08 marzo, 2008

[Gustavo Ossorio. "Mi pensamiento encalla en los signos." Primera Parte] Por Juan Manuel Silva.

Gustavo Ossorio. Poeta. Nació en Santiago de Chile (1911 ó 1912). Publicó en vida Presencia y Memoria (Imp. Ahués. 1941) y El Sentido Sombrío (Imp. Ahués. 1947), además del libro póstumo Contacto Terrestre (Boletín Chileno-Árabe de Cultura N°3, 1964). Murió en Santiago el año 1949.


Habiendo tomado para el título un verso de Ezra Pound, es adecuado, al menos, comentar dicho préstamo. Así como el caso de Gustavo Ossorio, el Modernismo anglosajón (Pound, Eliot y Yeats, al menos) es la bisagra o el punto de encuentro de dos realidades: la tradición y la ruptura. De la misma forma, la segunda vanguardia poética en Chile, también conocida como generación del 38 -bebiendo de la generación poética del 27 en España (Poetas de la Claridad); del surrealismo francés y el arte de vanguardia europeo (Poetas de La Mandrágora); de cierta matriz bíblica-cristiana esotérica (Movimiento David) y de un cúmulo de experiencias disímiles en la realidad de la poesía moderna (Juan Negro, Aldo Torres Púa, Jaime Rayo, Omar Cáceres, Victorino Vicario, Hugo Goldsack y una serie de escritores no afiliados directamente a un grupo o tendencia)- se presenta como un ámbito aún en estado salvaje para el analista. Más allá de las dificultades primarias, es posible descubrir la coexistencia o tensión entre lo tradicional y lo rupturista. Aunque por lo general haya existido una radicalización del pensamiento artístico, casos como el de Eduardo Anguita y Gustavo Ossorio son de vital importancia para describir tal tensión, propiamente moderna, en la poesía chilena. Ossorio es un caso particular. Según fuentes varias puede haber nacido el 31 de enero del año 1911 o 1912 (variando en cada texto) en Santiago, muriendo prematuramente a causa de tisis en el sanatorio "El Peral", el 7 de marzo de 1949. Hombre de pocos amigos, su vida fue un completo enigma. Ya sea Victor Castro, Luis Merino Reyes o Fernando Alegría quien se haya referido a él, las únicas señas son las que dan cuenta de sus muchos amoríos, su gusto por la pintura a la acuarela, la cercanía a poetas como Rosamel del Valle y Humberto Díaz-Casanueva (prologuistas de sus dos libros en vida), el grupo La Mandrágora (en cuya revista participó en los números cinco y seis), así como alguna participación en la ideología comunista (propia de aquellos años de república y fascismo) y la redacción de un texto de la masonería. Por lo mismo, aunque a primera vista no sean de mayor importancia estos datos biográficos, son los únicos con los que se cuenta. Además de su extremo laconismo vital, Ossorio alcanzó a publicar en vida sólo dos volúmenes de poemas: Presencia y Memoria (1941) y El Sentido Sombrío (1947), dejando inédito el libro llamado Contacto Terrestre, publicado en 1968 por la colección de poesía universal de la revista Orfeo, así como por el Boletín Chileno-Árabe de Cultura N°3.
Fugaz y oscuro, Ossorio se hizo de elogiosos comentarios por parte de los ya nombrados antologadores, así como de Nicomedes Guzmán, Eduardo Anguita, Dámaso Ogaz y Andrés Sabella. Breves también los comentarios a su obra, únicamente rastreables en diarios de la época, uno que otro acto de memoria, y la inusual agudeza de Rodrigo Verdugo y Leonardo Sanhueza en actuales consideraciones. Aun así, no es posible cuantificar más de una treintena de escritos sobre su obra, entre antologías, artículos de diarios y breves referencias a su desastrado sino en algunos libros sobre poesía chilena. Por ende, Gustavo Ossorio no puede ser considerado más que como un poeta olvidado, un poeta que por desventuras canónicas ha sido parcialmente borrado, y hoy reaparece en el primer intento serio de estudiar su poesía, una poética que, aunque trunca, asombrará a los actuales lectores, como lo hizo con sus congéneres, reacios a internarse en ella más que en inexactos reparos estilísticos. Tal asombro (menos antojadizo aun que recordar los versos de Pound para el caso de una poesía casi aporética, en su pendular entre lecturas, ideas e intuiciones tradicionales -material poético-, a saber, clásicas, y una voluntad de avanzar por los oscuros derroteros de la poesía carente de fundamento en su modernidad vanguardista) es en su poesía ya un indicio de su condición de bisagra. Dintel entre un mundo espiritual intuido, un imaginario tradicional y simbólico occidental, y la creciente modernización, la cruenta Segunda Guerra Mundial, y el rumor de muerte que inunda los versos de gran parte de los poetas de esos tiempos. Mas ni la muerte, ni la espiritualidad, y ni siquiera la convivencia de agentes tan disímiles como la fe y el descreimiento nihilista hacen pie ante el asombro que dice la poesía de Ossorio. Su poesía es ser esos dos mundos (antiguo y moderno) en una atemporalidad que dibújase a veces de manera mítica, y otras veces casi místicamente, aunque nunca dejando de vincularse con la materialidad. Y es esa materialidad el ámbito en que su poesía coquetea con la mudez o la ininteligibilidad; pues su labor es también metapoética, llegando incluso a plantear ciertos temas concernientes a la filosofía (presencia, memoria, permanencia, etc.), en un abanico de múltiples aristas sombrías en su poesía. Así, tal es su aporía y genio: la incapacidad de resolver en una poética el conflicto estético de su tarea.
Ossorio no llega a ser ninguno de los caminos propuestos, quizás por su corto paso por la tierra, o quizás por la voluntad de hacer una estética que involucre territorios subterráneos. En un tiempo en que la poesía jurábase la potestad de cantar y pregonar elegías, Ossorio se involucra en ella, hospedándose, para intentar transmitir aquello callado, la espiritualidad y metafísica que se mantiene velada a la razón, sin olvidar la física en que ella se ausenta. Como otros grandes poetas (Nerval, Hölderlin, Novalis y Rilke), lleva los problemas de Dios al humano para mostrar qué podría ser aquello que se cree bajo ese nombre. Su asunto y morada es el lenguaje, la nominación. Y su poética es esa búsqueda de decir aquello que se ignora, pero que se intuye. No es un poeta crédulo, ni menos un buldero o seguidor de ideologías. Su camino es solitario y así también su poesía. Por eso, el interés surge, causalmente, de esa fresca antigüedad que sólo lo excelso puede tener: vino nuevo en odres viejos.

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1 comentario:

Experimental dijo...

Bajo la premisa de:

Eres lo que comes… (Carne de cerdo, pollo que quien sabe como habrá muerto, carne de res, vegetales, frutas, etc.) ¿Tu que comes?

Eres lo que piensas… (Nada, tonteras, en el futuro, en la naturaleza, en el amor, etc.) ¿tu que piensas?

Eres lo que haces… (Drogarte, estudiar, leer, pensar, trabajar, huevonear, etc.)

Eres lo que hablas… (Sandeces, de las demás personas, del clima, de las noticias, de la vida, etc.)

¿Y tú que eres?