04 noviembre, 2016

[Breaking Glass, un split literario, un split capicúa]. Por Eduardo Farías A.

Tal como lo había prometido, Eduardo Farías A., continúa con sus indagaciones sobre la prosa en la poesía chilena contemporánea. Esta vez, tal inquietud sirve como puerta de entrada a la publicación conjunta de Carlos Almonte y Juan Carlos Villavicencio titulada Breaking Glass (GrilloM, 2013).

Breaking Glass, un split literario, un split capicúa

Breaking Glass (2013) es un libro con un formato particular, extraño en nuestro medio editorial actual, pero muy característico del trabajo de Ediciones GrilloM. Dos autores conviven en esta publicación: Carlos Almonte y Juan Carlos Villavicencio, quienes despliegan un corpus poético independiente; sin embargo, unidos por un proyecto escritural en común.
La singularidad del formato de Breaking Glass radica en la diagramación enfrentada de los autores, pues ninguno viene después del otro y cada uno comienza el mismo, pero distinto, libro. Entonces, por el lado que lo veamos, la publicación muestra siempre una cubierta, en la que solo cambia la atribución de autoría y la ilustración.
Cuando hojeamos este libro nos podemos dar cuenta de que la oposición que observamos en la cubierta, se evidencia también en el interior, ya que cada Breaking Glass termina casi en la mitad de la publicación. Este tipo de diagramación resulta necesario a la hora de editar un libro como este, un libro –en el fondo– doble, que une a estos dos autores en torno a un proyecto en común.
Este modo de concebir el objeto libro se resume en su lomo, donde aparecen los dos autores en sentidos contrarios, procedimiento que se reitera en el título, en el que la palabra breaking va hacia un sentido y glass hacia otro. A través de estrategias como esta nos seduce la concepción gráfica de GrilloM, así nos sorprende. 

Las repercusiones de este gesto editorial, de esta forma de concebir el objeto libro, se manifiestan en muchos niveles. Por un lado, en el acto de lectura: no leemos desde una cubierta a una contracubierta, leemos desde una de sus entradas hacia un centro compartido, la mitad del libro; cada Breaking Glass, como ya he dicho, termina en el interior, no hay contracubierta, todo en él es doble: la cubierta, la portada, el prólogo, la hoja de créditos y el colofón.
Por otro lado, este libro capicúa también permite que el lector decida a qué autor leer primero; produce una desjerarquización de los autores a partir de las elecciones en la diagramación. Esta horizontalidad me permite pensar Breaking Glass como un split literario. Split es un término utilizado en el mundo de la música independiente contemporánea. El espacio de un disco, vinilo o casette es "dividido" para ser compartido por dos bandas, cantautores o, en el presente caso, por dos autores, amigos y compañeros de ruta.
La ilustración es otro de los factores que enriquecen el libro a partir de la inclusión de algunas ilustraciones realizadas por Raúl Schneider y que se construyen desde la oscuridad, la deformidad y el caos. Será papel del lector valorar y conectar el tenor de las imágenes con los textos, dándole un sentido a la relación que inevitablemente se establece entre ilustración y texto literario.
Literariamente, Breaking Glass es la puesta en común de un proyecto poético que está marcado por la intertextualidad; en este caso, la relación que se establece es entre una composición de música docta contemporánea, el texto literario que nace desde la percepción del intertexto y las ilustraciones. Breaking Glass no es un capricho de publicar a dos autores en un libro con un formato alternativo, de hecho, el formato da cuenta –como hemos dicho– de la intención de difundir un texto unitario escrito a dos voces, por la misma razón, este split literario tiene solo un título.
El nombre inglés de la publicación, inevitable es plantearlo, hace referencia a una película inglesa de los años ochenta. Más allá del dato, me interesa el sentido del título que sale a luz cuando leemos los textos literarios de Carlos Almonte y Juan Carlos Villavicencio. Me gusta pensar que cada texto literario es un vidrio quebrado, es decir, que la escritura literaria crea textos quebrados, inconclusos, fragmentos de un vidrio mayor. Me gusta pensar que el título da cuenta del tenor temático, por llamarlo así, de los textos literarios, los que nos hablan de la muerte. Sin embargo, los vidrios, o textos, exhiben distintas imágenes, preocupaciones, situaciones, por lo que cada autor exhibe un mundo del que solo podemos ver partes. Por último, este proyecto en común está estructurado como prosa poética; sin embargo, es factible pensar que estas prosas poéticas funcionan también como textos narrativos. La vinculación de estos textos literarios con la poesía la establece Andrés Morales, quien en el prólogo se refiere a Almonte y Villavicencio como poetas, siendo que también estos autores practican la narrativa, y reflexiona sobre los versos de estos dos autores, sentenciando: “En estos poemas la ira es poesía y la poesía es ira” (9). La vinculación, por tanto, de los textos literarios con la poesía, está determinada desde la mirada de un lector situado en una posición de autoridad, y no es malo leer desde la sospecha un libro que atrae con su formato y que despliega un proyecto escritural que esconde mucho más de lo que puede decir una crítica.

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