11 julio, 2008

[Trazas de una poética]. Por Ernesto González Barnert.


Recientemente he escrito una pequeña presentación del libro de poesía HIGIENE de Ernesto González Barnert, texto que se presentó en el último post de este blog: LA CALLE PASSY 061. Hoy mismo, el autor del libro, ha dejado un comentario bastante largo en tal post. Al leerlo, decidimos sacarlo de ese lugar marginal que significan los comentarios a una entrada, y publicarlo como sigue, pues creemos que tiene un gran valor para entender su poesía ahora en otro sentido, íntimo de la producción.

Trazas de una poética
Al escribir me he pensado como el Quijote (también en figuras como Marlowe, Herzog y escritores*), quién en su género es un loco, un desplazado que se obstina en llevar sin remordimientos -y algo así como en un permanente ajuste de cuentas- una existencia soñada, que ocurre en otro tiempo, otro país, en una cultura diferente. Sí, un quijote que se mueve en un mundo que no se percata de su paso, no respeta para nada su creencia en la poesía como medio de sabiduría y de contemplación. Y lo atraviesa bajo una forma casi invisible, discreta, siguiendo los preceptos de unos libros que condicionan su vida. Lo que es obsoleto, en un sentido, resueltamente caballeresco aun cuando nadie atiende a su obsesión. Así voy en una marcha melancólica, como si debiera prepararme para la muerte, conservar cueste lo que cueste mi moral en un universo hostil, donde todo lo que hace remite a su propio fin, donde las imágenes traicionan los secretos, donde las ficciones que se desarrollan me dejan apenas un lugar minoritario. No se trata entonces de una cuestión mística o espiritual, sino más bien moral y estética. La mayoría de los personajes lamentan su esplendor pasado o soñado, y se entierran ya un poco. Yo, en cambio, si me entierro es para ocultarme, y saltar como un predador. Sin duda, mi poesía estudia el efecto de un cuerpo extraño sobre una estructura que ya hace mucho ha dejado de estar preparada para recibirlo. Mi poesía no es funeraria, no reacciona en oposición a un género raído por el uso. Busca más bien las conexiones, las historias que todavía se pueden contar con un material así, casi obsoleto en el pellejo, de un “hablante lírico” y otros que persisten en seguir habitando un lugar intermedio entre su leyenda y su vida miserable, bufones que siguen montando guardia cueste lo que cueste sobre un territorio reducido a nada. Sí, determinan un momento de claridad irreductible en un universo que se degrada poco a poco, reubican al personaje poeta, le redescubren, de alguna manera, sus buenos gestos, las buenas actitudes para lo que sigue dentro de un mundo que es liderado por una cultura visual, donde priman las imágenes. Aunque el cine todavía dependa ciertamente de lo escrito, pero pronto se aventurará hacia la imagen, la creación de imágenes por sí mismas.
Mi estrategia -en esta vida o justa verbal- como poeta se basa en la estrategia del Kung-fu. Y que no es más que la respuesta al gesto del otro y en su anticipación. La agresividad es reactiva, los primeros movimientos son esquivos. Me interesa ver los libros como métodos de aprendizaje de una vida, en este caso, del poeta. Y eso traté en esa obra que es Higiene y en está que es Trabajos de luz sobre el agua [este es el título del trabajo reciente del poeta, aún inédito]. Una poesía atravesada por la idea de transmisión de los conocimientos, de una cierta sabiduría, de una resistencia. Y en la que el lector puede reducir algunas, ampliar otras ideas. Pero no tachar. Tal que una poesía que no ofrece un saber sistemático, sino proposiciones, visiones que deben ser conectadas con otras, con algo personal. La poesía no puede ser reducida a un manual ni a la revisión filosófica de 2 o 5 filósofos del lenguaje. Sí, en mi poesía trato de que esté muy presente la posibilidad de intercambio con el otro. La Presencia de estar hablando una lengua muerta, al menos próxima a la muerte, entre puros cocineros. Mi poesía que no es biografía, pero soy yo.


*Lihn, Teillier, Costafreda, Flaubert, Stendhal, Kertesz, Chandler, Persio, Marcial, Horacio, Vizinczey, Nabokov, Bellow, Fitzgerald, poetas chinos, Bolaño, London, Auster, Bukowski, entre una centena más.

1 comentario:

Ernesto González Barnert dijo...

la aventura resulta entregada a un pasado y quien crea vivirla en primera persona y por vez primera, se percata de no ser más que un epígono, casi una ficción literaria o flatus vocis, una voz que transmite y lega un relato concluido, una aventura acabada. Con esa consciencia escribí Higiene y Arte tábano (juntos son mis trabajos de luz sobre el agua)