31 octubre, 2010

[La angustia de las influencias: poetas chilenos de los 90]. Por Víctor Quezada

El presente texto fue expuesto por Víctor Quezada en el marco del congreso de literatura Poesía y diversidades organizado por la Universidad de Chile y trata sobre la suma de ponencias titulada La Angustia de las influencias que reune textos de gran parte de lo que se ha hecho llamar la promoción de poetas chilenos de los años 90.

La angustia de las influencias: desdoblamiento y legitimación

La necesidad de definir

Las poéticas históricas, a saber, la idea de lo literario en un tiempo determinado es –para Sigfried Schmidt- la formulación de la “conciencia” que una sociedad tiene del dominio de la comunicación literaria: conjunto de actos sociales realizados sobre la base de convenciones, normas, etc., por mediación de un código admitido por los participantes de este proceso. Con sus respectivos productores, intermediarios, receptores y agentes de transformación, el proceso de la comunicación literaria implica dentro de sus reglas esquemáticas, primero, que los productores escriben para un público receptor con la intención de participar algo a alguien; segundo, que los intermediarios y agentes de transformación sólo pueden ejercer su función si comunican con otros a propósito de los textos literarios y, por último, que el receptor debe construir una relación de comunicación con el texto, es decir, aceptar el texto como fuente de informaciones.
Pero todo esto no pareciera tener mayor sentido si entendemos a la literatura como una simple transferencia de informaciones, pues sabemos que no es cierto a priori que la literatura sea una fuente de información fiable acerca de otra cosa que no sea su propio lenguaje. Y he aquí que el factor define dicho proceso de la comunicación literaria es el código mediante el cual se produce tal información; código que es consecuencia de un pacto al que tanto productores como receptores suscriben y por el cual aceptan no confundir referencialmente las aserciones de un enunciado literario.
Entonces, lo literario se definiría como un discurso con un alto grado de autonomía referencial que utiliza un código de lectura descifrable por una “conciencia pública”. Sin embargo, tal código, además de no ser transparente, involucra a la hora de ser decodificado, un residuo ineludible de indeterminación, o una dimensión topo-tropológica, retórica si se prefiere, que no es asimilable en términos gramaticales, lógicos o fenomenológicos, es decir, que escapa a la simpleza de la traducción entre signo y denotado.
Lo significativo para mí de esta idea no es la propuesta en sí, sino la problematización que le sirve de base: aquella necesidad de definir la especificidad de lo literario, que –por otra parte- nos habla de un problema aún más profundo y tradicional en el ámbito de la teoría y crítica literarias, pues el interés teórico del estudio de la literatura (o de la literatura en sí misma) consiste en “la imposibilidad de su definición”, como escribiera por la misma década de los 80 Paul de Man en “La resistencia a la teoría”.
Lugar desde el cual podemos hablar ya no solo de un discurso literario fijo sino de discursos literarios que van configurando un entramado complejo, en el que la crítica, el testimonio o aquellos llamados géneros referenciales (modalidades de la narración), además de la poesía y la novela, comparten características de indeterminación.
Con igual grado de autonomía referencial, el interés de la crítica, anejo a la profesionalización y especialización de los estudios literarios, perdió la autoridad en el conjunto de la práctica social durante el siglo XX y, especialmente, en el contexto chileno de los años 70 y 80. Y es que en Chile es imposible pensar estas transformaciones del discurso crítico sin tomar en cuenta la situación dictatorial y el ingreso al neoliberalismo en la economía, por lo que la poesía y la crítica de poesía en particular, cayeron en un desprestigio paralelo al desprestigio del pasado político inmediato, cuestión que sin lugar a dudas influyó con fuerza en la manera de entender la literatura crítica, en la que atestiguamos una preeminencia cada vez mayor de ejercicios de desplazamiento retórico.
Pero, aparte de integrar en su entramado la encriptación del discurso en virtud de evadir la censura, generó signos de lectura múltiple que operaban sobre el concepto de institucionalidad del lenguaje perfilando su trayectoria hacia cierta clandestinidad. Como afirmó Nelly Richard en el suplemento Literatura y Libros del diario La Época, en 1990: la crítica “aprendió del autoritarismo a organizarse bajo el signo inequívoco de la denuncia para oponerse a la oficialidad represiva”.
Hoy, suspendida la mecánica oposicional, la realización contemporánea de la crítica, diremos, prolonga las características de especialización en su vertiente teórica, quizás cada vez más autosuficiente: aunque en el espacio extra-académico adquiera variaciones en su modelo de producción y recepción gracias a la mediación de soportes virtuales, que abren –presuntamente- su horizonte a un público amplio -no necesariamente instruido en el metalenguaje teórico- de escritores y aficionados a las letras. Habría que preguntarse, sin embargo, si algo ha cambiado en la relación entre tales discursos literarios adyacentes y el conjunto de sus receptores o si este público se ha diversificado verdaderamente en vez de replicar las mediaciones ya tradicionales de la literatura crítica, pues, si bien, junto a estos nuevos intermediarios, el espacio de la democracia ha puesto énfasis en la cultura a través de la instauración del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, lo que debiera traducirse en un aumento y diversificación del público receptor, constatamos más el incremento de la publicación de libros de poesía en instancias locales o domésticas no legitimadas (aunque no por esto menos legítimas) que una política de difusión robusta de la poesía que vuelva a posicionarla en el circuito de la comunicación literaria o de la industria de la cultura, si se prefiere.

Del desdoblamiento del escritor

En este sentido, la aparición en el año 1999 de la suma de ponencias que son el objeto del presente texto, “La angustia de las influencias: los poetas leen a los poetas”, encuentro de poesía en el que participó parte de lo que por esos años, principalmente Javier Bello, llamó promoción de poetas de los 90 o Cristián Basso y Carlos Baier etiquetaron como novísima poesía chilena (“22 voces de la novísima poesía chilena”. Editorial Tiempo Nuevo, 1994), vino a manifestar la tensión entre un saber legitimado y estable y una, digamos por ahora, pluralidad de saberes irregulares. Consigna que ya venía siendo -con el trabajo de Nelly Richard, Patricio Marchant, Soledad Bianchi o Pablo Oyarzún- una exigencia para la vida académica y el discurso crítico en trance de reconstitución. En palabras de Oyarzún: “Es preciso volver excéntrica la universidad, cruzarla de exterioridades y someterla a un proceso crítico de deslegitimación” (“Anales de la Universidad de Chile”, Septiembre de 1995).
Si bien el encuentro “La angustia de las influencias” puede ser leído bajo la exigencia general arriba mencionada, acoge una dimensión fuertemente tópica: aquella tradición moderna del desdoblamiento del escritor que marca la relación de contigüidad entre los trabajos artístico y ensayístico (de la que Joaquín Edwards Bello, Enrique Lihn o Diamela Eltit son fieles representantes), que, a la par de la producción de imágenes simbólicas o literarias, produce un análisis crítico derivado de ellas, en virtud de modelar –estos discursos complementarios- una poética autorial que suscita, primero, el reconocimiento de que el lenguaje es histórico y, segundo, que el propósito de la literatura es revelar los sentidos del lenguaje, cuestión que deriva en la filiación política de una obra.
Las características de tal actualización tópica (con las deficiencias particulares del caso de estos escritores en proceso de constituirse como tales) vienen a conjugarse a través de cinco temáticas generales que me gustaría resaltar aquí ya que definen la inserción de dichos saberes irregulares dentro del espacio de la universidad.

1. Como primer punto de importancia, atestiguamos que la situación de enunciación general de estas ponencias obedece a un horizonte de producción donde las identidades o subjetividades son inestables. A este respecto, Damaris Calderón nos habla de un: “Soliloquio del individuo, donde vuelve, sobre ellos, a cumplirse, como sobre Casandra, la maldición apolínea: pueden ver, pueden profetizar, pero nadie les cree. (…) El siglo XX no ha sido más indulgente: marginalidad, locura, suicidio, son los compartimentos en que se ha tratado de reducirlos [a los poetas]” (Los poetas se mueren de vergüenza).
O a un horizonte de producción donde es imposible una voz única y segura de sí misma: “no contamos con figuras del peso ético, político y estético que tuvieron los grandes autores de la poesía chilena”, agrega David Preiss.

2. Sin embargo, de lado de esta doble situación, que enfrenta y asume el prestigio del poeta en la sociedad, por una parte, y, por otra, a la tradición de los grandes nombres de la poesía chilena, encontramos el privilegio que la mayor parte de los poetas le otorga al habla poética como una modalidad de “conocimiento alternativo”. De confrontación con el método científico, en principio, pero que transcurre hacia la apercepción y comprensión del otro y la exploración metafísica a través del diálogo con: el sustrato misterioso de la vida; la representación de realidades marginales; el discurrir sobre las heterotopías y el irracionalismo; o el diálogo con una memoria asediada en razón de propiciar su advenimiento fragmentario.
De tal manera, Yanko González nos dice que Metales Pesados (su primer libro): “problematiza en el fondo la emulación servil de las ciencias sociales a las ‘ciencias duras’ o ‘naturales’. Y lo hace a través de (…) la aplicación de un método distinto al método científico (…) la ‘comprensión poética’ y [de] una forma alternativa de representación que no es el típico informe, monografía, ‘paper’, ‘ensayo’ o descripción naturalista.” (Luxaciones). O Verónica Jiménez a partir de las figuras de Vallejo y Anguita: “de las formas diferentes con que [ellos] intervienen esta oración [el poema] nacen sus estilos personales. De las coincidencias que existen entre ambos, la lectura hace surgir la comunidad” (El poema es oración verbal de vida).
Aseveraciones detrás de las cuales atisbamos la intención de replanteamiento de la institucionalidad y el afán de generar una normatividad distinta, pues el gran misterio de la poeisis según Armando Roa consiste en “el vislumbramiento de un orden nuevo, refractario a todo formulismo simplificador, a toda normatividad homogeneizante” (De la poesía y las influencias).

3. La irracionalidad emerge como otra de las soluciones que van en camino de desbaratar la ideología dominante y la institucionalidad. Más particularmente en Javier Bello, tal cuestión se trata de imaginar la trayectoria de una trasgresión al arte de consumo y decoración, pues la poesía, para él, nace de un “sustrato previo al pensamiento” y debe, junto con desenmascarar la racionalidad de la vida diaria, ser (en sus palabras) “la trasgresión a un arte de la comunicación” aquel que “busca construir un mensaje de lo preconcebido y espera de los receptores la aceptación de un material codificable” (La angustia de las influencias: enigma tornasol), o sea, la poesía debe llevar a los lectores a presenciar el nacimiento de su propia condición histórica.

4. Condición histórica que para estos poetas es la de un Chile en el contexto de la transición a la democracia y que Ismael Gavilán nos relata a través de la problematización de la memoria como entidad homogénea, denunciando parte de los olvidos que operan en la construcción de una memoria literaria, o del canon, modo a través del cual él mismo se posiciona en el presente.
La recuperación y relectura de poetas como Rosamel del Valle, Díaz-Casanueva o Anguita (que es una constante en los poetas aquí reunidos), le sirven para afirmar que la exploración metafísica de sus poéticas, es: “en última instancia, el diálogo problemático con una memoria asediada que necesita ser replanteada una y otra vez, en una actualización que permita, cuando menos, establecer un registro de sí misma y su interrelación con la poesía de otras latitudes” ((In)tentar una genealogía). Problema que se enmarca en su propia búsqueda de materiales expresivos, pero que radicalmente es uno de los temas de la poética y crítica contemporáneas.

5. Según nos dicen estos poetas, la vertiente hegemónica de la crítica ha manifestado su incapacidad para hacer productiva la tradición de la poesía chilena, ocupándose simplemente de establecer una lectura lineal y definitiva, sin admitir, en tal entramado, la necesaria desviación y profundidad de una constelación lo suficientemente diversa como para no afirmar lo definitivo de una vertiente. Se hace necesario, entonces, repensar la posición del poeta frente a la tradición, pues aquellos grandes hitos de la poesía chilena no son sino notables excepciones al lenguaje poético nacional. O en palabras de Andrés Anwandter: “Hallarle, más bien, un espacio a la imagen poética en la espesura discursiva, ‘una imagen que brille entre dos estaciones de metro’, según la fórmula de un amigo: esa me parece una tarea pertinente en poesía” (Tráfico de influencias).

Conclusiones

El presupuesto que subyace a esta indagación es aquel generalizado que afirma que el sujeto crítico durante la postdictadura obedece en sus realizaciones mediáticas a una instrumentalización como efecto de la lógica del mercado. En este sentido, las pocas producciones críticas sobre poesía en los últimos años irían desde el silenciamiento y devastación del sujeto crítico, a la tentativa de su reconstitución poniendo énfasis en la disidencia respecto de las tribunas oficiales.
Si queremos leer la suma de ponencias de La angustia de las influencias bajo tal premisa, podríamos agregar que la función particular del desdoblamiento se integra a las ideas generales de la recuperación del sujeto crítico y de la necesaria deslegitimación de la institucionalidad universitaria, social y literaria.

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