10 mayo, 2008

[La Biblia de neón de John Kennedy Toole]. Por Rodrigo Olavarría.


John Kennedy Toole fue un novelista estadounidense nacido en Nueva Orleans, Luisiana el 17 de diciembre de 1937. Sus dos novelas: La conjura de los necios (1980) y La biblia de neón (1989) fueron publicadas luego de su muerte, el 26 de marzo de 1969.


La biblia de neón es una novela que en circunstancias normales no habría llegado a publicarse jamás. Su autor, un proyecto de escritor de 16 años, la consideró impublicable cuando la escribió y sostuvo esa opinión por el resto de su vida, de hecho, en un rapto kafkiano cercano a la muerte, pidió expresamente que este y el resto de sus escritos fueran destruidos. Fue gracias y a pesar de su madre que su novela La conjura de los necios y La biblia de neón fueron publicadas.
Es una obra sorprendente porque su lucidez nace del desconcierto de un adolescente precoz y tal vez demasiado despierto a las mecánicas internas de la sociedad, lleno de compasión y de aquello que se suele llamar teenage angst. Está escrita en un tono de deslumbramiento nacido de la inocencia pura, un tono que es posible observar en los relatos tempranos de Samuel Beckett, sobretodo en uno llamado: Mi primer amor. Es también notorio el parecido de los diálogos de la novela a la teatralidad y, a veces, reproducción naturalista del habla que es posible observar en la obra de Tennessee Williams.
La novela es básicamente un bildungsroman construido alrededor de la lucha de un adolescente contra las diversas manifestaciones de la forma y el deber ser en la pequeña comunidad en que vive. Es también el tema tratado en Ferdydurke de Witold Gombrowicz, con la diferencia de que esta novela no está ambientada en una aristocrática Polonia, sino en un pueblo miserable del sur de EEUU, donde las amenazas de la forma no son un profesor sino todo un pueblo sometido a los dictámenes de un diácono y un predicador. Lo que une a ambas novelas es la resistencia a lo impuesto, el horror a lo dado.
Cuando digo forma o “lo dado”, me refiero a todo el entramado de convenciones sociales, religiosas y políticas que le exigen a un ser informe, un adolescente, plegarse y adaptarse hasta que se le considera “formado” y es incorporado a la sociedad como uno más, aunque realmente, pase a integrarse como uno menos a quien temer.
La resistencia a la forma pasa por cuestionarse los valores que se consideran esenciales dentro de los moldes sociales hegemónicos, en el caso de “La biblia de neón”, ser blanco, cristiano, joven, fuerte, sano, norteamericano y heterosexual, en definitiva, normal. Los sujetos que chocan de manera flagrante con este molde son: primero la tía Mae, por su forma extrovertida, su ropa y su forma de cantar. Segundo Mr. Farney y el profesor de música, una pareja de homosexuales que se oculta en el seno mismo de esta sociedad, los veteranos de la segunda guerra mundial y sus esposas extranjeras y finalmente, todos los ancianos y enfermos, entre los que se cuenta la madre de David.
Existe un poder silencioso en cada sociedad que se arroga el control de los discursos sobre la moral y que puede materializarse en un poder más que físico cuando la ocasión lo amerita. Un ejemplo de esto es el Sr. Watkins, el diácono, un sujeto que intenta por todos los medios eliminar el alcohol del condado, impedir que los negros voten, que se retire “Lo que el viento se llevó” de la biblioteca porque mucha gente lo leía y él, pese a no haberlo leído, sabía que era “licencioso”. Este poder silencioso se manifiesta en su plenitud cuando el Ku Kux Klan irrumpe en la biblioteca, toma todas las copias de “Lo que el viento se llevó” y les prenden fuego en la vereda y ante la mirada atónita de los paseantes.
La sociedad básicamente se divide entre quienes ostentan los discursos sobre el bien, la religiosidad y el patriotismo y quienes los obedecen o no. A un lado está la familia de David, su padre, su madre y tía Mae. Y del otro el diácono Watkins, su esposa y el predicador. Y no se trata de que Kennedy Toole tome las armas contra la religión organizada, pues también existe el Sr. Williams, un personaje al que podríamos llamar, un cristiano de verdad.
Ejemplos con un correlato en nuestra sociedad sobran, por ejemplo, cuando el predicador pide dinero para la iglesia durante un programa de radio pagado que interrumpe la transmisión del show de “Amos & Andy”, es la viva imagen del cura Raúl Hasbún pidiendo el diezmo por un canal de la señal del cable.
La novela se inicia con la imagen de David en un tren que se aleja del pueblo, viaja solo y recuerda las cosas que lo llevaron a este viaje. La primera imagen es de su tía Mae, una ex cantante de sesenta años. Y es en torno a esta relación que se estructura la primera parte de la novela, porque es esta relación la causa del primer choque entre la sociedad y David, provocado por la apariencia excéntrica de la tía Mae, y esto lo convierte en objeto de burlas y de la calificación de “raro” o “excéntrico”.
La segunda parte de la novela se estructura en torno a como la familia es destruida poco a poco por la pobreza y la forma en que cada célula de amor en el pueblo es sitiada por las fuerzas de la obligación social.
La presión de los agentes de la normalidad llega a un punto insostenible cuando se termina la segunda guerra mundial. Primero la madre de David queda paralizada y entra en un estado de demencia cuando se entera de la muerte de su marido en el frente italiano. El mismo día en que la guerra acaba David se queda mirando los festejos del pueblo desde la colina donde vive con su madre y su tía. Observa las celebraciones en las casas de los que no perdieron a nadie y las luces apagadas en las casas donde sí perdieron algún familiar. David observa con curiosidad que sólo hay dos casas con las luces apagadas en el barrio de los ricos.
Después llegan los soldados con sus esposas extranjeras, ya sean Europeas u orientales, son rechazadas violentamente por la sociedad del pueblo, se les juzga por la forma rara en que hablan, visten y por su olor. Estas provocaciones se vuelven tan comunes que, finalmente, los tan añorados veteranos (“our boys”) deciden mudarse del pueblo a una ciudad más grande.
La imagen viva del mal que inmoviliza cada célula de amor en el pueblo es la gran chimenea de la fábrica Renning, que tiene una gran R pintada y que es visible desde todas partes, ella y la humareda morada que evacúa día y noche. El padre de David dice, mirando la chimenea: “Esos Renning son los que nos mantienen en la miseria. Malditos sean esos tíos ricos. Son los que mantienen este valle pobre, ellos y los políticos, a los que apoyan para que les elijan y nos gobiernen”.
Toda la lucidez adolescente y entrañable de John Kennedy Toole está en La biblia de neón. Todo el poder corrosivo de una mirada que aun no descubre la risa.

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