30 septiembre, 2010

[Ruido de Fondo de Roberto Echavarren]. Por David Bustos

Roberto Echavarren es un poeta, narrador y ensayista uruguayo y Ruido de Fondo su más reciente libro (Cuarto Propio, En estado de Memoria, 2010). Revisa la presentación que David Bustos realizó con motivo de su lanzamiento.




Presentación: Ruido de Fondo

La poesía de Roberto Echavarren tiene una radicalidad desrealizada, una configuración que elude a una autoridad definida y en eso cifra su ruta trans-tinta. A primera vista Ruido de Fondo podría ser el inconsciente de un discurso oficial. En ese sentido, podríamos hacer el ejercicio de situar este texto dentro de la propia constelación de su publicación y colección de la editorial Cuarto Propio, y me hace gracia esa conmoción. Digamos que se agradece la alteración nerviosa que este libro puede suscitar dentro de la, a veces, plana orientación lineal de la poesía chilena.
Ruido de Fondo también sería El expreso entre sueño vigilia dentro de la obra del propio autor, un fundido de ventisca despegado de la impronta de la poesía de Echavarren. Un texto que elige su viaje y que es viajado a su vez por dualidades que ejercen una antinomia abierta. El ruido como sombra del sonido, como eco distorsionado de la elocuencia. Por ejemplo el poema que abre este texto dice: Pero ese ladrido que no escucho/ es un fondo de sombra que se excava en la sombra. Y luego en el poema El muerto estallar de tus tripas Echavarren refiere: El sonido mal maldito de su linaje real/ Mal maldito porque es ilusión de sentido aliterado.
El ruido de fondo es lo que no se interrumpe, lo que transcurre fuera de foco y que configura el entorno del no lugar. Es decir, perdemos el primer plano para ceder a una cadena de significantes. O es quizás que todo mensaje deja un residuo y ese residuo es el Ruido de Fondo que Roberto Echavarren nos presenta.
El poema Ombligo dice: caminamos por el suelo de conchas rotas,/ se incorpora el ruido del agua,/ la piedra, el anillo retumba en cada frase/ pero los saltos nos llevan a olvidar el sonido.
Nuevamente aparece el sonido, casi como una orientación de la percepción, pero que sin embargo pierde autoridad y referencialidad con la acumulación de otros sonidos que en su simultaneidad devienen en ruido.
Entonces existe acumulación, en las cuales podemos observar antinomias aparentes: el sonido y el ruido, el sueño y la vigilia, sujeto y objeto, consciente e inconsciente, etc.

Encontré la espina del diablo/ pero es como si no estuviera

Me parece interesante que dentro de la indeterminación de estos dualismos aparentes también aparezcan palabras que aluden a la luz; ejemplo, fosfenos: sensación de ver manchas luminosas producto de un estimulo eléctrico o visual. Es decir, residuo visual: Ruido. No sólo hay chisporroteos (auditivos) sino que están sus equivalentes en el puntillismo (visual). Éste suele ocurrir cuando se extrema el zoom y los objetos pierden sus límites, inconfigurados pierden su dimensión totalizadora.

Las manchas detrás de la estructura crean un trasfondo irregular

Esto podría entenderse como si el significante (a la manera de Lacan), rellena en picadillo al significado. Quiero decir una huella ora visual, ora sonora, dentro de un horizonte o campo de privilegios que escapan a sus propios elementos formales. Echavarren dice: vértebras para imantar desde allí las apariencias.
Interesante mencionar dentro de este movimiento de la significación en que se desplaza Ruido de Fondo, el poema Los Nuevos Propietarios, donde el sujeto narra la remoción casual de los restos de su abuelo. Considero este gesto como dentro de lo que yo denomino el campo de la inmaterialidad de los encuentros, ya que se trata de una doble participación de lo ajeno y familiar mediado por lo casual. Singular resulta la descripción del albornoz con capucha de Cronos que irrumpe en el texto y distingue al sujeto. Le da un estilo frente a la muerte; a la vez es llamado cucullatus, es decir una ave extinguida.
Digamos que dentro de ese mismo horizonte de elementos que irrumpen en la lectura del libro, están los Caboclos, que en lengua Tupí significa Indio Muerto o el Mamboretá (insecto macho que pierde la cabeza por la hembra en la copulación); que pueden ser tomados como Ruidos de Fondo en la nota saja Ríoplatense. Como dice José Lezama Lima: como la verdadera naturaleza se ha perdido, hay que inventar una sobrenaturaleza.
Volviendo a la proliferación de los dualismos y su irrupción desde la simultaneidad, vemos que la lengua neobarroca de Echavarren discurre en un nomadismo que se disloca en el placer de la experiencia. El contacto es centrífugo ejerciéndose más bien en un producto de doble invertido que desde su inestabilidad de fuerzas deviene en escritura creadora.
Veamos el poema Inquérito:
Mientras los remeros consultan/ yo también consulto y barajo
Aquí estamos en presencia de dos puertas de entrada. La primera se orienta por vía de las cartas del tarot, Seis de Espadas, carta que muestra a tres personajes en un barca orientándose hacia nuevos rumbos. Y me atrevo a observar que una segunda entrada de esta imagen poética alude a Góngora con el poema de los remeros: Ambas manos en el remo y ambos ojos en la tierra. Las dos puertas de entrada tienen en común el viaje, lo incierto del trayecto.
Pero más bien pareciera que dentro este marco dual, las antinomias aparentes conviven en un mismo movimiento:
Somos otros por definición/ y el estado en que nos encontramos/ no es ni bueno ni malo.
Por lo tanto los principios reales, sexuados, enfrentados, alternos, son singularidades que al desplegarse, más que conformar un todo unívoco, expresan una constelación.
La pregunta sería ¿Y cómo se expresan? Echavarren dice en un verso: Un objeto de luz que arroja luz sobre el conjunto de su trayectoria. Ahí el encanto de esta escritura, la generosidad del despliegue, lo estimulante de la transversalidad del lenguaje en un indeterminado categórico de un habla que ocurre en el trasfondo de la autoridad, lo desautorizado. Como dice el autor: La bocina aguda es un guión,/otra pausa asediada de vidrios rotos.

David Bustos (Santiago, 1972). Poeta. Ha publicado: Nadie lee del otro lado (2001), Zen para peatones (2004), Peces de colores (2006) y Ejercicios de Enlace (2007).

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