesto González, o, mucho más consistentemente, Equis, el personaje incógnita (pues todo sujeto es una incógnita) en La nave de los locos de Cristina Peri Rossi (1984). Aquello que escapando al mundo no puede sino situar su irrupción en el espacio histórico del mercado, aquella parte de lo cotidiano que pretendemos negar a través de lo interior.

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