13 agosto, 2008

[GUION de Héctor Hernández Montecinos]. Por Víctor Quezada.



GUION de Héctor Hernández Montecinos (1979) es un libro lleno de perspectivas, de lecturas posibles, la misma re-evaluación de sus textos es muestra del carácter impreciso, siempre necesitado de un orden nuevo, necesidad que es sin embargo una intención reconocible de ponerse en duda, al poema y a la poesía. Es una novela malograda, una obra que se escapa, deja de ser un conjunto de poemas por ser un largo poema interminable.


Situación editorial de GUION.


GUION (Lom. 2008) es el título del nuevo libro del poeta chileno Héctor Hernández Montecinos y, en algún sentido, el primero. Este libro recopila, reintegra, funde, reordena (orden que es otra manera del desorden) y selecciona poemas ya publicados en sus tres primeros libros: No! (2001); Este libro se llama como el que yo una vez escribí (2002); y El barro lírico de los mundos interiores más oscuros que la luz (2003), además de integrar una decena de textos que por una u otra razón no fueron incluidos en dichas publicaciones. El claro propósito de esta edición es abrir paso a una nueva posibilidad de lectura de la obra anterior de Hernández, publicada hasta ahora toda bajo sellos editoriales independientes: la reestructuración de un pasado editorial que sirve de antología de su obra en un contexto más institucional ahora que el en que salieron a la luz. Posibilidad de lectura que también se entronca con otro proyecto, el de una obra mayor dividida en tres libros y que se titularía “La Divina Revelación”, de la cual GUION sería su primera parte y el libro COMA (2006), su libro directamente anterior, la segunda; la tercera y última se titularía Y PUNTO.

Historia de la H, la N y la Z.

Se trataría de bordear la novela, en toda su dimensión o una idea de novela, posponerla por supuesto, que otra realización de esa novela no existe: gesto bien tópico el de lo pospuesto, claro; o decir ya lo imposible de una perspectiva fracasada: la novela de vanguardia.
Pablo Palacio en Ecuador, Martín Adán en Perú, Julio Garmendia en Venezuela, Rosamel del Valle en Chile, Felisberto Hernández en Uruguay o Macedonio Fernández en Argentina, todos espíritus jóvenes. Los cuatro primeros autores quisieron volcar una escritura decimonónica por una narración poética y una ilogicidad que fue, a la par de Nadja (1928) de André Breton, el supuesto de trasgresión de una sensibilidad europea en sus generalidades, pero que en Latinoamérica obedece a otro trasunto, otro tipo de malentendido y manifestación fructífera de una discontinuidad: el modernismo y la fundación de las literaturas nacionales. Aquellas escrituras realizadas a finales de la década del 20 bordearon la novela decimonónica poniendo en riesgo toda su configuración, principalmente a través de la manifestación de una postura inestable respecto del conocimiento de un narrador autorial vinculado en última instancia con el poder de toda institución; eran, para su tiempo, la trasgresión necesaria de un mundo ideologizado.
Pero, sin duda, habrá que esperar hasta la década de 1970 para reconocer las realizaciones más finalizadas en términos de una influencia estrictamente narrativa con la publicación definitiva y tanto demorada de El museo de la novela de La Eterna de Macedonio (novela que todavía escribía a los 73 años, hay que ser bien viejo para la vanguardia) y, en Chile, con la reedición de Diez de Juan Emar: comienzo de un redescubrimiento de la crítica literaria de tales realizaciones poniendo énfasis sobre el contexto de recepción latinoamericano de las vanguardias europeas ya entrados en los años 90 en Chile particularmente.
Por estos lugares, la narrativa de Enrique Lihn torpemente intentaba establecer una perspectiva crítico-trasgresora basada en lecturas contextuales latinoamericanas: por ejemplo en El Arte de la Palabra (1980) en el capítulo titulado El gol de la muerte nos narra la graciosa situación de un partido de fútbol entre dos países centroamericanos que luego de un penal mal cobrado se trenzan a golpes produciendo una estampida dentro del campo de juego y, finalmente, una guerra. Este episodio se vincula con el conocido conflicto bélico entre El Salvador y Honduras (ver: La guerra del fútbol .JPG) en el año 1969, detonado –y este es el mito- por un partido de las eliminatorias mundialistas. Ciertamente los conflictos obedecían a discusiones territoriales.
Pero esta pequeña perspectiva histórica debe aterrizarse necesariamente en Juan Luis Martínez y La Nueva Novela (1977) muestra fidedigna de una intención realmente trasgresora en el sentido de las realizaciones de principios de siglo XX y de una lectura estrictamente contextual o alegórica. Es necesario constatar que los presupuestos de esta novela-poema-objeto anclados en las vanguardias históricas tienen también una relación explícita con el desarrollo del nouveau roman francés de mediados de siglo XX con Robbe-Grillet como máximo representante, por cuanto obedecen también a ese espíritu al parecer latinoamericano de adecuación discursiva que desde el modernismo prefigura las figuras fuertes y críticas de Vallejo y Neruda en poesía, o con la narrativa de mediados de siglo (Rulfo, Cortazar, Donoso, Vargas LLosa).
Así en GUION de Héctor Hernández Montecinos, a través de sus tres partes (Historia de la H, Historia de la N e Historia de la Z), se trata de construir un imaginario, un mundo posible como vinculable al Chile de post-dictadura o de la Concertación de partidos por la democracia. Cuestión que va narrando, primero, el dibujo de una ciudad invertida a través de sus personajes marginales, violentados, desplazados, tullidos o monstruosos, a veces diabólicos y nocturnos como Sordomudoniño o María Thalia, donde el sueño y las pesadillas son la realidad indiscutible y, segundo, el camino hacia la destrucción de las generalidades consensuales de la otra cara del mundo: represivo y maquinizado. Dualidad aunque bien tradicional, llena en sus mejores momentos de una fuerza y arrebato como ternura que llaman firmemente la atención.
Este intento por construir un imaginario y narrar un mundo, va de la mano con la clara intención de hablar de una escritura poética en un sentido amplio y que encuentra un correlato con algunas manifestaciones literarias enunciadas ya explícita (La Nueva Novela de Juan Luis Martínez o El museo de la novela de La Eterna de Macedonio Fernández) o implícitamente a través del libro, las que nos hacen vincular estas trazas de escritura, por un lado, con aquella vertiente de la narrativa que significó un fracaso en la historia de la literatura; a saber, la novela de vanguardia, como también con el desarrollo de una narrativa chilena de mediados y finales del siglo XX, y estoy pensando principalmente en Patas de Perro de Droguett, en José Donoso, Mauricio Wacquez o Damiela Eltit. La escritura de Héctor Hernández se sirve de los procedimientos de estas dos vertientes narrativas, hablándonos del sueño como posibilidad de escapar al mundo y trasgredirlo y de aquella imprecisión de los límites entre autor, narrador y personaje que configura a aquellos seres monstruosos, parecidos al Mudito de El Obsceno pájaro de la noche de José Donoso: personaje que se trasviste en vieja y luego en infante para dar cuenta de su terrible soledad / (que es la del feto y la de quien escribe).

Como novela malograda, GUION no deja sin embargo de ser un libro de poesía, un gran libro de poesía amarga y cómica, llena de un sentido del humor descarnado. Que inaugure o no inaugure nada, que sea la poética del siglo XXI, que cancele tal o cual perspectiva generacional, no es tanto un problema de su valor poético como de su valor histórico que siempre estará por verse, las voces entusiastas del profeta parecen desmedidas y quizás no le hagan todo el bien que pudiera merecerse. No obstante, GUION es un mal libro. Cándido, ingenuo, iluso cuando intenta una trasgresión cómoda e infinitamente juvenil de aquellas generalidades de una sociedad cristiana, consumista y capitalista. Parece creer en los presupuestos teóricos del postestructuralismo, parece querer abordarlos críticamente en relación a esa sociedad de las que son supuestos correlatos pero no juega –generalmente- sino a invertirlos, lo que a fin de cuentas es el disimulo de un arriba por el privilegio de un abajo, de un adentro por un afuera, el trabajo sobre un mismo plano conceptual.


1 comentario:

.h.h dijo...

mmmm

mucha cita y referencia a otros autores... mas de 20!

para decir que no le gusto el libro

era mas facil
y necesitaba menos vueltas en el aire

editorial lom le agradece su comentario

yo no

.h.h