26 enero, 2008

[Escribir para sí y escribir para los otros de Juan Emar]. Por Víctor Quezada.

Pedro Lastra, a finales de los sesenta, trabajaba en las ediciones Cormorán: el proyecto socialista de la Editorial Universitaria en Santiago de Chile; por esto, cuenta él en alguna parte, “perseguía” a Pablo Neruda en busca de poder cerrar la edición de El hondero entusiasta. Le insistió cada vez que tuvo la ocasión, y habría logrado su propósito de no mediar la demasiada atención que otorgó al consejo que Neruda mismo le dio: "Ud., publique a Juan Emar".
Y así se hizo. En el año 1971 se reedita el conjunto de cuentos Diez, justamente con un pequeño “prólogo-presentación” titulado J.E. escrito por Pablo Neruda: imposible es mencionar ese prólogo sin recordar de paso el apóstrofe nerudiano: "Aquí tenéis a vuestro Kafka". Tal era la carta de presentación con que Juan Emar volvía al ruedo a principios de los setenta; comienzo de un proceso que en la década de mil novecientos noventa se corona con la publicación de su máxima y extensa obra, Umbral y que se afianza con lecturas “renovadoras” de la crítica que hacían hincapié en la especial posición de este autor dentro del contexto de recepción latinoamericano de las vanguardias europeas. De lado de esto, también vendría a validar -sirviendo de ejemplo muchas veces paradigmático- cierto desarrollo de la novela en Chile, participando, como se dijo, tanto de la estética vanguardista (en la que no encajó en su tiempo) como de las formas que adquirió la novela postmodernista, situándose en este acordeón entre los procedimientos estrictamente de vanguardia (especialmente los que dicen relación con la metáfora y el cambio del eje del saber desde un narrador omnisciente al personaje) y los devaneos reflexivos y abismantes que animaron las lecturas y escrituras a partir de la segunda mitad del siglo XX.

Esto es lo que se ha dicho de Juan Emar, sobre su escritura “adelantada a su tiempo”. Idea esta última cuestionable en algún sentido, pues cuán adelantada puede estar una escritura de sí misma y su verosimilitud genérica (cuestión relacional, opositiva y diferencial) si aceptamos que toda categorización tiene el “defecto” (manifestado en las excepciones que la confirman como regla), una vez fijada, de supeditar las producciones y productos dentro de un rango de características definitorias y siempre diferidas respecto de la contemporaneidad de la escritura. Pues la obra de Emar es adelantada a su tiempo, leída con todas y desde todas las limitaciones del nuestro, desde algunos hitos que afianzaron una visión de la novela y que obedecen mucho más a la razón por la cual Juan Emar mismo no fue tomado en cuenta en su propio tiempo, el carácter sordo de la crítica, extraespacial, su carácter futuro, en una palabra: utópico. La crítica es siempre un manojo de caminos hacia una territorialidad imposible sino en términos de escritura, o estilísticos, para ocupar una palabra aún más demodada.
Así, en "Escribir para sí y escribir para los otros", fragmento perteneciente a Cavilaciones (escrito entre los años 1922-1923 y publicado recién como conjunto el año 2014 por La Pollera Ediciones), estas ideas que animaron y animan la crítica de su obra (es más, que animan este camino estilístico) se encuentran a manera de una poética rudimentaria, un adelanto de la producción posterior del autor: ideas de la teoría crítica francesa del siglo XX; las relaciones entre obra y receptor, como los caminos de esa recepción; la puesta en abismo del discurso, son tratadas en este breve paréntesis en la historia que quiere contar, como características primordiales de su escritura y de la relación de esta con la literatura, medida en la posibilidad de significar con las palabras.

* Fotografía: La Tercera.

2 comentarios:

011010 dijo...

"es el sentimiento que debiera ser el de no dudar ni por un instante que el hecho solo de exteriorizarse lleva como finalidad la de entregar su exteriorización al mundo de las creaciones del intelecto, a ese mundo total y sin amor."

Aquí viene a encajar lo que decía sartre sobre la estética fenomenológica del arte.

Excelente texto... Juan Emar era mi hermano. no de sangre, sino de espíritu.

saludos
hannibal

rocio dijo...

me gusto mucho tu artículo, me gusta que dejes los textos para que podamos acceder a ellos tan facilmente.
gracias.