31 agosto, 2009

[Comunidades provisorias en la poesía de Jaime Huenún]. Por Vicente Bernaschina

Vicente Bernaschina, nos ofrece en esta oportunidad un prolijo artículo sobre Ceremonias y Puerto Trakl del poeta Jaime Luis Huenún. La versión común de la crítica en torno a la diferencia entre estos dos libros, (lo artificioso y esteril del último frente a la experiencia originaria de la memoria mapuche en el primero) es releída por Bernaschina en virtud de sancionar aquello que la crítica olvida: la existencia de una intención desarticuladora de los paradigmas desde donde el autor es habitualmente leído.

¿Poesía chilena? ¿Poesía mapuche? Comunidades provisorias en la poesía de Jaime Luis Huenún[1].

A pesar de lo obvio que puede parecer el tema de la comunidad en el proyecto literario de un poeta mapuche actual, de la misma poesía de Huenún aprendí que es necesario cuestionar justamente aquel tipo de sobreentendidos. Primero, del esfuerzo de trazar su tradición literaria: Vallejo, Arguedas y Mistral; y luego, de sus advertencias sobre las burdas expectativas que genera igualar identificación indígena con poesía étnica [2]. Así, adelanto que en la poesía de Huenún, tal como están las cosas, no existe comunidad posible. Quizás sólo la voluntad de construir una; y esto, siempre y cuando hagamos el esfuerzo. Pero no me malinterpreten. En la poesía de Huenún hay un marcado sentido utópico y una clara necesidad de fundar una comunidad concreta que pueda ofrecer una vida digna no sólo a los indígenas sino a todos aquellos marginados y oprimidos por nuestra sociedad. No obstante, esta utopía no dejará de ser justamente eso, una utopía y para más remate literaria y artificiosa, hasta que no se produzca una improbable transformación de la actual función social de la poesía y la crítica.

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Jaime Huenún en Antología en Movimiento.

Los libros Ceremonias y Puerto Trakl han sido interpretados de maneras distintivas y siempre como una afirmación de la versátil y lograda calidad estética de la poesía de Jaime Luis Huenún. En tal distinción, Ceremonias ocupa un lugar privilegiado, porque se compone desde la matriz discursiva del nütram –“la conversación mapuche que entrelaza retazos de mitos, recetas medicinales e historias de parientes y vecinos vivos y difuntos” (Huenún, Ceremonias, 47)– y parece proponer, desde un carácter testimonial, una reconstitución de la comunidad mapuche a través de las ceremonias del amor y la remembranza. Tanto para Hugo Carrasco como para Juan Manuel Fierro, la poesía de Huenún logra sobreponerse al pasado, conjurándolo, y propone en la poesía una posibilidad de reconstruir intemporalmente la memoria y el mito. Así, para Sergio Mansilla, ésta supera los binarismos simples y maniqueos heredados de la tradición judeo-cristiana. Su poesía va más allá de las limitaciones occidentales.
Por el otro lado, Puerto Trakl, con un carácter cosmopolita que cuestiona la imposición de esta forma de poesía étnica que el autor advierte como impostura, ha provocado en la crítica un esfuerzo por mantenerlo separado de Ceremonias. Siguiendo declaraciones del mismo Huenún sobre el carácter autónomo que quiso darle al mundo representado en el poema, construido principalmente a partir de sus inquietudes literarias, críticos y escritores, como Daniel Borzutzky, traductor de Puerto Trakl al inglés, se han visto en la situación de forzar una interpretación alegórica del poema que se avenga con las interpretaciones generales de la poesía étnica y su crítica del abandono en que se encuentran las comunidades indígenas ante los estados nacionales [3].
Y en verdad no tengo mucho en contra de tales propuestas de lectura, salvo su persistente afán por hacer una división entre lo que es una poesía aparentemente viva y productiva por el lado de Ceremonias, y una poesía literaria y autónoma que demuestra el agotamiento de la poesía occidental por el lado de Puerto Trakl. Lo que la crítica no ha notado y que es lo que a mí me parece uno de los aspectos más atractivos del proyecto de Huenún y algo fundamental para entender cómo su poesía nos interpela a nosotros, lectores y críticos, es que entre Ceremonias y Puerto Trakl se construye una reflexión poética que busca desarticular los paradigmas ya canonizados desde los que se los interpreta comúnmente. Dados los criterios de lectura y clasificación con los que se dirime la pertenencia de ciertas representaciones al espacio mapuche y heterogéneo, o chileno, occidental y cosmopolita, Huenún se juega por invalidarlos. En ambos libros, que me parece deben ser considerados complejas propuestas de sentido que interactúan dentro de un marco de representación mayor y no meras aglomeraciones de poemas, se da un despliegue de voces, motivos y recursos literarios que, informándose principalmente de las tradiciones de las que surgen, configuran periplos análogos: un viaje –temporal en Ceremonias y espacial en Puerto Trakl– a las profundidades del lenguaje en cada una de las culturas con que lidian, demostrando sus límites y las maneras que ensayan para construir algo más allá de la estancada y aséptica literatura.

Ceremonias, como ya he dicho, utiliza formas discursivas provenientes de la cultura mapuche, como el nütram y el ül, aunque animados por la lengua castellana en diversos registros. “Ceremonia del amor,” el poema que inicia el libro y que da nombre a la primera parte, hace uso del castellano de los conquistadores – lo más atrás que puede remontarse este idioma en nuestro continente – para referir el acto de amor que subyace a los nombres mapuches que recubren desde entonces a la naturaleza y a los seres humanos: “Los árboles anoche amáronse indios: mañío e ulmo, pellín, / e huelle, tineo e lingue nudo a nudo amáronse […]” y luego “Mesmamente los mugrones huincas / entierráronse amantes…” así como los propios huilliches: “E torcazos el mesmo amor pronto ayuntáronse / los Inallao manantiales / verdes, los Huaiquipan bravías / mieles, los Llanquilef veloces / ojos…” y así muchos más (Ceremonias, 17). Es decir, una celebración del amor en la que participaban todos, incluso los conquistadores, pero a la que, debido a su irrupción, ya no podemos acceder sino a través del castellano que se apropia de los nombres heredados.
A partir de este amor, que delinea la formación del primer discurso mestizo, el libro avanza en el tiempo hasta las primeras décadas del siglo XX. La segunda parte, “Ceremonia de la muerte,” se abre no con un poema, sino con un informe del fiscal militar Mayor Galvarino Andrade, fechado en Osorno el 22 de noviembre de 1912, en el que se describe, con la frialdad y exactitud de todo documento legal, la matanza en Forrahue de once mapuches por la policía local. De este informe se desprenden, entonces, una serie de poemas que aportan diversas perspectivas y voces sobre la violencia y la opresión que se deriva de la irrupción ya no de los conquistadores, sino del Estado chileno moderno.
Por último, la tercera parte, “Ceremonia del regreso,” se sitúa en el presente, desde donde el poeta testimonia el estado de cosas actual y recuerda a su familia y a sus antepasados, a través de una clara mezcla de registros y perspectivas: parlamentos, poemas en prosa, nütram, crónicas y la transcripción y traducción de canciones mapuches. Una confluencia de discursos que concluyen con el texto “Reducciones,” cuyo título alude al proceso de disminución creciente que enfrentan las comunidades mapuches forzadas a sobrevivir en campamentos, al ser despojadas de tierras y tradiciones. Este texto, especie de testimonio autobiográfico sobre los orígenes del poeta y sus relaciones con la historia y la cultura huilliche, si bien surge del lamento por la pérdida de las viejas sabidurías, al pasar de la prosa a la poesía termina con una determinación utópica: “Recuerdo en voz alta los nombres / de los sitios que habitaron mis abuelos […] / He de ir, me digo, he de oler / las hierbas de los puertos del Rahue. / Veré saltar las carpas en el río Bueno / y escucharé, a medianoche, la música / del barco de luz que vuela hacia el mar. / llevaré flores a las tumbas de esos hombres. / Mañana, me digo, mañana / cuando amanezca en el sol” (Ceremonias, 59).
Por su parte, Puerto Trakl, desde el título –juego entre el nombre del poeta austriaco y el de un plausible pueblo perdido en las regiones australes– inicia un diálogo con el canon poético moderno de occidente y se inscribe en él. Como libro, manifiesta niveles de significación temáticos, formales e incluso visuales que se conjugan sin referir necesariamente al marco étnico con el que se tiende a identificar al autor. Compuesto por diversas voces, expresadas tanto en estilo directo como indirecto –a veces no podemos identificar si la voz de uno de los poemas es la misma voz que inicia el libro–, el poema relata el descenso del poeta a un puerto imaginario y decadente en el que busca, cada vez con más desencanto, encontrar el modo y la audiencia para contar su travesía. Sin embargo, allí sólo encuentra viajeros mudos y borrachos en su abandono.
A lo largo de los veinticinco poemas que componen el libro, el mundo referido se va signando como artificial y literario: su descripción se hace a partir de referencias y citas a poemas centrales del canon europeo como del mismo Trakl, “Pan y Vino” de Hölderlin, “El cementerio marino” de Valéry y se va explotando un motivo que hoy ya parece lugar común a la hora de hablar de la experiencia del poeta moderno: el trauma y el exilio. Claro que junto a este motivo, en la medida que nos acercamos al final del poema, se construye uno secundario que adquiere cada vez más fuerza. Entre poema y poema, la voz toma conciencia de que existen otras cosas fuera del discurso que constituye al puerto y las voces que lo habitan: una mujer, el amor, sus hijos. En definitiva, su vida. De tal modo, en el vigésimo segundo poema, la voz termina por reconocer las condiciones del puerto ficticio en el que está y la necesidad de abandonarlo. El puerto para el poeta tiene una negativa intemporalidad: “La muerte y el tiempo son aquí extranjeros; / como el cambiante oleaje, nunca dejan huella.” Por lo tanto, “Otra tierra ha de hallarse mejor que esta colina, / mejor que esta bahía donde muere la luz. / Otra tierra ha de hallarse donde el pan sepa a pan / y no a sudor de hombres sin patria y / sin destino” (Puerto Trakl, 54). Recordando el final de Ceremonias, vemos cómo resulta altamente significativo el uso del imperativo y del futuro; sobre todo desde esa determinación negativa de la intemporalidad del mundo poético. Es necesario un regreso al tiempo de la vida cotidiana, fuera de esta artificial y homogénea tradición.
Tal propuesta, identificable en muchos de los poemas de Puerto Trakl, es la que, a mi entender, se conjuga con el discurso construido por Ceremonias, desafiando los modos en cómo se entiende principalmente la lucha que presenta la poesía en el mundo actual: desde la concepción romántica de la retirada de la naturaleza, hasta la posterior ideología del trauma –o sea, de Hölderlin a Trakl, de Baudelaire a Celan y entremedio Hegel, Freud, Benjamin y Heidegger– se insiste que el ritmo de la vida moderna, la mecanización del tiempo y su énfasis en la producción vuelven al mundo inhabitable y destruyen toda relación social. La función de la poesía, entonces, se comprende como un esfuerzo constante por construir, desde el trauma y la experiencia, un repositorio de humanidad frente al mundo mercantilizado y mecánico de la urbe. Así, el silogismo de la crítica sería: si el mundo de Puerto Trakl se evidencia artificioso y estéril, es porque la poesía occidental que pasa a nuestra realidad se ha mostrado incapaz de lidiar con el trauma. Sin embargo –celebraría la conclusión–, podemos estar tranquilos, porque está la poesía de Ceremonias que sí es capaz de recuperar una experiencia originaria de la memoria mapuche frente a la irrupción de la modernidad.
A mi parecer, esto es desplazar la lectura y cambiar los nombres, pero manteniendo en el centro la misma idea y, por supuesto, la misma ideología respecto de la función social de la literatura. Creo que es necesario retomar la coincidencia del uso del imperativo en ambos libros de Huenún, ya que ese deber impuesto desde la voz del poeta como una voluntad que parece venir desde fuera de la poesía misma, es justamente la tarea. Claro que no puede llevarse a cabo hasta que no se comprendan al menos dos cosas: uno, la manera en cómo perviven viejos modelos de clasificación y determinación de la función de la poesía en relación con las identificaciones indigenistas o nacionales; dos, la continua consideración de que la poesía, desde su trascendentalidad, hace cosas efectivamente más allá de la sordidez histórica. Se olvida que todas esas cosas que pretendemos que hace, las hace siempre y cuando exista una audiencia y un marco de interpretación que permita un diálogo con esa audiencia, estableciendo provisoriamente más o menos qué es lo que se dice, desde dónde, hacia dónde y para qué se dice.
Vicente Bernaschina
Saint Louis, Missouri
17 de agosto, 2009


Notas
[1] Texto presentado con algunas variaciones en la conferencia del LASA 2009, celebrado en Julio en Río de Janeiro.
[2] La primera declaración aparece en una carta que adjunta el poeta a los poemas que envía a la antología Ül: Four Mapuche Poets a cargo de Cecilia Vicuña y publicada en los Estados Unidos por la Americas Society en 1998. La segunda, pertenece a una entrevista con Elizabeth Neira, “Jaime Huenún: Busco una coherencia entre mi origen y mi obsesión escritural,” publicada en El Mercurio el 22 de febrero de 2002. Disponible en: http://www.letras.s5.com/huenun3.htm
[3] Sobre las declaraciones de Huenún respecto de la autonomía de Puerto Trakl, véase la entrevista con Yerko Bocic y Rodolfo Hlousek. “Jaime Huenún: Anclado en el puerto de la vida.” Revista Punto Final, 1 de diciembre, 2000. Disponible en: http://www.letras.s5.com/jh130705.htm

Algunos textos citados:
Carrasco, Hugo. “Jaime Huenún: Hibridez y Universalidad.” En: Hugo Carrasco, Verónica Contreras y Mabel García. Critica Situada: el estado actual del arte y la poesía mapuche = Rakizuam : pu mapuce tañi kimvn ka tañi vl zugu fahtepu. Temuco: Universidad de la Frontera, 2004.
Fierro, Juan Manuel. “Recordando en el viento. Mestizaje y memoria mapuche: Los rostros de la dualidad en la poética de Jaime Huenún.” Lucero. A Journal of Iberian and Latin American Studies 12 (2001): 65-71.
Huenún, Jaime Luis. Port Trakl = Puerto Trakl. Trans. Daniel Borzutzky. Notre Dame: Action Books, 2007. (Primera edición: Puerto Trakl. Santiago: Lom, 2001.)
-----------------. Ceremonias. Santiago: Editorial Universidad de Santiago, 1999.
Mansilla , Sergio. “Ceremonias: para alumbrar las viejas sabidurías: conversación de vivos y difuntos.” En: Jaime Luis Huenún. Ceremonias. Santiago: Editorial Universidad de Santiago, 1999. 11-14.

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