19 junio, 2015

[He visto cosas que vosotros no creeríais. Sobre Yeguas del Kilimanjaro]. Por Daniel Rojas Pachas

Rolando Martínez Trabucco (Arica, 1979) es autor de los libros Chicha Mundial (2009) y Salmo a la chicha (2012). Recientemente ha publicado Yeguas del Kilimanjaro a través de La Liga de la Justicia Ediciones. Lee a continuación la presentación del libro escrita por Daniel Rojas Pachas.

He visto cosas que vosotros no creeríais (...) He visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser

Como en La literatura nazi en América, bestiario de escritores fascistas, La Sinagoga de los iconoclastas de Wilcock, cartografía de pseudocientíficos y artistas dementes, y Spoon River de Edgar Lee Masters, genealogía de un pueblo a través de la radiografía de su cementerio, Rolando Martínez edifica en Yeguas del Kilimajaro una voz que, por medio de la taxonomía hiperbólica de mujeres que dominaron la industria del porno en su edad de oro (Ginger Lynn, Traci Lord, Linda Lovelace, entre otras), arroja luces respecto a lo que fue crecer y dejar atrás los años 80, (de)formados por la televisión y en mayor medida por el culto/cultura al VHS. “Los que tenían VHS sabían quién era Ginger Lynn” nos dice en un epígrafe del libro la misma actriz.
Hay que mencionar a ciertos lectores de esta generación que el VHS fue un formato en el cual el "soft porn" campeaba dentro del diario ritual del videoclub a través de comedias tipo Porky´s y cintas "slasher" como Viernes 13, con más razón lo hacía el porno duro, hoy masificado por internet, pero que en ese entonces era una hazaña de crecimiento entre adolescentes, rayana en el ilícito.
De cualquier modo, volviendo a uno de los leitmotiv de la obra de Martínez, la industria de la pornografía podemos entenderla a la manera de Gubern:
La analogía del cine porno con cierto cine científico, en sus técnicas y en su abstracción resultante, es muy pertinente. En efecto, las escenas sexuales se trucan con los mismos procedimientos técnicos que los usados en el documental científico, el ralentí (usual para prolongar las eyaculaciones) y el acelerado (como el coito frenético del protagonista de Raw Talent).
Mero simulacro, maquillaje y escenarios de cartón en un esfuerzo por estilizar un acto natural y convertirlo en fotogramas de perfección: con actrices siempre bellas y dispuestas y hombres inagotables en su virilidad. Imagen glamourizada que se aparta de la vida y extingue (recalco esa palabra) a estos astros de la pantalla (sino remítase al obituario de las actrices al cierre del libro y constate las causas de deceso).
Del mismo modo, pensemos en los espectadores de estos filmes, vouyeristas con desfase arrojados al fuego de la pantalla, atravesados por los rayos catódicos. Aquel que hostiga su inocencia o despercude sus tabúes en la soledad, el libro nos presenta el encuadre y la mirada del lente de regreso, los mirones hoy convertidos en un nuevo género documental, aún más burdo y pornográfico, el "reality" como trivialización de lo cotidiano. Lo dice el poeta Víctor López Zumelzu en el texto de la contratapa del libro: “Todo vale en este pantano que significa la contemporaneidad”.
Todo vale en tiempos de sobreexposición del yo, la espera irresoluta en Facebook de un "like". Cito el libro:
Mas cuesta creer cuan desoladora
puede ser la tarde mientras el mundo se deshoja
y alguien espera eternamente
una respuesta
Como en la letra del tema de Megadeth “Countdown to extinction”, al igual que el tigre de Bali y el sapo dorado, somos una especie rara consumiéndose a diario a sí misma, pero a la vez, en tiempos en que la intimidad es moneda de cambio, nos regocijamos en traer todo de vuelta con la escritura, la imagen y el sonido y lo calificamos de "vintage" para ponerle un precio a la nostalgia.
Por tanto, de qué se está hablando cuando la voz de Las Yeguas del Kilimanjaro evoca a Kandi Barbour, Marylin Chambers "et al.", sino de recuerdos alumbrados de refilón por una tenue fijación temprana, para algunos serán los videojuegos y consolas de 8 bits, para otros un gol en cierta copa en disputa o los juegos de barrio con los amigos de niñez, como dice el protagonista de Stand by me, también escritor, acaso hay otros amigos. Yo pregunto entonces, acaso hay otros recuerdos por los cuales valga la pena escribir un libro. Cito: "ella se estrujó la vaina frente al globo / cuando lucas estrenaba el regreso del Jedi
Es la mirada incisiva al tiempo que se nos escapa, los momentos que procuramos atrapar a regañadientes como esos últimos cinco minutos definitivos de una cinta que vimos durante nuestra adolescencia y que marcó la educación sentimental de una voz que nos dice:
pensemos hoy en la palabra desencanto
en las duras letras que componen su esqueleto
por ejemplo
cintas magnéticas de viejos VHS
arrumbadas sobre cajas de cartón
perdiendo lentamente
su delgada franja de erotismo.
Porque si vamos más allá de lo escandaloso y atrevido de un tema que puede ser una excusa, el porno o la idolatría a sus musas, siendo reduccionistas, ciertas pulsiones y zonas de vitalidad resucitadas por medio del cuerpo de una típica india Cheyenne balbuceando en cámara lenta, no dista de lo que Lihn veía en las calles del Paseo Ahumada o el Soho de New York, perpetuando en los versos de su "poesía de paso" lo que entendemos por real mientras la realidad se difumina o sin ir más lejos de ciertas preferencias del autor, la captura de las oxidadas líneas de tren y las fuentes de soda eternizadas por Teillier.
A mi parecer la pregunta clave la hayamos corporizada en el retrato de una desaparecida Bambi Woods.
¿Dónde estarán las yeguas invisibles del Kilimanjaro? Esas "girls next door" devenidas en fieras del celuloide son, al fin y al cabo, muchachas transparentes como nosotros que también fuimos sujetos transparentes, y su estela desvanecida con Van Halen de fondo reitera el fin de una era, la muerte de un formato y nuestra propia desaparición. Todos esos momentos se perderán en el tiempo.

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