30 noviembre, 2007

[Nota: Verosimilitud.] Por Víctor Quezada


Las más de las veces que escuchamos a alguien hablar sobre literatura –de una novela por ejemplo-, lo hacemos en referencia a algo que, diferenciado del habla –aquella forma misma en que ese alguien se expresa para darme a entender lo que va diciendo, de lo que va la cuestión-, conlleva una pretendida especificidad en virtud de tal diferencia. Palabras como escritura, ficción o verosimilitud, vienen adheridas a dichos enunciados; la cuestión va, entonces, de una escritura, no del habla; de una ficción, que no de lo real. No de lo que te estoy diciendo, no de la forma en que te lo digo, porque lo que me dice es que está diciéndome la verdad y, es más, de una forma adecuada al entendimiento entre las partes: el hecho de leer un libro y contarlo, es tan verdadero como que un libro existe en su forma material, objetiva.
Entendemos, así, que hay una diferencia: seguido, hablar es diferente a escribir. Sin embargo, también una semejanza. Semejanza por la cual un discurso de ficción se hace legible y enunciable, en suma, que la escritura se haga hablable. Ambos (discurso hablado y escrito) se identifican por encima de esa diferencia primera que constituía una suerte de especificidad; pero ¿qué pasa aquí, cuando lo que me vas diciendo genera ese efecto de similitud con lo que me dices, qué pasa, cuando enuncias la enunciación?

3 comentarios:

Giovanna dijo...

No lo sé lo único que espero yo es que todo sea una gran ficción...

Juan Manuel Silva Barandica dijo...

En ese sentido, la presunta presencia inestable del Nombre podría ser la huella ineludible de la verdad archipiélaga?

Da* dijo...

Me encantó, tanta verdad en esto que has escrito.
Pero, no todo siempre implica una ficción;
No creo en las coincidencias, pero...hay algo de "algo" que no sé que es.
Es posible llevar nuestras vidas a la literatura?
..No muchas personas pueden hacerlo,
Un beso enorme!