16 octubre, 2009

[Marginalidad poética: Intemperancia de Héctor Figueroa]. Por Pablo Torche

El narrador chileno Pablo Torche nuevamente contribuye con La Calle Passy 061. Esta vez nos presenta Intemperancia del poeta nacido en Santiago de Chile Héctor Figueroa (1969). Publicado por ediciones Tácitas en 2008, Intemperancia es la reedición de Groggy (2002). Conoce más sobre Figueroa en la siguiente reseña.

Marginalidad poética. Pablo Torche

El año 2002 se publicó Groggy (Ediciones Esperpentia), primer y último libro del poeta Héctor Figueroa que, a falta de nuevas producciones de su autor, aparece ahora reeditado, con leves cambios y un poema nuevo, bajo el título un poco más convencional de Intemperancia (Ediciones Tácitas, 2008). Se trata por ende de un poeta que, salvo algunos pocos versos sueltos aparecidos en algunas revistas del rubro, parece haber dejado de escribir por completo hace ya algún tiempo. De alguna forma, este silencio persistente engarza bien con la temática principal de sus poemas que, como conjunto, constituyen una especie de oda a la marginalidad y la derrota, a una vida sentimentalmente estéril, que oscila entre el empleo precario y la cesantía, y se balancea siempre al borde del alcoholismo. Este tópico literario, aún cuando consistente y bastante logrado, no constituye sin embargo la mayor originalidad del libro. Ésta reside más bien en una interacción permanente con otros poetas y obras, en un intento siempre fallido de dar con una lenguaje poético que sirva para dar cuenta de un entorno vital de desprotección y fragilidad; una marginalidad entonces que es también literaria, lingüística.

Intemperancia entrega bastantes guiños, que permiten elaborar una construcción biográfica del hablante, sin la cual es probable que el libro no funcionara. De esta forma, bien al comienzo, nos enteramos que:

Algo quiso que ya en aquel entonces, con dieciséis años o tal vez más, paseando intranquilo por la arena húmeda de una playa del Litoral Central, bajo un crepúsculo quitasol, viendo las parejas caminar, entrelazadas sus manos, sin saber por qué, de pronto, todas las muchachas fueran un futuro imposible. (Como en cifra)

El libro está poblado de estas revelaciones fatuas de desahucio emocional, donde un amor relativamente idealizado es retratado desde afuera, como quien mira la calle desde la ventana. En cierto sentido, este breve trozo sintetiza bien la poética de toda la colección: un tono aparentemente desapasionado, pero lleno sensibilidad, imágenes arbitrarias y de sintaxis caprichosa y, sobre todo, la intercalación de escenas de un romanticismo idealizado, que parecieran ser sacadas de otro poema, en este caso, las parejas que caminan, con las manos entrelazadas.

Es el mismo tono que aparece para otras revelaciones similares en relación con las principales preocupaciones del poeta. Para empezar, el tema del “dinero” en el poema del mismo nombre: Y una sola cosa ocurre: trabajes mucho o poco, / el dinero no te sucede. En "Período de seca", abordando la nostalgia del amor sensual: De las botellas no han salido precisamente doncellas, / bellas genios, buenos augurios o princesas morenas; nos ha ido mal. En "Después de dos meses de claustro" el tema preferido del alcoholismo: Nociones de libertad están unidas al trago / pero dos internaciones ya, / una pública y otra privada. Y luego, de modo casi didáctico en "Despertando de la embriaguez en un día primaveral": La vida es larga y pesarosa / ¿para qué abrumarla con lloriqueos? / Por eso, como el colega chino / o como varios miles de compatriotas / paso las noches y los días, borracho.

A través de esta atmósfera decadentista, con resonancias un poco beatniks, se va construyendo un mundo poético propio en el cual, por extraño que parezca, parece surgir de pronto una frágil oportunidad de salvación. Se trata de fugaces visiones de amor o humanidad, que se cuelan en las cantinas y las fiestas pobladas por una fauna variopinta de borrachos, punks, trashers y escritores y artistas en potencia. Gorriones, flores azules y, sobre todo, claros o resplandores lunares –que aparecen en varias ocasiones–, son los signos que conforman esta precaria imaginería de la belleza en una urbe asolada por la pobreza y la precariedad, Conjurado con mayor efectividad en "Casa natal", este ambiente aparece también en varios otros poemas:

Humo y jazz,

muchachas pálidas y melancólicas

entrando y saliendo

como rayos de la luna en tu cuarto;

tristeza y locura, días inválidos,

jarana interminable a dos cuadras del Matadero.


La desconfianza general ante cualquier posibilidad de éxito en la vida, y en particular en lo que tiene que ver con el amor romántico, se emparenta con un escepticismo arraigado en relación con el lenguaje poético. El diálogo con otros poetas o escuelas se orienta en general a constatar la distancia insalvable entre el lenguaje poético de cualquier tipo y la experiencia. Las influencias o referencias son varias, entre las cuales las más reconocibles son la dicción rara de Vallejo, el tono de resignación o sosiego de Pessoa, Kavafis y Lee Masters, y, por sobre todo, el ánimo desencantando de Lihn. Parece que este poeta, con su anti-romanticismo un poco sobreactuado, su pesimismo sombrío y su tendencia constante a vigilar y auto-boicotear su propio lenguaje, es la única voz respecto de la que muchos de los poetas chilenos de las últimas dos décadas están dispuestos a reconocer algún grado de paternidad. Es al menos claramente el caso de Figueroa, cuya única adición nueva a esta segunda edición de su libro, es una especie de biografía versificada de Enrique Lihn, de dudosa calidad en tanto experimento poético.

Esta desconfianza de las modas poéticas, sin embargo, o, mejor dicho, su contraste con la visión de una realidad que escapa cualquier intento de “literaturización”, constituye sin embargo el mejor aporte del libro. Así, la desconfianza del amor, parece más bien la distancia radicalizada de un tipo de voz poética irrealista y vacía, de la cual el poeta escapa desesperadamente; y el debate o tráfico con otras formas o voces el intento de encontrar un lenguaje poético que efectivamente se haga cargo de la realidad, que diga las cosas como son. Esta tensión, a veces colapso, da lugar a los momentos más notables del libro, donde los experimentos literarios chocan con la realidad en forma de una abrupta coloquialidad. A modo de ejemplo, transcribo el que me parece el pasaje más destacado de Intemperencia, que creo puede constituir un buen cierre a esta breve presentación, y espero un aliciente para el lector:

¿…..? despertar de pie y borracho –situación repetitiva ad absurdum– como desperdicio que arrojó la ola antes del alba, pato y confuso, alrededor de una garita de micros en los márgenes delincuentes de esta ciudad asfixiada… (Tratar de hacer un poema objetivista acerca de la orfandad de los etílicos en las garitas de micro. Averiguar bien qué chucha es un poema objetivista.) (Período de seca)


Pablo Torche (Santiago de Chile, 1974): Narrador. Psicólogo (Universidad Católica de Chile) y Magíster en Literatura (Universidad de Londres). Ha publicado los volúmenes de cuentos Superhéroes (2001) y En compañía de actores (2004). Recientemente publicó su primera novela Acqua Alta por Emece Cruz del Sur (2009).


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