15 septiembre, 2011

[Esclavos de sus ideas. A propósito de la poesía de Jaime Retamales]. Por Natalia Figueroa

Natalia Figueroa, tras larga ausencia, vuelve a escribir en La Calle Passy 061. Esta vez realiza una retrospectiva de Jaime Retamales (Santiago de Chile, 1958), poeta que cuenta con cinco libros publicados. Continúa leyendo el artículo y una pequeña selección de poemas tras el siguiente enlace.



Esclavos de sus ideas. A propósito de la poesía de Jaime Retamales

Hace tiempo que no me decidía a comentar un libro, y es que estaba aburrida de la crítica literaria, en particular del intento de teorizar lo dado y fijar –u ocultar- lo emotivo de la poesía en esquemas, por cierto, de países que ni siquiera representan nuestra realidad chilena e hispanoamericana y, por ende, las posibilidades del castellano en su expresión poética. Se trata de una crítica que se corresponde con una poesía también engrupida y latera, acostumbrada a demostrar en verso sus lecturas extranjeras sobre la posmodernidad, y enfrascada en la metaliteratura de tal forma que pareciera que la vida queda afuera. Porque aburre leer a poetas que nos dijeron algo alguna vez, repetirse en discursos predecibles, dentro de un uso instrumental de la poesía que consiste en poner en verso sus ideas e ideologías sobre esto y lo otro, coartando el libre curso de la creación. Libros que compendian en verso las lecturas de sus autores; lo digo, pues al leerlos, se hace evidente que hay un pensamiento fijo que los está forzando. Se insiste en determinados tópicos no tanto por necesidad creativa como por el deseo de desarrollar una teorización ya dada. Me refiero a libros que en sus grandiosas ideas y afanes han dejado de conmover.
Por eso es que hoy quiero hablarles de un poeta que desafía precisamente ahí donde existe el engrupimiento de los que hablan desde una idea impostada en vez de hablar desde sí mismos.
Me refiero a Jaime Retamales (Santiago, 1958), poeta que leo desde la publicación de su primer libro, Dominey en la vía Crotona (Pentagrama Ediciones, 1994). Luego le siguieron Dinastía Circense (Red Internacional del Libro, 1998), Long Street (LOM Ediciones, 2003), Desertor (Ediciones Lar, 2003) y ahora último Crack Up (La Calabaza del Diablo, 2010). Desde entonces me ha atraído esa mirada displicente y descreída, a ratos burlona del hablante, que dice desertar de los grandes temas que apasionan, y no de la manera facilista del que simplemente se pone afuera para observar y reír, por cuanto es una poesía consciente de su carcajada, con un hablante seguro de sí que cultiva una arrogancia que no cambiaría pues hacerlo sería negarse. A ratos agresivo y desafiante, crítico, incorregible en su tajante discurso y sentencioso, cuestión que podría no agradar:

Vives como vives
porque así lo deseas
y aunque digas lo contrario
yo me río
pues sé todo de ti
y si me preguntaras
te diría que no puedo responderte
porque así es la ley
que tú has escogido.

(de Dominey en la via Crotona)

De hecho, al principio, secretamente criticaba la postura de Retamales. Me costaba enfrentar una displicencia que tocaba el corazón de mis preciosas ideas construidas. Sin duda, es una osadía escribir una poesía en que el hablante se atreve a ser como quiere ser, y que el resto diga lo que quiera:

“Y de todo esto, nada supe verdaderamente,
por una especie de consecuencia,
falta de lucidez,
o flojera planificada”.

(de Dominey en la via Crotona)

Para muchos, Retamales es un poeta desconocido, y es que su radicación, desde 1990 en La Serena, le apartó de los circuitos literarios de tal forma que ni siquiera se le encuentra en antologías. El año pasado, Arturo Volantines publicó una antología de poesía de la Cuarta Región, donde no hay rastros de él. Y es que Retamales no es políticamente correcto ni menos condescendiente con la politización cultural de la región. En sus libros, descree de los funcionarios de “La idea” -tenga esta el color que tenga- y se oculte o no bajo las caras de la solidaridad y el socialismo, ya que en general, critica la inoculación de las creencias a través de la política, la religión, etcétera, etcétera.

Crack Up

es fácil caer en el engaño
nos sucede a hombres pusilánimes
sentimentales
cuando el oso está en baja
acabamos en apuestas miserables

es fácil caer en la culpa
nos sucede a los antojadizos
apasionados
cuando la valentía se juega en duros roles
impuestos por la falta

es fácil caer en la sensatez y el buen juicio
al lugar de los débiles
a la inacción o lo que es peor aún
a la hipocresía
que mantiene acordes las fachadas

y no es difícil aseverar
el crack up se nos viene encima
a todos sin excepción

y en este mundo despiadado
los tiempos de bonanza acaban
con los bolsillos llenos o vacíos

(de Crack Up)

De sus libros, Crack up es el único que se decide a tocar el tema del amor vinculándolo a un mismo tiempo con las relaciones políticas y sociales, en un revés que pone de manifiesto el fracaso de las ideas dominantes que él no podrá contemplar sin un grado de consternación pero ya no con desesperanza:

Tú escribes y accionas tu pequeña historia
no sabes que un poema
acecha tus movimientos
y sobre el paisaje en que vive tu sueño
guía tu mano para dibujar     
el absurdo que da              todo sentido

Nos apunta el poema
que ligeramente construimos sin saber
y he aquí mi certeza:
si en un minuto ella cambia
el poema es otro.

(“Nos apunta el poema”, fragmento, en Crack up)

Pero no basta con concederle a Retamales el logro de retomar un camino en que el mundo, despojado de inútiles caretas, se muestra crudo y, sin embargo, cotidiano en el despliegue de una poesía escrita desde el cimiento de la libertad. Es preciso, también, que el público tenga esta libertad para despojarse de las ideas y perturbar así los órdenes dados. Singular en el contexto de nuestras letras, y por lo mismo arriesgado, Retamales es, pese a su ocultación, de los más interesantes poetas que vienen publicando últimamente.

Acá una selección de sus poemas:

Movimientos

Antes de la conquista
se mueven las apariencias
como un ejército hambriento

el lobo en las sombras
al unísono
asoma sus colmillos y salta
sobre sus víctimas.



Resonancia nocturna

Entonces pendíamos de la vanidad
sin mayor esfuerzo
se alzaron sucesivos ensayos diarios
esquirlas de una resonancia nocturna

vacíos y funestos trampolines donde vibramos
en un tenue velo de humo ilícito
plagiando en un arco puro
la caricatura de una descripción amable

creyendo la vida a nuestros pies
supuesta a perderse como si nada
insensatos ante la catástrofe.



Rompimiento

Devuélveme mis inútiles objetos
quiero que me devuelvas mis ojos
y la calle donde Massino hizo un poema memorable
y Los Cuatrocientos Golpes de Truffaut
todos mis inútiles objetos

¡uno es el asunto que se escapa de las manos
y uno que se despide!



De algún modo llegamos hasta aquí

De algún modo llegamos hasta aquí
no sabes cuando    pero sucede
de hundir                 las narices
no en un poema          o         libro
sino en la vida que está en todas partes

amantes     sufrientes    aprovechados   
vienen todos sin distinción
en buena hora, en mala hora, a última hora
y nadie sabe cuando           pero de vivir sucede
en las cimas de la desesperación

con ojos cerrados se encienden sus luces
con ojos muy abiertos se apagan
en una vía se encuentran nuestros sentimientos

lejos está la tierra que no elegimos
nuestra desafortunada humanidad
ajena                imposibilitada de descansar
al amparo de los hechos.


Insomne

Un buen sueño te deja       olvidado
de este presente y cansado ayer
pero sabes que la vida suma
el olvido es una intención siniestra

las ideas del mundo aceleran
su paso en otras vidas
como la idea de un poema de todos

pieles al paso de una caravana resisten
llevadas al Guantánamo del silencio

nuestra Madre tiene los ojos enrojecidos
de sufrir            prisionera de otro sueño
llama a detener con las armas del juicio
el fracasado discurso histórico del hombre

mientras bostezo miento a la solidaridad
no me queda tiempo, juro, no me queda tiempo
Tanto sueño urgente me tira al infame lecho
de la reflexión.


Las personas dueñas de sí mismas

Las personas dueñas de sí mismas son todas poetas
aunque no escriban un puto verso

se mueven entre distintas historias
sin disimular su interés o tedio, en el arte de perder: 
ni árbol caído ni sauce frondoso

un tiempo y el sueño de ese tiempo
visto o entrevisto como maravilla o no
igual debe morir y es residuo el poema si lees

las personas dueñas de sí mismas son todas poetas
aunque no escriban un puto verso

se desarman y se arman cuando es necesario
arrojando sus vidas a la vida: 
imperfectas amables e innecesarias.

(todos los poemas anteriores son del libro Crack up)


A la deriva

¿A quién importa si cruzamos la frontera?
En el mar vive nuestra historia
en libros jamás pensados
escrita

Cualquier ocaso es el ocaso
y en tu mano puedes sentir el comienzo y el fin del mundo
en el sagrado refugio de la imaginación
los nuevos pasos

Una nave a la deriva es algo extraordinario
y la pregunta que golpea nuestra mesa
toca su ansioso redoble:
—¿hacia dónde vamos?—

Bello es lo incierto de la navegación
aunque gran parte de nosotros en el fondo yace
También merecí morir pero recé...  sin creer en Dios
y mis oraciones subieron al monte de las Miserias

Todos buscamos la religión
después de los intentos de reparar
a martillazos el viejo mundo

Uno de estos días saldré a cubierta
y con Bernardo Soares en el corazón, les diré:
quien ha cruzado todos los mares
ha cruzado tan sólo la monotonía de sí mismo.

(de Mercante, poemario inédito)

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