25 febrero, 2013

[Cuatro Poetas Suicidas Chinos – Una genealogía del espanto]. Por Daniel Rojas Pachas

"Cuatro Poetas Suicidas Chinos" es una selección de los escritores Gu Cheng, Hai Zi, Ge Mai y Luo Yihe, a cargo del también poeta y traductor venezolano Wilfredo Carrizales (1951). Egresado de la Universidad de Peking en la especialidad de Historia de la Cultura China, Carrizales se desempeñó, además, como Agregado Cultural de la embajada de Venezuela en China durante los años 2001 a 2008. Actualmente reside en Peking. 
Esta selección y traducción de "Cuatro Poetas Suicidas Chinos" fue publicada este año 2013 por la editorial Cinosargo (Arica, Chile).


Cuatro Poetas Suicidas Chinos – Una genealogía del espanto

"Cuatro Poetas Suicidas Chinos" es una selección de poetas chinos recientes pero, además, es una genealogía, un tejido de vidas, voces y lecturas de la realidad que se vinculan y generan tensiones entre lo que entendemos por tradición e innovación poética al interior de la poesía china; de modo que el diálogo que el libro emprende no está exento de la revisión de autores y textos a los que estamos acostumbrados o de los cuales hemos tenido noticias: Lipo y su espíritu taoísta análogo al carácter dionisiaco, también está Tufu con su poesía inmersa dentro de los cánones del ideal confuciano y el interdisciplinario Wang Wei que además de poeta fue músico y pintor; todos ellos, poetas del periodo medieval.
En este sentido, la gran propuesta y el real aporte de "Cuatro Poetas Suicidas Chinos" está en su contemporaneidad, pues el libro nos presenta 4 voces (Gu Cheng, Hai Zi, Ge Mai y Luo Yihe) que por estas latitudes nos resultan inéditas a pesar de su universalidad. Si bien algunos de ellos han sido traducidos al inglés, no están en su mayoría disponibles en nuestra lengua y menos de forma tan integral como se presentan en esta edición cuidadosamente trabajada por Wilfredo Carrizales. Edición en la que se recorre cronológicamente la trayectoria de los cuatro escritores, los que, por cierto, no están unidos aquí de forma arbitraria, pues, además de tener un nexo contextual -todos comparten el espacio de la Universidad de Peking y forman parte del círculo de “poetas oscuros” (Menglong shi) de finales de la década de 1970- guardan como nodo principal, un aspecto que nos lleva a pensar en la violencia y sus puentes subterráneos con el arte.
Y es que, entre los autores presentes en "Cuatro Poetas Suicidas Chinos", es la muerte por propia mano la que atestiguamos tanto en los poemas como en las respectivas biografías, pues todos ellos, genios tempranos, tal como anticipa el título, optaron por auto eliminarse. Wilfredo Carrizales, poeta, fotógrafo e investigador de la cultura China, nos señala a este respecto en el prólogo:

"En China, tradicionalmente, se han usado diversos métodos de suicidio. Cabe nombrar los siguientes: cortarse la garganta con una espada (ziwen), prenderse fuego (zifen), envenenamiento (fudu), ahorcarse (shangdiao), colgarse de las vigas de la casa (xuanliang), morir por inmersión lanzándose a un pozo, lago, río o al mar (toujing, touhu, touhe, touhai), lanzarse desde un barco que va navegando (tiaohai), dejarse morir por negarse a comer (jueshi), saltar desde un edificio (tiaolou), cortarse las venas (gemai), dispararse con un arma de fuego dentro de la boca (tunqiang)... En la China antigua un hombre que cometía suicidio por deshonra era algo más egoísta (tal como el fracaso en aprobar los exámenes imperiales) y podía ser condenado por no ser filial si él era el hijo mayor o el hijo único. Primeramente porque había sido incapaz de tomar a sus padres bajo su cuidado durante la vejez. Segundo porque no había sido capaz de hacer ofrendas a sus espíritus después de sus muertes y sostener a sus propios hijos para continuar con el ritual de los ancestros. Dejar atrás a la esposa y a los niños es una gran carga para los chinos. Los hombres rutinariamente mataban a sus esposas e hijos antes de matarse ellos mismos.
También en China el suicidio fue y es una herramienta para protestar. Cuando alguien se consideraba a sí mismo víctima de la injusticia y sin salida debía cometer suicidio para protestar contra el cielo. En la práctica esto causaría una conmoción en la opinión pública y haría que la gente simpatizara con el suicida. Tal práctica aún es así, mentalmente, en China".

Pero no nos quedemos en lo recursivo, en el morbo y la consigna del cadáver bello y la muerte temprana que crea ídolos, como dice Bukowski en su poema “Lo que ellos quieren”
"—eso es lo que ellos quieren, / un maldito espectáculo, / una marquesina iluminada / en medio del infierno. / eso es lo que ellos quieren, / ese racimo de anodinos / inarticulados / inocuos / aburridos / admiradores de carnavales".
El poema del norteamericano hace alusión a la figura de Vallejo, Pound, Berryman, Rimbaud, Dostoievski y otros íconos que cayeron en la autodestrucción, lo que es claro, es que estamos ante sensibilidades brillantes, voces que nos hablan desde lo profundo y con delicadeza, por ejemplo, Gu Cheng a la edad de tres años inventó su propio lenguaje, pero nadie le entendía. Él mismo expresó: “La oscura noche me dio estos ojos oscuros, pero yo los usaré para buscar la luz”.
Carrizales en sus notas nos indica: “Gu Cheng se transformó en uno de los más celebrados poetas contemporáneos de China. Algunos críticos ven en su suicidio un desesperado acto de un romántico e 'ingenuo' genio, quien había sido maltratado y abandonado por las mujeres que lo amaron; otros críticos consideran su desenlace fatal como un suceso de un inmaduro, auto obsesionado impostor que se había aprovechado de aquellos que lo rodearon. Gu Cheng siempre fue una figura excéntrica en la escena de la literatura contemporánea de China. Con su muerte parecía haber tomado ambos aspectos cuestionados: un niño inteligente y con idiosincrasia o un monstruo”.

Sobre el suicidio de Gu Cheng pesan las dos miradas que Carrizales denota dentro de su prólogo, la de la deshonra, el monstruo, y la de la víctima con la cual se tiene empatía, el infante terrible que no encaja en este mundo.

En cuanto a Hai Zi, tanto sus poemas como su temprana muerte, al haberse colocado sobre los rieles de un tren, guardan relación con la situación espiritual de los intelectuales y la sociedad china en la década del ochenta del siglo XX. En esa década nos relata Carrizales, toda la sociedad china se revitalizó y ciertas corrientes de pensamiento (idealismo, romanticismo, existencialismo) predominaron en el ámbito cultural. Dentro de la juventud, particularmente en el ámbito de los estudiantes universitarios, entre los lectores o hacedores de literatura, el pensamiento individualista permeó el ambiente e influyó por largo tiempo a aquella generación.
Hai Zi, también conocido como el “EL VIGILANTE DEL TRIGAL”, "había nacido en una zona rural y estaba afectado por un sentimiento de apego a su cielo, su tierra y a su mundo natural. Un día debe trasladarse a la capital del país y el escenario cambió dramáticamente. Tal vez el joven poeta no encontró en la gran ciudad la condición adecuada para llevar a la práctica su espíritu. En sus poemas aparecen, con recurrencia, muchas palabras que nos indican un deseo de retornar a su terruño: cielo, tierra, aldea, trigo, campesina, hijo, viento, noche, luna, lago... Quizá su frustración primordial fue no poder ver el regreso de la cultura rural desplazada por la cultura urbana". Su poesía dialoga muy bien con toda la corriente lárica chilena -o poesía del retorno- en la cual destacan Rolando Cárdenas y Jorge Teillier.

El tercero de los autores, Ge Mai fue un hombre culto y su cultura era un puñal que hería. Él afirmó: “La vida de una persona sólo se puede cortar tres veces. A la cuarta todo finaliza”. Encaja bien si se le califica de pesimista optimista. Al ver el aspecto más doloroso de las personas era como si tocara su propio cadáver. En una ocasión enfatizó: “Cuando me encuentro que no puedo continuar, que no puedo soportar más, cierro los ojos y eso equivale a vivir de nuevo”.

Por último, Luo Yihe ensayó con el lenguaje y lo renovó para convertirlo en vehículo de incitación y riesgo. Con el uso de expresiones fuertes y torcidas quiso acentuar un tipo de mezcla de tristeza y soledad, aflicción y rompimiento: una amalgama de significados y, al mismo tiempo, conservar la fuerza y la tensión del lenguaje poético.

Sin duda, el traductor e investigador Wilfredo Carrizales, ha hecho un trabajo excepcional al rescatar pasajes de la historia China reciente a través del encuadre que nos proporcionan estas obras y vidas al límite.
Solo me queda cerrar esta presentación con una nota que el traductor Wilfredo Carrizales destaca en su prólogo, que invita al debate, "¿En un suicidio puede haber un intento de exorcismo? El poeta, novelista y dramaturgo Han Dong (nacido en Nanjing en 1961) afirma, con un toque de cinismo, que el suicidio del poeta Hai Zi en 1989 se debió a que no pudo distinguir la poesía de la vida ordinaria y que los que actúan de esa manera buscan siempre acciones extraordinarias. Ellos beben, luchan, bromean acerca de las mujeres, se dejan llevar, cultivan excentricidades...para probar que son poetas. Al final trascienden lo mundano y solamente muertos piensan probarlo".
Queda preguntarnos "¿Cómo puedo yo decirles a otros que he vivido y de qué manera lo he hecho?" Resumir y compendiar vidas así como también obras poéticas, es tan absurdo como tratar de hacer una disección y taxonomía al universo, lleno de contradicción y caos; creo que -en esa medida- podemos priorizar la idea de Lihn y entender "el estilo como la suma de todas las incertidumbres del hombre".

San Marcos de Arica 2013

1 comentario:

la Puta Iluminada dijo...

Suuper interesante... lamentablemente no he leído a ninguno de estos escritores y no he hallado textos de ellos en español... si tienes algún dato te agradecería que me lo hicieras llegar a laputailuminada@gmail.com.

Salud!