17 abril, 2007

[Cinco ideas, algunas continuidades, calces y desfases al cerrar la hoja] por Simón Villalobos P.

Un lenguaje para expresar lo difícil, lo que el mundo quiere decir y no lo dice. Extraño y tal vez horrible. Como lo que hablamos sin que se nos entienda. Por ejemplo en el país devorado de cada uno.



I.-
Todo lugar escrito da testimonio de su permanencia como negativa al testimonio y los contenidos que porta. El objeto es inestabilizado, mixturado, envuelto, inserto en una masa compuesta, fuera del pensamiento, heterogéneamente (creyeráse avaloriados de heterogeneidad) y donde este último figura a través de una enunciación cuya referencia pierde de vista su propiedad sobre la materia, escapada del lenguaje, desplazada desde un punto indecible –cualquiera de la realidad- a su situación en la elaboración de las palabras. Relación vigilada con tal tensión que cuando se intenta reconocer la esfera que levanta o determinar su gravitación, su atracción como fuerza determinante, no se distinguen ni los extremos que la alimentan sino apuntando el sitio que debiese llenar una línea, a la distancia o en la aglomeración que la recubre: un cuerpo detrás del cuerpo y otro en escorzo pero más brillante, parcialmente en la traslación de todos ellos: aunque el más cercano, el más evidente sea el señalado, es irreconocible, inseparable de su disposición gestual, su afectación en los gravitantes suntuarios: continuo [1]. Lezama Lima:
Si no fuera por la flor exterior, que nos mira, donde volcamos las piedras
de nuestras entretelas, lo oscuro sería un zumbido quizás más suave pero inapresable
es un trabajo también sobre la materia que no fija su último deseo.
II.-
Construcción donde la realidad misma nunca se encuentra sino en la medida del desajuste o persona – inconmensurable la persona, no existen parámetros comparativos para su posibilidad (la heráldica, (...) todas esas historias necesarias para un desastre que no expresa ya ninguno de los rostros, sino el hambre de la persona a orillas del relato). ¿Al pensar se está en lo pensado? ¿Transita la persona o es su objeto intransitivo en el pensamiento, que de tan cercano se hace invisible?
Hay un accidente contenido en la imagen: fantasma de su deseo, intriga de las formas posibles desde un desfase –siempre afuera o como desborde-, un punto rasgado en el retrato, un corte extendido en zanja: encauza el caudal pero dispersando un espacio ambivalente a sus costados, cavando la trayectoria de un sentido donde se hubieran de dibujar los caminos anegados (esta ciudad va a desparecer).
III.-
Intraspasable el aparato sensible desde su base material a su aparición representacional (No recuerdan haber salido de ojos o labios /¿Qué son labios? ¿qué son miradas que son labios?). Por ello, la invención del cuerpo sensible del poema, órgano metabolizante de la aparición y dominación accidental de lo externo, ese aparato ruidoso de donde desembocaría como reino (…el rumor que inunda el laberinto de tu oreja / sobre la almohada de espuma).
La carne señalada es indicio inalcanzable, su objeto -transitivo en tanto sinestesia o resonador- es modelado a la manera del cuerpo en su búsqueda o recepción (No la sangre que huyó de mí como del arco huye la flecha / sino la cólera circula por mis arterias / amarilla de incendio en mitad de la noche / (...) y una sed que en el agua del espejo / sacia su sed con una sed idéntica).
La carencia evidente de ese cuerpo como totalidad, en lo que de él ha sido traído forzosamente como proyección o traspaso, da pie a una sumatoria o entramado en el plano de la escritura:
(...) pues no es el espacio
sensibilizado sino la ocupación del temblor vaciado
por un golpe el que inaugura las bodas del conocimiento
IV.-
La recomposición o conciliación de la intensión según las posibilidades de los objetos; esto es como decir: el arte comprende las cosas, o mejor aún: las cosas comprenden un arte mutable en la expresión [2]. El órgano que asiste a la materia como un trayecto, según el canto material que ha herido sus manos: la marca del peso y la resistencia como medida de un desprendimiento (sentirás como te crece, entonces, un gran árbol amarillo e infinito en medio de la lengua): el ladrillo dejado en las terrazas y las manos que lo tomaron, figuran desprendidos en la frase sino como ladrillos y manos y el acto de levantar y las lesiones que forman en la carne, apenas entrevistos, todos pretéritos de una línea permanentemente pasando (Siempre una luz negra cayendo sobre un paño sin nombres / hablaban pero se veía detrás la figura dialogada, / un entretenimiento sin forma convenida / que va de la silla al desván sin tocar los consejos), predicciones, adelantamientos, síntomas desplazados del presente que otea una devoración:
-el capturado movimiento y
la estructura quieta en el minuto solar- [3]
La forma –no convenida- es indicadora de las fuerzas impuestas en el traspaso o de la separativa fuerza impuesta por contener las cosas en el circuito de la unidad.
V.-
No sabemos de qué se alimenta el lenguaje que nos divide
Rosamel del Valle
El testimonio resiste en su materia como acto probatorio, debido a que ella dura en la extensión, es decir, en la intersección de lenguaje, vibración y luz -continuo: la arena de la zanja que erosiona o corre o desemboca.
Extensión como sitio de una desmesurada comprensión o abertura, fijando el pensamiento como suceso denominador, cosa precisada, acto del borde en movimiento (-LA CONTENCIÓN ES UN SIGNO DE LOS ÚLTIMOS TIEMPOS LA POESÍA ES UN SIGNO DE RESISTENCIA- [4]): el borde mismo con los márgenes de su línea haciendo sombra en los objetos.
Resiste la palabra como algo que se quiebra o brota con la oscilación de la luz abierta, pendiente de los vacíos que arrastra el sol traslatorio por los inabarcables muros conjeturados, una cruz recostada se desdobla marcando el espacio, un eje que se rompe por tragar la luz en su cuello, este gesto que prevalece únicamente en la línea de su fijeza.


a Marcelo Grez
Notas.

[1] "El nacido dentro de la poesía siente su peso irreal, su otra realidad continuo. Su testimonio del no ser, su testigo del acto inocente de nacer, va saltando de la barca a una concepción del mundo como imagen". José Lezama Lima, Las Imágenes Posibles.
[2] "(...) la palabra poética, como imagen, es a la vez figura de lenguaje y figura de pensamiento, condensando mayor referencialidad, en cuanto sugiere materialmente la idea abstracta que está imitando, y que compone el paradigma" (David Villagrán Ruz, Apuntes sobre referencialidad de la imagen y pensamiento en la creación poética.), sin embargo, quien asiste a esta materia se ha perdido, la propiedad que señala levanta una sombra sobre el objeto, lo separa. La recomposición de ese alguien originario arroja sus accidentes sobre el objeto, abultando su pobreza, llenándolo desde el origen luminoso de esa señal hasta el ruido de una quebrazón adentro.