01 junio, 2008

[Elvira Hernández. La Bandera de Chile]. Por Rocío Cano.

Retomando el artículo sobre la poesía de Elvira Hernández en el contexto de la dictadura chilena y más específicamente en la década de los 80, me parece fundamental poder dar un paso adelante y tratar de desarrollar una lectura del poema desde una perspectiva textual, que sin obviar las marcas que dentro de sí se refieren a una situación en particular, rescata al poema en su dimensión estética. Pues la misma autora en un acto adivinatorio escribe: Nadie ha dicho una palabra sobre la Bandera de Chile.
Lo cual se ha cumplido casi a cabalidad, pues, prácticamente todos los trabajos críticos que hablan del libro funcionan en relación directa con el contexto de producción o con sus conexiones con una crítica de género. Lecturas innegables y necesarias para este texto, pero que, sin embargo, no lo agotan, es más, solo lo circunvalan. Federico Schopf, en el prólogo a la edición de 1991 de La Bandera de Chile, se refiere a que en la época de esta reedición se está logrando una visión de conjunto de los textos producidos en el periodo de la dictadura, lo que sería un primer paso para una discusión crítica sobre su carácter literario o, por el contrario, para establecer su valor ideológico, documental o testimonial. Hoy, a más de 15 años de estas palabras, encontramos que casi la totalidad de estos textos han sido dejados en manos de los estudios culturales, negándoles el estatus específicamente literario o artístico que les corresponde. Cierto es también que hay algunos autores que han sido consagrados dentro del canon, pero en este sentido podemos preguntarnos, ¿cuál es la memoria literaria (histórica) que se está canonizando? ¿Cuál es la historia que se está construyendo a partir del bombardeo mediático en relación a la dictadura militar? Claramente una imagen en extremo higiénica, demasiado cohesionada, una maqueta en donde parece haber algunos hitos, otros hechos, algunos duelos, algunos malos, algunos héroes, uno que otro rostro, pero todo muy bien cosido en una textura sensible, bastante digerible. La bandera de Chile en este tejido no tiene cabida, pues está presentando una visión de la patria, de la nación, despiadada e irónica, visión que puede dar cuenta tanto de su contexto de producción original como en una rearticulación contingente a la actualidad: A la Bandera de Chile la tiran por la ventana / la ponen para lágrimas en televisión / clavada en la parte más alta de un Empire Chilean / en el mástil centro del Estadio Nacional.


Sin duda la fuerza de este poema radica precisamente en su capacidad de contener lecturas; lecturas que aguantan el hecho situado históricamente y puntual hasta el concepto abstracto o teórico más posmoderno (en este sentido podríamos interpretar este texto echando mano a conceptos como la ruina, la huella, la experiencia, etc). Por esta razón, aparece como significativo que el poema esté escrito en tercera persona, donde la Bandera es caracterizada por una sujeto hablante que se hace cargo de la incapacidad de autorepresentación que se resuelve en términos de imagen. Imagen que se multiplica en el reflejo de sí misma: La Bandera de Chile no dice nada sobre sí misma / se lee en su espejo de bolsillo redondo / espejea retardada en el tiempo como un eco. Esta multiplicidad de sentidos está dada por la utilización de un símbolo cargado de contenido y que dentro del poema va adquiriendo múltiples adjetivos, máscaras, voces. La Bandera de Chile no solo se reproduce como representación física de la patria en el poema, sino como recipiente que contiene cualquier interpretación y la sujeto del poema es conciente de esta condición cuando da comienzo al poema diciendo: No se dedica uno / a la Bandera de Chile / se entrega a cualquiera / que la sepa tomar. Idea que se refuerza una y otra vez.

Tal multiplicidad de significados es la que vacía en el poema a la Bandera de Chile como significante y permite el juego de ir llenando con nuevos sentidos, con características que la personifican, que la destruyen y recomponen dentro del poema, sin permitir al lector recorrer una línea de desarrollo, que podría caracterizar inequívocamente a la Bandera frente a un otro, adversario (situación que no se presenta en el poema de forma definitiva). En el caso del símbolo, esta ambivalencia se refleja en un estado de confusión que a veces se trasforma en contradicción. La bandera aparece en ocasiones dubitativa o carente de rumbo; frágil o como víctima de la violencia o del uso indiscriminado y, al verso siguiente, podemos encontrarla como una con el poder, como documento petrificado de la historia institucional, incluso en una postura irónica, que se desliga por completo de cualquier atributo moral o ideológico. Esta situación podemos entenderla en dos sentidos: desde la idea de nación, país o patria, ideas que claramente tiene connotaciones distintas y apuntan a distintas clases de identificaciones pero que son reunidas bajo un mismo estandarte o emblema; o, también, podemos entenderla desde la imposibilidad del símbolo de dar cuenta de una realidad particular, así como cualquier testimonio personal no sería capaz de dar cuenta de una experiencia colectiva. De esta forma, la ambigüedad se plantea en términos de un intento de capturar la experiencia en el fragmento, en donde el símbolo que se prostituye es capaz de complacer a cada parte constituyente de este todo, una mirada panóptica que se refuerza en la distancia área de la Bandera y en la fragmentación de sus colores, una presencia que se distancia y se involucra sin una lógica necesaria y que incluso trasciende temporalmente los acontecimientos. Entendido en este sentido, el poema de Elvira Hernández se hace cargo de su situación histórica particular y, al mismo tiempo, la sobrepasa realizando una recapitulación menos binaria y situacional de lo que se tiende a pensar en una primera lectura.


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1 comentario:

elvira dijo...

que buen artículo, creo que era necesario para completar el anterior, oye tengo el libro Carta de Viaje de Elvira Heranadez, asi que te lo presto. mandame un mail y nos juntamos pa pasartelo.