11 noviembre, 2008

[Bagual de Felipe Becerra Calderón]. Por Víctor Quezada.



BAGUAL, novela publicada en Perú por editorial Zignos (2008) del joven narrador chileno Felipe Becerra Calderón (nacido en 1985, tan sólo cuenta con 23 años y ya nos presenta su primera novela) es la historia de una pareja que se va a vivir al pueblo de Huara por motivos de trabajo: Carlos Molina, carabinero de la nación, junto a Rocío es trasladado al retén ubicado al costado de la Ruta Altiplánica de Integración. Allí, en soledad, cada uno sostiene una vida que visualiza la locura y la violencia, lateralizada esta última definido el ambiente de un estado militar y de tortura que se vive principalmente de lado del teniente Molina.





...después de este vacío interminable.

Se nos dijo que la novela chilena tiene básicamente dos paradigmas lo bastante poderosos como para constituirla en el desarrollo de la crítica literaria. Así, para Cedomil Goic, ésta se dividía en novela moderna y contemporánea, para Leonidas Morales se divide entre dos quiebres: el de un paradigma realista decimonónico que abre paso a la narrativa de vanguardia y otro quiebre hacia la postvanguardia narrativa. Lo importante aquí es el supuesto de que, con cada inauguración paradigmática, emerge una nueva inteligibilidad que transforma el arte narrativo. Marcada por la novedad, y según Ortega hasta etimológicamente definida por la novedad, ya que “novela” quiere decir “novedad”, la transformación sería parte constituyente del género: donde haya alguna medida de transformación el género rejuvenece y sepulta de paso a todas aquellas realizaciones precisamente ajustadas al paradigma epocal, respuestas a la vigencia de una sensibilidad que, poderosa, marca el ritmo y carácter de las producciones.
Un ejemplo claro de esto, me parece, ocurre con una novela publicada ya hace unos diecisiete años, La ciudad anterior de Gonzalo Contreras, muy celebrada su originalidad por la crítica, ganadora del Premio de Novela de El Mercurio (cuyo jurado estuvo compuesto nada menos que por José Donoso, Jorge Edwards y el cura Valente) y participante de algunos trabajos académicos, venía a demostrar quizás un avance en lo que a la novela chilena respecta. Se celebraba su absurdo y su irrealidad, la desolación de sus personajes y lugares intrigantes, su marcada filiación con la novela francesa, es imposible no recordar El mirón de Robbe-Grillet o El extranjero de Camus al leerla. Lo que decía la crítica al fin y al cabo era que su originalidad respondía a una idea de lo que durante la segunda mitad del siglo XX vendría a ser una novela, imposibles ya las condiciones de producción de verdad de un narrador omnisciente y, de paso, toda forma de experiencia abordada desde una generalidad discursiva. El énfasis se situaba sobre la ridícula y absurda vida del individuo en la sociedad moderna, cuestión que se manifestaba a través de modalidades de experiencia que correspondían, dado un vacío interminable, a la errancia, el sueño o lo absurdo, mediante una mirada descriptora de lo involuntario, trivial y casual con un fondo de incertidumbre. Esta novela, pienso, es tan una novela, tanto se parece a la novela contemporánea y/o obedece a la disolución de un marco de inteligibilidad realista, que deja de volverse relevante por situarse dentro de la masa indiscriminada de novelas que pasan al olvido (o la Historia).
Otro tanto pudiéramos decir de Bagual de Felipe Becerra Calderón, escrita desde tal horizonte de expectativas que nos dice que ya no es posible el realismo en la novela (y hablo del realismo decimonónico, vigente en Chile -como se nos hace creer- hasta la irrupción de Hijo de ladrón pero que en Emar, Bombal y Huidobro ya venía puesto en crisis, quizás superado) y que, es más, se muestra tal realismo ya injustificado a no ser por una apertura donde la distancia paródica o irónica del narrador desarrolle las mismas características que le otorgan inteligibilidad a las producciones narrativas contemporáneas.

Bagual, en su estrategia narrativa utiliza tres tácticas para la disposición de una historia sin una acción de importancia (y esta es otra de las características de la novela contemporánea –cuando hablo de novela contemporánea pienso en la producción novelística de pasados los 50 en Chile, con Hijo de ladrón de Manuel Rojas como baluarte de tal cambio en la perspectiva de Goic, para Morales vendría a ser significativa, en tal sentido, El Obsceno pájaro de la noche de Donoso. Es un supuesto en esta exposición que en Chile no se ha producido un cambio significativo en la novela que obligue a modificar dicha categoría). Y estas tácticas obedecen a un narrador básico, en tercera persona, cuyo conocimiento llega hasta la interioridad de los personajes, pero dicha interioridad es siempre puesta en duda. También, este narrador, enmarca el relato del teniente Molina (que es la segunda táctica narrativa) a través del registro que lleva en el libro de guardia de todo lo que acontece mientras dura su turno en el retén; se nos dice del libro de guardia que Molina está obsesionado por registrar cada una de las cosas que le pasa debido a la falta de cosas que registrar, incluso teme no escribir lo suficientemente rápido para capturar sus pensamientos. La tercera táctica obedece a un narrador plural en primera persona que se dirige ora a sí mismo, ora a un tú que puede identificarse con un lector implícito. Este narrador, es sino la voz de la conciencia de Rocío, una apertura a sus sueños y delirios. Consignable es la fantasmal presencia de este narrador múltiple que dice ser los hijos de Rocío, hijos perdidos o futuros, los dos en realidad. Los perros salvajes, los baguales, no la dejan dormir en su solitaria casa en Huara, es aquí donde se accede al espacio de su inconsciente. Inconsciente que hacia el final de la novela encuentra una realidad en la relación que le cabe con su marido, quien también asiste a dichas alucinaciones (quizá hipnóticas), reducidas a la figura de un niño y un perro en el horizonte.

Más allá de todo esto, Bagual corresponde con certeza a esa novela arriba descrita, y no representa una novedad mayor. Lo que parece interesante en Bagual es menos lo que nos dice del contenido de la conciencia, los sueños y (des)propósitos de sus personajes que lo que no se nos cuenta y debemos imaginar. Es aquí donde emerge una arista importante en esta joven novela, latente una violencia y un estado de tortura que se manifiesta adecuado y verosimiliza la condición frágil y desequilibrada de Rocío y Molina, su vacío interminable.
El Profesor Destino o Doctor Tormento, Destino por su programa de radio ¡Buenos días Profesor Destino!, y Tormento, como le dicen los de Inteligencia y los Milicos; doctor con un amplio conocimiento de psicología e hipnosis. El papel de este Doctor en Huara es el de ayudar en las “técnicas de extracción de información” que el Ejército realiza a unos sujetos ausentes en la narración, técnicas de tortura en las que el Doctor ayuda mediante la hipnosis, induciendo a los sujetos a pesadillas que los fuerzan a soltar todo lo que saben.
La comuna de Huara, como sabemos, se ubica en la primera región de Chile, y uno de los poblados que la componen es Pisagua, lugar desde donde Molina tuvo que transportar a Tormento hacia Iquique y momento donde se conocen: en el viaje que olvida a los presos políticos, las torturas que estaban sufriendo, las pesadillas inducidas por Tormento. En aquel viaje traban amistad y una parte importante de la novela se olvida también, esconde su propósito alegórico.
Y la alegoría arruina, sin más, sus referentes: esto es lo que importa.


5 comentarios:

V. dijo...

Víctor,
me gustó mucho la reseña. Sobre todo en la posibilidad de mostrar cómo las suposiciones sobre el deber ser de una novela contemporánea hace aguas. Me quedan unas preguntas y espero me las puedas contestar. ¿De qué Pisagua habla la novela? ¿La cárcel que sirvió para retener a los soldados peruanos durante la Guerra del Pacífico; el centro de detención de 1956, a cargo de un tal Pinochet -un Pinochet que, según se excusasn los militares, compartía el apellido con otro y que llevó a esas confusiones históricas tan sutiles que finalmente no permitió que el que no estuvo en Pisagua siguiera con su carrera militar, dejándole abierto el camino al que sí estuvo-; o el Pisagua del 73? Y entonces, qué Ruta Altiplánica de Integración se nos presenta, considerando que el proyecto turístico que encarna nace en 1998 y hasta hoy no se consolida?
Saludos.

V.

Víctor Quezada dijo...

Si, Vicente, esa cosa de la ruta altiplánica es de esa fecha y todo. Pisagua es nombrada tal vez dos veces en la novela y solo es un lugar al que van los milicos pero nada más, la relación del DOctor Tormento con Pisagua y los milicos sale consignada en una única página y otro episodio de celebración del 18 de septiembre. Creo que la idea es proponer la persistencia de un estado dictatorial o sus fantasmas, también hacer mención de la historia de Pisagua y el presente en Chile. Y esas cosas que juegan con los tiempos. Creo que es una buena duda la tuya, aún pienso que también es dificil sacarse de la cabeza el 73, ya tan un tópico de la crítica y el estudio de la literatura contemporanea, no sé qué pienses.

V. dijo...

Víctor:
Pienso que hoy se ha vuelto un tópico tan marcado que a veces hace más mal que bien. Por lo mismo te hacía la pregunta. O sea, mientras me interesaba por la novela, me iba preguntando de qué modos diferentes la novela podía ir haciéndose cargo de la historia del presente a través de esas desarticulaciones del referente directo. Por eso me pareció interesante que si bien se dan esos nombres claves -Pisagua, 18 de septiembre, integración altiplánica, etc.-, no aparecen, al menos como tu los presentas, como elementos fijos. dan la sensación de que pueden suceder nuevas cosas a partir de lo que escapa al tópico institucionalizado. Discúlpa que te pregunte lo siguiente: ¿qué tal el estilo, la prosa?

Víctor Quezada dijo...

Bueno, es una novela. Eso es innegable, lo que quiere decir que está, como toda prosa que puede llamarse novela, muy bien escrita. Ahora pienso que su estilo no es innovador, sino más bien repite modos narrativos que son como cartas bajo la manga, así como manuel rojas ocupaba esos monólogos interiores y los ponía entre parentesis (que es como autodelatarse en la treta), aquí se cree demasiado en la incertidumbre como fondo del que emerge una angustia irracional e ilógica, sin embargo la novela es totalmente verosimil como decía todo se corresponde de mejor o peor forma pero se corresponde.

.h.h dijo...

no seria mas facil
y mas productivo
leer la novela?

.h.h